Esta Convención, aclara el diario oficioso vaticano, en su edición en italiano, «podría ser la primera en alcanzar la meta de una ratificación universal por parte de los 177 países que forman parte de la Organización Internacional del Trabajo» (OIT).

Con la adhesión de Kirguistán, anunciada en Ginebra este lunes, la Convención 182, adoptada por unanimidad en 1999, ha alcanzado 150 ratificaciones. «Ninguna convención de la OIT había sido ratificado por tantos países en tan poco tiempo», añade «L'Osservatore Romano»

La Convención ofrece una base legal para la acción nacional contra las peores formas de trabajo infantil y, en particular, contra las que debilitan la salud física o psicológica de los menores de edad, así como el bienestar de los niños y adolescentes. También combate actividades ilegales como la prostitución, la pornografía y el tráfico de drogas.

Un reciente informe de la OIT considera que 246 millones de niños y adolescentes (uno de cada seis en edad entre 5 y 17 años) son obligados a trabajar en el mundo. De estos, 179 millones son empleados en las peores formas de trabajo infantil.