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Monseñor Felipe Arizmendi: “No todo está mal”

“Valoremos tantas cosas buenas que hay”

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

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Hay problemas en todas partes; pero también escenas y cosas muy positivas y laudables. Comparto sólo algunas.

Hay familias muy desintegradas, con padres ausentes, fríos y regañones. Sin embargo, disfruté mucho al ver a dos sobrinas nietas, de 8 y 10 años, abrazar a su padre con un profundo cariño, con una gran ternura y confianza, dándole besos y muchas señales de amor, no en forma rápida y fugaz, sino prolongada y gozosa. De igual manera, otro papá, muy trabajador y emprendedor, que por ello debe salir mucho del hogar, se dedica en cuerpo y alma a sus hijos, sobre todo en los fines de semana, yendo con ellos por todas partes y atendiéndoles con cariño y paciencia, junto con su esposa.

Hay mucha deforestación y destrucción de la naturaleza. En el camino a Texcaltitlan, da un dolor profundo ver cuántos árboles se han derribado. Sin embargo, pude apreciar, en los montes de algunos ejidos cercanos al Volcán de Toluca, una gran cantidad de árboles, gruesos y altos, con muchos arbolitos en crecimiento, que no sólo conservan el ozono, sino que generan mucha agua para las poblaciones vecinas. Hay quienes tienen sistemas de explotación de madera que empiezan por la siembra de árboles y cuidan todo su proceso hasta su rentable comercialización.

En los mercados y en las grandes tiendas, hay muchos alimentos conservados con sustancias químicas, que producen cáncer y otras enfermedades. Fui invitado a comer con una familia campesina, y disfruté mucho un huevo, no de granja sino de rancho, asado en el comal, con una tortilla de maíz auténtico, hecha a mano, y unos frijoles recién cortados, más unos hongos naturales del monte, guisados en salsa verde, que sabían a gloria. Nada de carne, ni música estridente, ni celulares. Ni en el mejor restaurante se come tan sabroso.

En varios lugares, se oyen quejas de que la gente ya no va a Misa, que se han alejado de la Iglesia. En otros, sin embargo, los domingos hay una participación numerosa, atenta y ferviente; procuran llegar temprano al templo, para encontrar un lugar adecuado. Dicen que no se aburren, que les sirve la homilía, que se alimentan para la semana. Participan también niños y jóvenes.

Hay escasez de vocaciones sacerdotales en muchas partes. Sin embargo, hay diócesis y congregaciones a las que Dios bendice con un buen número de jóvenes aspirantes al sacerdocio y a la vida consagrada, entre ellos bastantes indígenas, identificados con su cultura originaria, gracias a la oración, a la promoción vocacional y a agentes de pastoral muy entregados en su servicio.

Bastantes personas, con razón, están inconformes con varias decisiones que nuestro actual presidente nacional toma muy en el aire. Sin embargo, promueve cambios importantes, como el combate a la corrupción, la búsqueda de equidad social, la atención a jóvenes, migrantes y pobres, la austeridad gubernamental.

PENSAR

El Papa Francisco, en su Exhortación Evangelii gaudium, afirma: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado” (2).

“Reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias” (6). “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse. De maneras variadas, esas alegrías beben en la fuente del amor siempre más grande de Dios que se nos manifestó en Jesucristo” (7).

“La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás… La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas… Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (10).

ACTUAR

Hagamos lo que más podamos para atacar los problemas que hay en nuestras familias, en las comunidades y en el país. Pero valoremos tantas cosas buenas que hay. No seamos pesimistas por sistema, sino que, con la gracia del Espíritu Santo, sepamos tanto advertir la cizaña que no falta, como apreciar el trigo que crece por todas partes.

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