(ZENIT Noticias / Mónaco, 02.04.2026).- El Principado de Mónaco tuvo el placer de recibir al Papa León XIV el sábado 28 de marzo de 2026. Fue un acontecimiento excepcional y sorprendente ya que ningún papa había visitado el principado en poco más de 500 años. Tras esta visita, Zenit recogió las primeras impresiones del Arzobispo Dominique-Marie David, quien ha dirigido la iglesia católica Mónaco durante seis años y expresó «la alegría, la gratitud y la felicidad de haber podido vivir un momento tan importante».
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Zenit: ¿Cómo marca esta visita sin precedentes del Papa León XIV a Mónaco, en la historia del Principado?
Obispo Dominique-Marie David: La visita del Santo Padre fue, sin duda, un acontecimiento sin precedentes. Si bien los historiadores nos dicen que el Papa Pablo III vino por casualidad en el siglo XVI, principalmente por razones diplomáticas y políticas, nunca antes se había producido un viaje apostólico a Mónaco en tiempos modernos. Por lo tanto, la reacción inicial fue de sorpresa: sorpresa para todos los monegascos, los periodistas, nuestros vecinos y para los principales países que quizás esperaban ser visitados antes que Mónaco.
También gratitud, reina suprema. Alegría, aprecio y felicidad de haber vivido algo verdaderamente especial. «Hemos vivido un momento excepcional que pasará a la historia»: estas palabras han estado en boca de todos estos últimos días. Y percibimos que van más allá de un simple momento de euforia, entusiasmo o orgullo desmedido.

Zenit: ¿Cuáles fueron los momentos más memorables del día?
Obispo David: Si bien hubo cuatro eventos distintos, fue el conjunto lo que causó mayor impresión. El primer momento fue la visita de cortesía del Papa al Príncipe y su familia. Desde el balcón del palacio, el Príncipe Alberto II pronunció un emotivo discurso, recordando la identidad católica de Mónaco y cómo la fe moldea nuestra forma de vida, incluyendo nuestro gobierno. A su vez, el Papa se dirigió a toda la población, reflexionando sobre cuál podría ser la vocación específica de Mónaco.
A continuación, tuvo lugar un encuentro más íntimo en la catedral con sacerdotes, monjes y monjas, figuras clave de la Iglesia local y algunos colaboradores institucionales. Allí, durante un momento de oración, el Papa pronunció una profunda homilía espiritual, invitándonos a fundamentar nuestra fe en Cristo. Posteriormente, se dirigió en el papamóvil a la plaza frente a la iglesia de Santa Devota, donde se reunió con jóvenes y catecúmenos para un momento de oración, reflexión y testimonios.

Finalmente, el día concluyó con la Misa en el Estadio Luis II, una experiencia conmovedora de devoción popular. Muchos describieron la celebración como familiar, alegre y profundamente emotiva. Nos complació dar la bienvenida a nuestros amigos de diócesis vecinas, tanto francesas como italianas. Nos alegró abrir no solo las puertas del estadio, sino también nuestros corazones a todos los que vinieron a compartir nuestra alegría en este momento tan especial.
Estas cuatro secuencias, cada una a su manera, reflejaron fielmente la esencia de nuestro país y de nuestra Iglesia, y sin duda arrojaron nueva luz sobre el Principado. Claramente, este día contribuyó a cambiar algunas percepciones —a veces caricaturizadas— de Mónaco y a comprender mejor el corazón de nuestro país.

Zenit: ¿Qué conclusiones podemos sacar de esta visita? ¿Hay algún hilo conductor en las palabras del Papa?
Obispo DM David: Todavía no he tenido tiempo de profundizar en los detalles de los discursos del Santo Padre. ¡Apenas hemos salido del evento y ya estamos inmersos en la Semana Santa! Sin embargo, me parece que el Papa, en intervenciones muy estructuradas y complementarias, abordó muchos temas esenciales. Primero, dedicó tiempo a fortalecer nuestra fe, reorientándonos hacia la persona de Cristo. También demostró una profunda comprensión de nuestra identidad. En varias ocasiones, enfatizó que la fe no es simplemente una herencia que se debe preservar, sino un llamado a la misión vinculado a una responsabilidad al servicio de la paz y la justicia.
Un punto importante: nos encomendó la misión de transmitir la belleza de la doctrina social de la Iglesia. No negó que viviéramos en una posición privilegiada, donde la comodidad y la riqueza eran palpables, pero nos invitó a profundizar en el concepto de redistribución y a abrirnos al compartir y la solidaridad. Incluso utilizó imágenes muy evocadoras para definir la misión que nos encomendó: ¡que Mónaco fuera una «ventana de esperanza» y un «laboratorio de solidaridad»! Personalmente, no esperaba que el Santo Padre nos confiara una misión tan maravillosa.

Zenit: En Mónaco, la religión católica es la religión oficial del Estado. ¿Cómo se reflejan los valores cristianos en la sociedad monegasca?
Obispo DM David: Sobre este tema también, el Papa nos ha dejado reflexiones que nos ayudarán a seguir adelante. Debemos ser conscientes del tesoro que llevamos dentro, pero sobre todo, estar dispuestos a compartirlo con humildad. No debe ser una mera reliquia del pasado, sino que debe nutrir nuestras decisiones, nuestro estilo de vida, nuestra manera de pensar.
La misión de la Iglesia de Mónaco no es esgrimir los principios de la Iglesia Católica, sino presentarlos con pedagogía y benevolencia, para comprender mejor qué la motiva e inspira, al tiempo que se garantiza la coherencia de su compromiso. A lo largo de su visita, el Santo Padre demostró la sabiduría pastoral necesaria para integrar los elementos esenciales de la ecología integral, la justicia, la paz, la dignidad humana, la atención a los más débiles y pobres, y el respeto por la vida desde la concepción hasta la muerte natural, temas que mencionó en varias ocasiones durante el día.

Al vincular estos puntos centrales, nos recordó que «todo está conectado». La característica singular del Principado de Mónaco es que no existe una división fundamental entre la Iglesia y las instituciones del país y del Estado. Y, habiendo tenido el placer de colaborar con todos los actores clave del país para la visita del Santo Padre, esperamos continuar por este camino y cosechar juntos sus beneficios.
Zenit: Entonces, ¿qué resultados concretos espera para la Iglesia de Mónaco después de esta visita?
Obispo DM David: ¡Ahora queda mucho por hacer! Necesitaremos tiempo para reunirnos, trabajar, compartir nuestras experiencias y las enseñanzas del Papa León XIV. En el futuro inmediato, celebraremos la Semana Santa y la Pascua, pero sin duda, en un futuro próximo, buscaremos integrar concretamente los mensajes del Papa en nuestra vida personal, eclesial y nacional.
Como pastor de la Iglesia de Mónaco, espero que la visita del Papa, su presencia, sus discursos y sus intervenciones influyan profundamente en las mentes, los intelectos y los corazones, y nos permitan continuar con entusiasmo nuestro camino de fe y esperanza, siguiendo a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida, con el corazón abierto al mundo. Continuaremos nuestra labor de evangelización para que, más allá de una sólida identidad católica, la novedad del Evangelio sea acogida con mayor facilidad. Asimismo, acompañaremos a las parroquias en su conversión pastoral y misionera. Estemos atentos a las necesidades de quienes nos rodean. Finalmente, espero sinceramente que podamos encontrar muchos puntos de aplicación concretos no solo en los ámbitos de la misión, la acogida de catecúmenos y de las generaciones más jóvenes, sino también en la solidaridad y en nuestra lucha por la justicia y la paz, basando todo ello en una profunda vida de amistad con Cristo y en una mayor comunión fraterna.
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