VER
Un periódico nacional hizo una encuesta reciente sobre la confianza que los mexicanos tenemos en nuestras instituciones. Con todas las salvedades y limitaciones que tienen esas encuestas, es interesante el resultado. Esta es la puntuación obtenida, sobre 100, a la pregunta sobre en quiénes confían más los ciudadanos: Iglesia, 54; Ejército, 52; Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 35; Instituto Nacional Electoral, 34; Gobierno, 27; Congreso de la Unión, 24; Suprema Corte de Justicia de la Nación, 24; Policía, 20; Partidos Políticos, 16.

Es decir, de cada 100 encuestados, 54 tienen confianza en la Iglesia. Esto nos alegra y nos da un sano orgullo. Pero hay que tomar en cuenta que, a pesar de que nuestra Iglesia es la mejor calificada, y por tanto la que obtiene más confianza, en los últimos meses perdió dos puntos, y 43 de cada 100 dicen no confiar en ella.

Lo más indicativo es que sólo 16 de cada 100 confían en los partidos políticos; son los peor calificados. En fechas recientes, perdieron nueve puntos. De cada 100, hasta 82 dijeron tenerles poca o ninguna confianza, quizá porque son los más hablan, pero no son honestos y veraces. La mayoría no confía en los políticos, y son ellos los que guían al país.

Todas las instituciones hemos perdido puntos. El mismo Presidente de la República ha bajado en su aprobación por parte de los encuestados. Esto nos debería llevar a un humilde examen de conciencia; pero a algunos esto les tiene sin cuidado. Se justifican a sí mismos con muchas ideologías, en vez de escuchar qué nos dice Dios en esta voz del pueblo.

PENSAR
El Papa Francisco dijo a los obispos de República Dominicana: “Sé de sus esfuerzo y preocupaciones por afrontar adecuadamente los graves problemas que afectan a nuestros pueblos, tales como el tráfico de drogas y de personas, la corrupción, la violencia doméstica, el abuso y la explotación de menores o la inseguridad social. Desde la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, toda acción de la Iglesia Madre ha de buscar y cuidar el bien de los más desfavorecidos. Todo lo que se haga en este sentido, acrecentará la presencia del Reino de Dios que ha traído Jesucristo, al mismo tiempo que da credibilidad a la Iglesia y relevancia a la voz de sus pastores” (28-V-2015).

En un sentido semejante, expresó en su Exhortación sobre Alegría del Evangelio: “A pesar de toda la corriente secularista que invade las sociedades, en muchos países -aun donde el cristianismo es minoría- la Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública, confiable en lo que respecta al ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados. En repetidas ocasiones ha servido de mediadora en favor de la solución de problemas que afectan a la paz, la concordia, la tierra, la defensa de la vida, los derechos humanos y ciudadanos, etc.” (EG 65).

ACTUAR
Como ha dicho hace poco el cardenal Norberto Rivera Carrera, nuestra Iglesia no busca el aplauso del mundo, ni pretendemos agradar al público, cediendo a sus modas y caprichos. El Evangelio es inmutable y no lo podemos alargar o encoger según los gustos de las mayorías. No somos dueños de la Palabra de Dios, sino servidores de la misma, para iluminar a nuestro pueblo con el camino que Dios mismo nos ha señalado.

Sin embargo, con nuestras actitudes hemos de demostrar que el predominio en la vida de quienes formamos la Iglesia, han de ser el amor, la misericordia, la comprensión, la escucha, la sencillez, la austeridad, el servicio a la comunidad, el respeto a los diferentes, la atención bondadosa a los pobres, la denuncia de las injusticias, la promoción de la paz y la reconciliación en las comunidades. Es el camino de Jesús, que será aceptado de corazón por los sencillos, pero criticado y rechazado por quienes tienen el centro de sus vidas en el dinero, en la ambición del poder, en el disfrute desordenado de la sexualidad, en la idolatría de sí mismos.

Lo que genera confianza en las instituciones es la verdad y la justicia, la honestidad y el servicio, la sencillez y la eficiencia, el respeto, la solidaridad, el amor.

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