Las razones de la feroz oposición de ortodoxos griegos a la visita del Papa

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Habla el teólogo griego católico Yannis Spiteris

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ROMA, 30 abril 2001 (ZENIT.orgFIDES).- «La atmósfera es hostil, pero el viaje de Juan Pablo II dejará una huella profunda. Servirá para desmitizar el clima antipapal arraigado en Grecia desde hace siglos». Esta es la opinión del teólogo católico griego Yannis Spiteris, fraile capuchino, profesor de «Teología ortodoxa» en cuatro universidades pontificias.

En los últimos días han aumentado las protestas y manifestaciones en Grecia contra la visita del Papa. Los monjes del Monte Athos han organizado incluso una vigilia de oración en su contra. Ante la protesta de los representantes oficiales de la Iglesia ortodoxa griega, el Vaticano ha tenido que cancelar de la delegación papal al cardenal Ignace Moussa Daoud, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, rechazado por los ortodoxos porque «uniata», término despectivo con el que los ortodoxos se refieren a los greco-catóilcos. De hecho, el purpurado es Patriarca emérito de Antioquía de los Sirios.

En vísperas de la llegada del Papa a Atenas (4-5 de mayo), el padre Spiteris expresa su opinión sobre el recibimiento que se reservará al Pontífice en esta entrevista concedida a la agencia de la Santa Sede, «Fides»: «Hoy hay mucho ruido, pero la gente verá que el Papa es una persona humilde, que llega con una misión de amor. Los fieles ortodoxos griegos verán en él a un sacerdote que sufre y apreciarán a un pastor que viaja como peregrino, y no como conquistador».

«Entonces las polémicas se desinflarán y el odio se derretirá», añade Spiteris, quien se siente «dolido y humillado por la propaganda contra el Papa desencadenada en el último mes».

–¿Por qué va el Papa a Grecia y cómo se ha llegado hasta la situación de protesta de círculos ortodoxos?

–Yannis Spiteris: Antes del Jubileo el Papa, en su carta sobre la peregrinación a los lugares de la Salvación (junio, 1999), expresó el deseo de visitar el Areópago de Atenas, donde predicó san Pablo. La Iglesia católica había presentado una petición oficiosa, pero la Iglesia ortodoxa griega negó el consenso con diversos pretextos: según el Santo Sínodo, el Papa debía pedir perdón por las ofensas hechas durante los siglos, por la cuarta Cruzada de 1204, retirar algunas verdades de fe, en resumen: convertirse a la Ortodoxia. O llegar como Jefe de Estado.

Todo parecía desvanecido. En ese momento, el presidente griego Costis Stephanopoulos, que ha visitado el Vaticano este año, presentó una invitación oficial al Papa. La Iglesia ortodoxa se encontró ante una alternativa: rechazar o aceptar. El Santo Sínodo permanente, órgano representativo formado por algunos obispos, para evitar el choque con el Gobierno (hay en curso un contencioso sobre la indicación de la religión en los documentos de identidad) ofreció a regañadientes un «hihil obstat» al viaje del Papa. Inmediatamente después, sin embargo, publicó otro documento en el que reafirmaba que el Papa venía como Jefe de Estado y peregrino a título personal. El documento defiende las buenas razones que existen para no aceptar el viaje y confirma un «sí» con muchas reservas.

–¿Cuáles son los motivos históricos de la oposición?

–Yannis Spiteris: La ortodoxia de lengua griega rechazó siempre a Occidente, desde los tiempos del imperio bizantino. Antes de la caída de Constantinopla (1453) se decía: «Mejor el turbante turco que la tiara del Papa». Hoy los libros de texto escolares rezuman resentimiento, repiten antiguos prejuicios y narraciones históricas distorsionadas. Los niños son adoctrinados contra la Iglesia católica, creando un odio profundo desde la infancia, con hechos que nada tienen que ver con la realidad actual.

Hay una cultura colectiva anticatólica, antilatina y antipapal. La atmósfera anticatólica se ha agudizado con dos hechos históricos recientes: el problema de los católicos de rito oriental y las recientes guerras balcánicas.

Los greco-católicos existen desde hace siglos, pero nunca fueron aceptados por la Iglesia ortodoxa. En el siglo XX el estalinismo los incorporó a la fuerza a la Iglesia ortodoxa. Después de la caída del comunismo, salieron de las «catacumbas» y reivindicaron sus propiedades, confiscadas por el Estado. Los ortodoxos los definen despreciativamente con el término «uniatas». No han digerido su retorno a la Iglesia católica, considerado una traición y fruto del proselitismo católico.

En las guerras balcánicas, la Iglesia ortodoxa defendió siempre las posiciones de Serbia. Slobodan Milosevic era de casa en Grecia, donde tiene dinero y propiedades. Se ha llegado incluso a acusar al Papa de procurar armas a los musulmanes para que lucharan «contra nuestros hermanos serbios». Grecia sufre de manía persecutoria en relación con Occidente.

–¿Cuáles son las «cuestiones candentes» a nivel teológico?

–Yannis Spiteris: En la teología, el hecho más grave es que la mayor parte de los teólogos y obispos ortodoxos no reconoce la validez de los sacramentos de los católicos, como, al contrario, sucede oficialmente (desde el Concilio Vaticano II) por parte de la Iglesia católica, que habla de «Iglesias hermanas».

Los obispos ortodoxos no consideran que la católica sea una Iglesia auténtica, apelándose al principio de la «plena ortodoxia». Si una Iglesia no confiesa la «plena verdad de fe» es hereje, y por eso sus sacramentos no son considerados válidos.

El obispo de Corfú define a la Iglesia de Roma una «organización mundana», creando un clima teológico hostil.

Otros asuntos espinosos son la cuestión del «Filioque» (es decir, de quién procede el Espíritu Santo, «del Padre» o «del Padre y del Hijo»), el primado del Papa, los dogmas marianos del segundo milenio.

–¿Se pueden superar estas diferencias?

–Yannis Spiteris: Las dificultades históricas y teológicas se podrían superar si la Iglesia ortodoxa griega no estuviese desgarrada y contaminada por fundamentalismos. Los movimientos radicales no admiten ninguna posibilidad de acercamiento de la Iglesia. Rechazan el ecumenismo, todo documento firmado por ambas Iglesias sobre el diálogo. Se oponen al concepto de «Iglesias hermanas» por considerar al Papa como la «raíz de todos los males». Varios metropolitanos tienen una mentalidad estrecha y piensan que cuanto más se es anticatólico, tanto más se es fiel a la Ortodoxia.

Existen luego organizaciones para-eclesiasticas fundamentalistas que se oponen a la misma Iglesia ortodoxa oficial, y fuertemente anticatólicas. El arzobispo de Atenas teme que se aprovechen del viaje del Papa para atacar a la Iglesia oficial y ganar terreno.

Otra realidad es la de los «vétero-calendaristas», que rechazan el nuevo calendario gregoriano, aceptado por la Iglesia y el gobierno griego a inicios del siglo XX. Están separados de la Iglesia oficial, son cismáticos y tienen sus propios obispos y jerarquía. En Grecia son casi un millón. Son extremadamente tradicionalistas, contrarios a toda relación con la Iglesia católica, considerada la síntesis de todas las herejías. La Iglesia vétero-calendarista afirma que sus filas aumentan con «conversiones» de fieles ortodoxos. El arzobispo de Atenas ha desaconsejado al Papa el viaje porque, en su opinión, acentuará las divisiones internas de la Iglesia ortodoxa.

–Y la gente, ¿qué piensa?

–Yannis Spiteris: La gentes es curiosa e inteligente. Sucedió algo parecido con la visita a Atenas del patriarca de Constantinopla, Bartolomé. Ahora bien, la gente lo vio como un pastor. Hoy día es más estimado que el arzobispo de Atenas. La gente apreciará el estilo pastoral del Papa, el encuentro con el pueblo, el abrazo de la multitud, el entusiasmo de los fieles. La Iglesia ortodoxa teme la confrontación con el Papa, pues es consciente de su capacidad para congregar a multitudes inmensas d
e fieles. En Grecia, le recibirán tanto cientos de miles de católicos, como muchos ortodoxos. La gente común no nutre tanto resentimiento.

–¿Cuál es la situación de los católicos en Grecia?

–Yannis Spiteris: Los católicos nativos griegos son 45.000, pero, con la presencia de polacos, filipinos, italianos, se llega a más de 200.000 fieles. Son considerados ciudadanos de segunda categoría: no tenemos los mismos derechos que los ortodoxos y somos discriminados, a pesar de lo que dice la Constitución. Muchos temen bautizar a sus hijos en la Iglesia católica, por temor de las dificultades que podrán encontrar. Existen todavía «cripto-católicos» (católicos escondidos), un fenómeno absurdo en un país democrático, miembro de la Unión Europea. La visita del Papa es para nosotros un fuerte aliento y consuelo. El Papa conoce el sufrimiento de los católicos griegos. Nosotros amamos a nuestra patria y sufrimos por no ser considerados como hijos suyos.

–¿Por qué sucede esto?

–Yannis Spiteris: Porque hay una estrecha identificación entre el hecho de ser griego y la religión ortodoxa. Los católicos son considerados «extranjeros». La religión identifica la ciudadanía. Por esto la Iglesia ortodoxa ha luchado para no suprimir la indicación de la religión en los documentos de identidad.

Esta relación íntima entre el plano civil y religioso es herencia del césaropapismo bizantino. El imperio era una forma de exteriorización de la Iglesia. El emperador era el vicario de Cristo y tenía poderes religiosos: ninguna ley eclesiástica era válida si no era promulgada por el emperador. Aún hoy, las leyes de la Iglesia son publicadas en la Gaceta oficial del Estado. Por eso la Iglesia católica no tiene derechos, no tiene personalidad jurídica. La batalla por el reconocimiento de la personalidad jurídica terminó ante la Corte Europea de Estrasburgo, que dio razón a la Iglesia católica. El gobierno griego ha tenido que aceptar una sentencia del Tribunal europeo y ha reconocido las propiedades de la Iglesia, sin concederle el estatuto de ente jurídico-moral.

El Estado griego quiere presentarse como laico y moderno; el presidente Stephanopuolos es una persona muy abierta e inteligente, aunque sufre la oposición de la Nueva Democracia, que agudiza el nacionalismo. La Iglesia católica debe hacer el juego de la Unión Europea, presionando por un Estado laico, libre, moderno, independiente. La Iglesia ortodoxa demoniza a Europa, pero se embolsa los fondos, como sucedió con las contribuciones de la Unión Europea para el Santuario del Monte Athos.

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ZENIT Staff

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