El Papa y el presidente del Líbano por la reconciliación nacional

Piden el retorno inmediato de los refugiados a sus casas

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 mar 2001 (ZENIT.org).- La exigencia de promover la reconciliación en el nuevo Líbano y la exigencia de que los refugiados de Oriente Medio puedan regresar a sus casas se convirtieron en dos de los argumentos centrales de la visita que hizo esta mañana el presidente de ese país a Juan Pablo II.

Emile Lahoud (1936), quien vino al Vaticano acompañado por su esposa y un séquito de diez personas, es un cristiano de rito maronita que llegó a la presidencia de ese país en 1998.

Tras el encuentro con el Papa, el presidente libanés fue recibido por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Papa, y por el arzobispo Jean-Louis Tauran, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados.

En un comunicado publicado por Joaquín Navarro-Valls, portavoz vaticano, al final del encuentro se puede leer: «Los coloquios han ofrecido la oportunidad para reafirmar los lazos particulares que unen al Líbano con la Santa Sede, quien desea que el país pueda volver a alcanzar el papel que le compete en Oriente Medio». Lahoud fue el general que reformó el ejército libanés tras la guerra civil.

El director de la Sala de Prensa vaticana explica que en los diferentes encuentros «se ha prestado especial atención al problema de quienes han tenido que abandonar las regiones de Oriente Medio en los últimos meses: se ha expresado el deseo de que todos puedan regresar a sus casas cuanto antes».

Algunos de los cristianos que vivían en los territorios ocupados y ahora abandonados por Israel se convirtieron en víctimas de represalias de musulmanes libaneses, que los consideraban como colaboracionistas de los judíos porque convivieron juntos durante años.

Para Juan Pablo II, el Líbano es más que un país, es un mensaje para el mundo, pues hasta que estalló la guerra libanesa, en 1975, fue un ejemplo en Oriente Medio de convivencia entre culturas y religiones diferentes (musulmanes, cristianos y judíos).

El comunicado de prensa, de hecho, continúa diciendo que tanto el Papa como Lahoud han expresado «el parecer de que sólo un auténtico camino de reconciliación nacional podrá permitir al país superar las actuales dificultades y volver a ser «mensaje» de convivencia entre poblaciones de diferentes culturas y religiosidad».

Juan Pablo II de manera realmente excepcional convocó en el Vaticano un Sínodo de los obispos del Líbano entre noviembre y diciembre de 1995, en el que ratificó la necesidad de que el país se convierta en testimonio de reconciliación en Oriente Medio.

Tras el abandono de las tropas de Israel del sur del Líbano el año pasado, la Iglesia católica en el país por boca del patriarca Nasrallah Sfeir ha pedido que también Siria ponga punto final a la ocupación militar, según prevé la resolución n. 520 de las Naciones Unidas.

«Reclamamos un Líbano libre, independiente y soberano», ha afirmado en varias ocasiones el patriarca.

Entre población de algo más de tres millones de habitantes, el 60 por ciento es musulmana y prácticamente el 40 por ciento católica, según datos ofrecidos por la agencia Fides. La población judía prácticamente ha abandonado el país tras los conflictos estallados en Oriente Medio.
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CIUDAD DEL VATICANO, 2 mar 2001 (ZENIT.org).- La exigencia de promover la reconciliación en el nuevo Líbano y la exigencia de que los refugiados de Oriente Medio puedan regresar a sus casas se convirtieron en dos de los argumentos centrales de la visita que hizo esta mañana el presidente de ese país a Juan Pablo II.

Emile Lahoud (1936), quien vino al Vaticano acompañado por su esposa y un séquito de diez personas, es un cristiano de rito maronita que llegó a la presidencia de ese país en 1998.

Tras el encuentro con el Papa, el presidente libanés fue recibido por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Papa, y por el arzobispo Jean-Louis Tauran, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados.

En un comunicado publicado por Joaquín Navarro-Valls, portavoz vaticano, al final del encuentro se puede leer: «Los coloquios han ofrecido la oportunidad para reafirmar los lazos particulares que unen al Líbano con la Santa Sede, quien desea que el país pueda volver a alcanzar el papel que le compete en Oriente Medio». Lahoud fue el general que reformó el ejército libanés tras la guerra civil.

El director de la Sala de Prensa vaticana explica que en los diferentes encuentros «se ha prestado especial atención al problema de quienes han tenido que abandonar las regiones de Oriente Medio en los últimos meses: se ha expresado el deseo de que todos puedan regresar a sus casas cuanto antes».

Algunos de los cristianos que vivían en los territorios ocupados y ahora abandonados por Israel se convirtieron en víctimas de represalias de musulmanes libaneses, que los consideraban como colaboracionistas de los judíos porque convivieron juntos durante años.

Para Juan Pablo II, el Líbano es más que un país, es un mensaje para el mundo, pues hasta que estalló la guerra libanesa, en 1975, fue un ejemplo en Oriente Medio de convivencia entre culturas y religiones diferentes (musulmanes, cristianos y judíos).

El comunicado de prensa, de hecho, continúa diciendo que tanto el Papa como Lahoud han expresado «el parecer de que sólo un auténtico camino de reconciliación nacional podrá permitir al país superar las actuales dificultades y volver a ser «mensaje» de convivencia entre poblaciones de diferentes culturas y religiosidad».

Juan Pablo II de manera realmente excepcional convocó en el Vaticano un Sínodo de los obispos del Líbano entre noviembre y diciembre de 1995, en el que ratificó la necesidad de que el país se convierta en testimonio de reconciliación en Oriente Medio.

Tras el abandono de las tropas de Israel del sur del Líbano el año pasado, la Iglesia católica en el país por boca del patriarca Nasrallah Sfeir ha pedido que también Siria ponga punto final a la ocupación militar, según prevé la resolución n. 520 de las Naciones Unidas.

«Reclamamos un Líbano libre, independiente y soberano», ha afirmado en varias ocasiones el patriarca.

Entre población de algo más de tres millones de habitantes, el 60 por ciento es musulmana y prácticamente el 40 por ciento católica, según datos ofrecidos por la agencia Fides. La población judía prácticamente ha abandonado el país tras los conflictos estallados en Oriente Medio.

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ZENIT Staff

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