Por el padre John Flynn, L. C.

ROMA, domingo 3 de abril de 2011 (ZENIT.org). – Un reciente informe publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada hace un recorrido de la persecución que sufren los cristianos en muchos países. Considera de modo especial la situación, verdaderamente difícil, en los países de Oriente Medio.

En el prólogo al informe “¿Perseguidos y olvidados? Un informe sobre los cristianos oprimidos por su fe: edición 2011”, el Patriarca Latino de Jerusalén, el arzobispo Fouad Twal, comentaba que “Calvario no es un nombre que pertenezca sólo a la arqueología y a la antigüedad”.

“Es una realidad contemporánea que describe, en diferentes grados, el sufrimiento de muchas iglesias en Oriente Medio en las que ser cristiano significa aceptar que debes hacer un gran sacrificio”, añadía.

En la introducción, el autor del informe, John Pontifex, presentaba el contraste entre lo que él llama la brutalidad a sangre fría que sufren los cristianos con la indiferencia de Occidente.

“Esta falta de reconocimiento de los crímenes contra el cristianismo no podría ser más trágica, al tener lugar en un momento en el que en países clave la violencia y la intimidación de los fieles ha empeorado de modo manifiesto”, comentaba.

Pontifex indicaba que hay una oleada de violencia en aumento en muchos países musulmanes. Lo atribuía en parte al hecho de que los cristianos sean una especie de víctimas por sustitución de los islamistas radicales, que, de este modo, dan cauce a su hostilidad hacia Occidente.

También es un deseo expresado por algunos extremistas, señalaba Pontifex, el hacer desaparecer completamente el cristianismo de sus naciones.

Ataques

El informe examina cerca de 30 países. Egipto es el país con la población cristiana más grande de Oriente Medio, con cerca de 10 millones. Esta cifra tan elevada no ha evitado la oleada de actos violentos contra ellos de los últimos años.

Ha habido incidentes graves como los disparos de enero de 2010 en la Misa de Navidad copta ortodoxa de medianoche, y la explosión de un coche bomba en el exterior de la Iglesia de los Santos, una iglesia copta ortodoxa en Alejandría en enero de este año.

El informe observaba, además, que la conversión al cristianismo todavía está prohibida por la ley, a pesar de que la constitución garantiza la libertad de creencia y religión.

A pesar de las dificultades legales debidas al hecho de que los convertidos no pueden conseguir el cambio en sus documentos de identidad que refleje su nuevo estatus, Ayuda a la Iglesia Necesitada reconocía que el número de conversiones está aumentando.

Otro problema que sufren los cristianos en Egipto es que se les niegan los permisos para construir nuevas iglesias, o renovar las existentes. La obtención de un permiso oficial para una nueva iglesia puede requerir hasta 30 años y es necesaria la aprobación personal del presidente.

Pasando a Argelia, el informe señalaba que en los últimos tiempos ha habido un aumento de casos ante los tribunales y actos de intimidación contra cristianos convertidos, que se basan en acusaciones de proselitismo que, supuestamente, son una violación de la constitución.

Aunque el Islam es la religión oficial del estado, Ayuda a la Iglesia Necesitada indicaba que la constitución también defiende el derecho a libertad de pensamiento y de práctica religiosa, dentro de determinadas limitaciones.

Uno de los problemas en Argelia es que el 95% de los cristianos del país son extranjeros. Como resultado, son vistos como extraños y suelen suscitar suspicacia.

En Irán, aunque el estado reconoce el cristianismo, su estatus legal es precario, indicaba el informe. Los miembros de las minorías religiosas son, de hecho, ciudadanos de segunda clase. Además, no se les permite extender sus creencias o manifestarlas fuera de los lugares de culto.

La situación legal de la Iglesia católica era afrontada por el Papa Benedicto XVI en una carta dirigida en noviembre del año pasado al presidente Mahmoud Ahmadinejad. El Papa pedía dialogar sobre el estatus de la Iglesia en Irán.

Conversiones

La apostasía, o renuncia al islam, está prohibida por ley y cuando la información de las conversiones se hace pública tiene lugar el arresto de cristianos o se ataca a las iglesias.

Según informes recientes el número de cristianos asirios nativos ha disminuido de cerca de 100.000 a mediados de los setenta hasta 15.000 en la actualidad.

Irak es otro país en el que el número de cristianos ha disminuido notablemente. Según Ayuda a la Iglesia Necesitada, los obispos del país estiman que el número ha descendido de casi 900.000 hasta menos de de 200.000.

El éxodo ha aumentado aún más tras el ataque del 31 de octubre de la catedral siro católica de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad, y la masacre de al menos 52 personas.

Según el informe, entre 2003 y 2010 se cree que más de 2.000 cristianos han sido asesinados por la violencia, siendo la mayoría objetivos por causa de su fe.

La población cristiana de los territorios de Tierra Santa también ha disminuido drásticamente. El informe explicaba que cuando el Papa los visitó en mayo de 2009, el arzobispo Fouad Twal, patriarca latino de Jerusalén, publicó estadísticas que mostraban que los cristianos palestinos de Jerusalén habían disminuido desde un 52% en 1922 hasta menos del 2% de hoy.

Si continúa la tendencia, añadía, la cifra actual de 10.000 podría quedarse en la mitad en una década. Señalaba que, del mismo modo, los cristianos de Belén han descendido desde el 85% de la población en 1948 hasta el 12% en el 2009.

Además, el informe afirmaba que el gobierno israelí ha hecho más difícil que los sacerdotes, religiosos y seminaristas extranjeros consigan visas. Y las visas ahora sólo son válidas para un año en vez de para dos.

Los cristianos se enfrentan también a dificultades en las zonas bajo la Autoridad Nacional Palestina, tanto en Cisjordania como sobre todo en la Franja de Gaza. Desde que Hamas tomó el control de Gaza en junio de 2007, se ha presionado a los cristianos para se sometan a las prácticas musulmanas como el que las mujeres cubran su cabeza en público.

Los hogares y tiendas cristianos y las iglesias han sido atacadas casi a diario, añadía el informe.

Muerte

El informe no se limita en modo alguno a Oriente Medio. Más lejos, en Afganistán, describía cómo en el verano de 2010 un grupo de antiguos musulmanes tuvo que huir a la India tras ser condenados a muerte como consecuencia de su conversión al cristianismo.

En general, en el último año ha habido un dramático deterioro en la actitud hacia los no musulmanes, que ha hecho que los cristianos intenten pasar desapercibidos para evitar ser acusados de proselitismo. Desgraciadamente, según el informe, la situación es probable que empeore aún más.

El vecino Pakistán es otra cuna de hostilidad hacia los cristianos. Muchos de los problemas nacen de la ley contra la blasfemia.

Las ofensas contra el Corán reciben la sentencia de cadena perpetua y los insultos contra el profeta Mahoma se castigan con la pena de muerte. El informe citaba datos de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Iglesia Católica, que afirman que entre 1986 y 2010 ha habido 210 acusaciones contra cristianos.

La gente utiliza la acusación de blasfemia también como una excusa para venganzas personales. Según el informe, desde el 2001 al menos 50 cristianos han sido asesinados por quienes utilizan las leyes contra la blasfemia como pretexto.

Indonesia es un país que ha sufrido el aumento del fundamentalismo islámico desde el 2009, señalaba el informe. En los últimos tiempos ha habido múltiples actos de violencia, desde la quema y destrucción de iglesias hasta la cancelación por parte de las autoridades de los servicios de la Pascua ante la presión de los extremistas.

De las 32 provincias del país, Aceh es la única completamente gobernada por la ley islámica – la Shariah. No obstante, el informe indicaba que las autoridades de 16 provincias han aprobado leyes inspiradas en la Shariah.

El informe se ocupa también de otros países desde Corea del Norte a Cuba y Venezuela. Sin embargo, proporciona evidencia clara de que los cristianos se enfrentan a una amenaza muy real de los extremistas musulmanes, algo que recibe poca atención, y ninguna solución.

Indonesia: el Islam moderado en el punto de mira de los integristas

ROMA, lunes 21 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- El fantasma del terrorismo islámico vuelve a agitar Indonesia. Las fuerzas de seguridad han interceptado en días pasados, cuatro paquetes bomba destinados a otras tantas figuras de renombre de la sociedad de Indonesia. Sólo uno de los paquetes explotó, cuando algunos policías trataron de desactivar la bomba. En la explosión, un oficial de policía perdió una mano.

La última bomba fue desactivada el pasado jueves 17 de marzo por los artificieros del grupo de fuerzas especiales “Gegana” de la policía indonesia, en las cercanías de la casa y del estudio de grabación del músico Ahmad Dhani, en Pondok Indah, un barrio de las afueras de la capital Yakarta.

La bomba enviada al productor estaba escondida dentro de un libro titulado “Yahudi Militan”, o sea “judío militante”. Como revela el Australian Associated Press (17 de marzo). El músico, que tiene un abuelo judío, se destaca por ser un defensor a ultranza de la libertad religiosa en el archipiélago.

También es destacable la elección de los destinatarios de los otros tres libros-bomba, expedidos el 15 de marzo. Uno de ellos es el general Gories Mere, ex dirigente del Densus 88 (servicios antiterroristas indonesios) y actual responsable de la a agencia antidroga de Yakarta. Los otros dos son Yapto Soerjosumarson, jefe del Pancasila Youth Movement y Ulil Abshar Abdhalla, presidente y co-fundador del Jaringan Islam Liberal (JIL o Liberal Islam Network), ambos destacados por su compromiso a favor de una sociedad abierta y tolerante en Indonesia.

El Pancasila Youth Movement tiene como objetivo difundir entre los jóvenes el pensamiento del llamado “Pancasila”, es decir cinco principios sobre los que se funda el Estado Indonesio post-colonial y el Partido Democrático (Partai Demokrat), del que forman parte el presidente Susilo Bambang Yudhoyono (conocido por las siglas SBY) y también Ulil. La ideología del Pancasila promueve por ejemplo la unidad, la justicia social y la tolerancia religiosa entre los varios componentes o estratos de la sociedad indonesia.

El Liberal Islam Network, que une a varios grupos moderados, trabaja -como se lee en su página web- por “la mayor difusión posible” de una “lectura liberal” del Islam en Indonesia. La “misión” del JIL es crear “espacios abiertos” para el diálogo con otras comunidades religiosas (incluso la secta musulmana de los ahmadiyya o Ahmadi) “promover la creación de una estructura social y política justa”.

Según los expertos indonesios, la técnica de esconder los explosivos en el libro -un “modus operandi” usado además el pasado noviembre por un grupo terrorista griego -indica un vínculo más que probable con la red terrorista de la Jemaah Islamiyah (JI), vecina a Al Qaeda, que en una serie de atentados en el 2006 en Poso, en el Sulawesi Central, recurrió a la misma táctica.

Según Taufik Andrie, director de investigación del Institute for International Peace Building, “hay casi 20 personas que pueden fabricar trampas explosivas como esta”. Durante el conflicto (en Poso), había centenares de estudiantes. Pudieron volver a casa habiendo enseñado estas técnicas”, declaró (The Jakarta Globe, 18 marzo). De la misma opinión es el actual jefe del departamento antiterrorista Ansyaad Mbai. “Esta es exactamente la misma bomba que fue usada en 2006 en Poso”, dijo a la emisora radiofónica Elshinta (AAP, 16 marzo).

Por su parte, el jefe espiritual de la JI, Abu Bakar Ba’asyir, cuyo movimiento pretende unir en un mismo estado islámico o califato a todas las regiones de mayoría islámica del sudeste asiático (incluso el sur de Filipinas y Thailandia), rechaza toda participación. Según el clérigo, actualmente procesado en Yakarta, los libros-bomba fueron «fabricados» con el propósito de incriminarle (The Jakarta Post, 17 marzo).

Todos concuerdan en que los paquetes bomba enviados a exponentes moderados constituyen una señal preocupante. El título del “libro” (del único que explotó) enviado a Ulil deja pocas dudas sobre las verdaderas intenciones de los terroristas. “Deben ser asesinados por sus pecados contar el Islam y los musulmanes”, dice el título traducido del indonesio, palabras que no son absolutamente subestimadas. Como recuerda el  Jakarta Post (17 marzo), ya en 2003 los extremistas islámicos declararon la sangre de Ulil como “halal”, indicando que podía ser asesinado de esta forma.

“Esta no es sólo una amenaza contra el Liberal Islam Network. Esta es una amenaza contra nuestra sociedad pluralista”. Dijo sobre los sucedido otro co-fundador del JIL, Luthfi Assyaukanie (The Jakarta Post, 17 marzo). La campaña fue condenada por Azyumardi Azra, de la Syarif Hidayatullah State Islamic University (la primera universidad islámica de Indonesia). “Las amenazas de bomba no frenarán al desarrollo del pensamiento islámico”, declaró a su vez el estudioso. Defendiendo la misión de los liberales estaba también otro exponente moderado, Mohamad Guntur Romli, ex miembro del JIL. “nosotros defendemos los derechos de las minorías, incluso de los ahmadiyya. Y condenamos sólo a un grupo: los que comenten violencia”.

Mientras algunos sostienen que la campaña terrorista está “motivada políticamente”, entre los que destacar al mismo Ulil y también al director de la ONG Imparsial, Poengky Indarti (The Jakarta Post, 18 marzo), también hay que tener en cuenta que esto sucede en un trasfondo de creciente intolerancia religiosa en el país musulmán más pobñado del mundo. Mientras que el pasado 18 de febrero una turba enfurecida de musulmanes destruyó, en Temanggung (provincia de Java Central), varios objetivos cristianos, el principal objetivo de la violencia sectaria es la minoría musulmana de los ahmadiyya, considerados “apóstatas” y “herejes” (para los Ahmadi, Mahoma no fue el último profeta). El pasado 6 de febrero, casi 1.500 personas armadas con barras de hierro y machetes asaltaron la casa de un jefe de este grupo en el pueblo de Cikeusik (en la provincia de Banten, extremo oeste de Java), asesinando a tres personas (ZENIT, 8 febrero).

En las últimas semanas, varias regiones indonesias han prohibido a los ahmadiyya, Samarinda (provincia de Borneo Oriental) y Bogor (provincia de Java Occidental) (AsiaNews, 5 marzo). Ya en 1980 y después en 2008, el Consejo Indonesio de los Ulema (MUI) emitió una “fatwa” contra la minoría y exponentes considerados moderados como Hajj Hasyim Muzadi, pidieron recientemente la “tolerancia cero” contra ellos. “Si son reacios a cambiar su doctrina, mejor que sean expulsados del Islam y declarados una nueva secta que no tenga nada que ver con el Islam”, dijo (AsiaNews, 2 marzo).

Indonesia, por otra parte, no es el único país musulmán del mundo donde las voces moderadas arriesgan la vida. Militantes del grupo fundamentalista Boko Haram (significa “la educación occidental es ilícita [haram]”), asesinaron el domingo 13 de marzo en la capital del Estado de Borno (Nigeria Nordoriental), Maiduguri (o Yerwa), al imán Ibrahim Ahmed Abdullahi. En muchas ocasiones el clérigo islámico había denunciado el extremismo y la violencia sectaria en su país. Como recuerda el Washington Post (13 marzo), en 2009 Abdullahi había pedido a las autoridades que pusieran fin a las actividades del grupo, conocido como los “talibanes de Nigeria”. Según el International Crisis Group (ICG, con sede en Bruselas), los enfrentamientos de carácter étnico-religioso han provocado desde 1999 a 2009 más de 14.000 víctimas en el país africano más poblado.

Por Paul De Maeyer. Traducción del italiano por Carmen Álvarez