(ZENIT Noticias / Bogotá, 12.09.2026).- Colombia está movilizando recursos públicos y privados para reparar uno de los santuarios católicos más conocidos del país, luego de que un terremoto dañara su cúpula, a pocos días de que miles de peregrinos se congregaran para la fiesta anual del Señor de los Milagros de Buga.
Durante una visita a la región del Valle del Cauca el 5 de septiembre, el presidente colombiano Abelardo de la Espriella anunció una asignación inicial del gobierno de 1.200 millones de pesos, aproximadamente 320.000 dólares, para la restauración de la Basílica Menor del Señor de los Milagros en Buga. Indicó que el gobierno también está trabajando con el sector privado para recaudar otros 5.000 millones de pesos, o alrededor de 1,6 millones de dólares, para la reconstrucción y reparación integral.
La basílica resultó dañada por el terremoto del 10 de agosto, particularmente en su cúpula. Por razones de seguridad, las misas dentro de la iglesia han sido suspendidas. La liturgia se está celebrando actualmente en la plaza central del pueblo, transformando una interrupción extraordinaria en una expresión muy visible de la continuidad del culto público.
La restauración deberá cumplir con requisitos que van más allá de las reparaciones comunes de edificios. La basílica está legalmente designada como patrimonio cultural, lo que significa que los trabajos de restauración deben ser supervisados por el Ministerio de Cultura de Colombia.
De la Espriella afirmó que el Estado está comprometido con la protección de “los símbolos espirituales del pueblo colombiano”, y describió la restauración como un esfuerzo por honrar al Cristo Negro de Buga y defender un símbolo de fe y espiritualidad de profundo significado para los colombianos.
El momento en que ocurrió el terremoto le otorga una urgencia particular a los daños. La fiesta del Señor de los Milagros se celebra en Buga el 14 de septiembre y tradicionalmente atrae a miles de peregrinos. Por lo tanto, el terremoto ocurrió justo cuando la ciudad se preparaba para una de sus reuniones religiosas anuales más importantes.
Sin embargo, el centro de devoción del santuario se salvó de los peores daños. En un video publicado en Facebook, el padre Alcides de Jesús Orozco, rector de la basílica, explicó que, si bien la iglesia principal permanece cerrada, la sección donde se encuentra la imagen de Cristo entronizado no sufrió daños y permanece accesible para los fieles.
Ese detalle es significativo porque la historia de la devoción de Buga es inseparable de la imagen misma. El Cristo crucificado, tradicionalmente conocido como el Cristo Negro por su tez oscura, ha convertido a la basílica en un importante destino para los peregrinos colombianos. La distinción entre la estructura dañada y el espacio de devoción intacto también significa que, incluso mientras se realizan las obras de restauración, los fieles no se han separado por completo de la imagen que ocupa el corazón del santuario.
Por ahora, sin embargo, la basílica sigue sin poder acoger misas en su interior principal. La plaza central se ha convertido en el escenario provisional para la celebración eucarística, mientras ingenieros, autoridades culturales, funcionarios eclesiásticos y posibles donantes privados se enfrentan a la tarea de determinar cómo devolver el santuario a su uso normal de forma segura.
El desafío inmediato es, por lo tanto, tanto práctico como simbólico. Colombia ha comprometido los primeros 1.200 millones de pesos y busca varias veces esa cantidad de fuentes privadas. Pero más allá de las cifras se encuentra una restauración más compleja: reabrir un lugar sagrado sin comprometer ni su integridad estructural ni la tradición devocional que ha convertido a Buga en uno de los destinos de peregrinación más importantes del país.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.



