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Paneles en el exterior del edificio en donde se desarrolló en Roma la asamblea de la FAO

Observador del Vaticano en la FAO: eliminar el hambre exige un esfuerzo de todos los sectores

El observador permanente de la Santa sede, Fernando Chica, indica cómo se desarrolló la cumbre en Roma

(ZENIT – Roma, 13 Jul. 2017).- Valorizar la agricultura fue el leitmotiv de la 40º sesión de la conferencia de la FAO que se realizó en Roma, del 3 al 8 de julio pasado. Lo indica el diplomático de la Santa Sede, Fernando Chica Arellano, observador permanente ante la FAO (Food and Agriculture Organization), ente de las Naciones Unidas que se ocupa de desarrollo agrícola y de la consecuente lucha contra el hambre.

Partiendo de los datos del hambre y la desnutrición del mundo, sin olvidar ni siquiera a los 500 millones de obesos, el sacerdote español reconoce en un artículo publicado por el diario L’Osservatore Romano, que “la nota final de la conferencia de hecho es amarga: existe el convencimiento de que si nos quedamos en la actual situación, eliminar el hambre dentro del 2030 se vuelve una empresa imposible”.

Entretanto precisa que la meta es la fijada por la comunidad internacional en la agenda 2030 de desarrollo sostenible. Si bien consideró que cumplirla requiere una “alianza concreta por parte de todos los actores que pueden realizar iniciativas junto a las de los Estados: el sector privado, la sociedad civil, toda forma de organización, las religiones y las iglesias”.

Por lo tanto asegura que “para alcanzar esta meta es necesario prever estrategias capaces de no excluir ninguna relación entre donantes y ninguna componente entre los beneficiarios”.

Precisa además que es necesario “programar una forma sostenible de producción agrícola acompañada de la capacidad de elaborar y poner en acto respuestas adecuadas, no sólo en relación al uso de las tierras, de los recursos agrícolas, forestales y marítimos, del agua, su producción y comercialización, sino la continuidad de la vida de las personas y de todas las comunidades”.

En cambio por lo que se refiere al desperdicio de alimentos, indicó que el tema “se desplaza a los modelos de consumo y los estilos de vida”, con directas implicaciones de orden ético. Y de aquí que “el empeño individual y colectivo sea el único camino que se puede seguir”.

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