catedral de la Inmaculada Concepción de La Plata, en Argentina

Catedral argentina vence como la iglesia más bella del mundo: estas son las otras finalistas

El certamen, impulsado por la cuenta @documentales_de_bolsillo, convocó a miles de personas a elegir sus catedrales favoritas mediante votaciones en la red social

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(ZENIT Noticias / Guadalajara, 07.09.2026).- La catedral de la Inmaculada Concepción de La Plata, en Argentina, se consagró campeona del Mundial de Catedrales: una competencia virtual organizada a través de Instagram que enfrentó a reconocidos templos de distintas partes del mundo. En la final, el templo platense se impuso ante la catedral de Florencia, Italia, con el 93% de los votos.

El certamen, impulsado por la cuenta @documentales_de_bolsillo, convocó a miles de personas a elegir sus catedrales favoritas mediante votaciones en la red social. La catedral platense tuvo un recorrido destacado y dejó en el camino a algunos de los templos más reconocidos de Europa, entre ellos Notre-Dame de París, el Duomo de Milán y la catedral de Colonia.

La definición frente al templo florentino volvió a mostrar el fuerte acompañamiento recibido por la catedral de La Plata. En la final participaron más de 54.000 usuarios y el templo argentino concentró el 93% de las preferencias, frente al 7% obtenido por su rival italiano.

Símbolo platense 

La catedral de la Inmaculada Concepción, ubicada frente a Plaza Moreno, constituyó uno de los principales símbolos religiosos, históricos y arquitectónicos de esa ciudad.

De estilo neogótico, su construcción comenzó en 1884 y el templo fue inaugurado en 1932.

Con sus 112 metros de altura, se convirtió en uno de los edificios religiosos más emblemáticos de la Argentina y fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997.

Pero, ¿qué hizo que una catedral argentina pudiera conquistar la mirada de miles de personas?

Una belleza que entra por los ojos 

La primera respuesta probablemente esté en su impresionante silueta. La Catedral de La Plata es uno de los grandes exponentes del neogótico en América Latina. Su fachada está cubierta de arcos, pináculos, agujas, esculturas y grandes rosetones.

Construida fundamentalmente con ladrillo, posee además un color rojizo que la distingue de muchas de las grandes catedrales europeas, habitualmente construidas en piedra.

Es una iglesia que se reconoce inmediatamente. Y en una votación realizada en redes sociales, donde la imagen tiene un enorme peso, esta característica puede resultar decisiva. Su arquitectura produce una fotografía espectacular prácticamente desde cualquier ángulo.

Un pedazo de Europa en Argentina

La historia de la Catedral está estrechamente ligada al nacimiento de la propia ciudad de La Plata. La piedra fundamental fue colocada en 1884, apenas dos años después de la fundación de la ciudad. El proyecto fue concebido por el arquitecto y urbanista Pedro Benoit, inspirado en las grandes catedrales góticas europeas.

Pero La Plata no quiso simplemente copiar Europa. El resultado fue una interpretación latinoamericana del neogótico. El ladrillo de la región sustituyó a la piedra y la monumentalidad europea adquirió una nueva identidad en tierras argentinas.

Quizá ahí se encuentre una de las razones de su atractivo: es una catedral que mira hacia la tradición, pero no deja de pertenecer a su propia tierra.

La belleza de la luz

Pero una catedral no se contempla solamente desde el exterior. Al entrar en La Plata, la mirada cambia. La luz atraviesa los vitrales y transforma el espacio interior. Los colores proyectados por las vidrieras crean un ambiente que difícilmente puede reproducirse en una fotografía.

Esta es precisamente una de las grandes intuiciones de la arquitectura cristiana: la belleza no es solamente decoración. La luz tiene un significado.

Desde los primeros siglos del cristianismo, los templos han buscado expresar mediante la arquitectura una realidad que trasciende lo visible. El templo se convierte así en una especie de catequesis hecha de piedra, vidrio, luz y silencio.

¿Por qué ganó precisamente ahora?

También hay que considerar el fenómeno de las redes sociales. Una encuesta de este tipo no mide necesariamente cuál es la catedral arquitectónicamente más importante, ni la más antigua, ni la que posee mayor patrimonio artístico. Mide, sobre todo, la capacidad de una imagen para despertar admiración y movilizar a una comunidad digital.

Y La Plata tiene una ventaja extraordinaria: su belleza resulta inmediatamente comprensible. No es necesario conocer la historia del gótico para quedar impresionado ante sus torres.

No hace falta ser especialista en arte para detenerse ante sus vitrales. No es necesario ser argentino para reconocer que estamos ante una construcción monumental.

La fotografía abre la puerta a la admiración; después, la historia permite descubrir todo lo que hay detrás de ella.

Una victoria que dice algo sobre la belleza

Hay, sin embargo, algo más profundo. En una época acostumbrada a edificios funcionales, rápidos de construir y pensados muchas veces desde la utilidad, una catedral sigue recordándonos que el ser humano también necesita crear belleza.

Las catedrales no fueron construidas solamente para albergar personas. Fueron construidas para elevar la mirada. Sus torres apuntan hacia el cielo. Sus vitrales transforman la luz. Sus naves conducen la mirada hacia el altar. Todo en ellas puede convertirse en un lenguaje que habla de Dios.

Del asombro a Dios

Para un cristiano, la belleza nunca es solamente estética. San Juan Pablo II escribió en su Carta a los artistas que la belleza tiene la capacidad de despertar en el ser humano el deseo de lo infinito.

Y eso explica, en buena medida, por qué las catedrales siguen fascinando incluso a personas que no son creyentes. Una catedral bien lograda produce asombro. Y el asombro puede convertirse en pregunta: ¿Quiénes construyeron esto? ¿Por qué dedicaron generaciones enteras a una obra que ellos mismos quizá nunca verían terminada? ¿Qué buscaban expresar? ¿Hacia dónde apunta esta belleza?

Quizá allí reside el secreto más profundo de las catedrales: no quieren que nos quedemos mirándolas; quieren que, a través de ellas, levantemos la mirada hacia algo más grande.

La Catedral de La Plata puede haber ganado una encuesta en las redes sociales. Pero su verdadero triunfo no está en haber vencido a Notre-Dame, Milán o Florencia.

Está en haber conseguido que, durante unos minutos, miles de personas se detuvieran a contemplar una iglesia.

Y quizá eso sea ya una pequeña victoria de la belleza.

Porque cuando una catedral consigue que el hombre levante los ojos, admire, guarde silencio y se pregunte por el sentido de lo que contempla, la arquitectura deja de ser solamente arquitectura y comienza a convertirse en evangelización.

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Alma Recinas

Soy Alma Delia Recinas Diaz Nacida en ciudad de México  Egresada de carrera de comunicación,  especializada en Periodismo por la Universidad Iberoamericana y también con la licenciatura en Ciencias Religiosas por la Universidad Anáhuac  Actualmente soy Directora de Escuela de la Fe en guadalajara norte, como miembro del Movimiento Regnum Christ

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