Dura denuncia del Papa contra el turismo sexual y consumista

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Aplaude el «Código ético mundial» redactado por la OMT

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CIUDAD DEL VATICANO, 19 junio 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que el turismo puede ser un instrumento privilegiado de paz y progreso, al igual que de «aberraciones humillantes» como es «la explotación de mujeres y niños en un comercio sexual sin escrúpulos».

Estas duras palabras forman parte del Mensaje del Santo Padre para la XXII Jornada Mundial del Turismo, que las Naciones Unidas celebra el 27 de septiembre, y que distribuyó este martes la Sala de Prensa de la Santa Sede.

El mensaje central del documento pontificio es claro: «Es preciso hacer todo lo posible para que el turismo no llegue a ser, en ningún caso, una forma moderna de explotación, sino que sea la ocasión de un útil intercambio de experiencias y de un diálogo fructífero entre distintas civilizaciones».

El obispo de Roma denuncia que en ocasiones «el turismo de masa ha producido una forma de subcultura que degrada tanto al turista como a la comunidad que lo acoge».

En particular critica esos «centros de vacaciones sofisticados o caracterizados por un «exotismo superficial», para los curiosos que anhelan nuevas sensaciones».

Este «deseo desenfrenado», añade, «llega a veces a aberraciones humillantes como la explotación de mujeres y niños en un comercio sexual sin escrúpulos, que constituye un escándalo intolerable».

De este modo, en lugar de ser una oportunidad de enriquecimiento, el consumismo hace que el Turismo llegue a «transformar en bienes de consumo la cultura, las ceremonias religiosas y las fiestas étnicas, las cuales se empobrecen progresivamente para responder a los deseos de un mayor número de turistas».

Por este motivo, Juan Pablo II aplaude en el mensaje la redacción del «Código ético mundial para el turismo», que representa la convergencia de una amplia reflexión realizada por las naciones, por varias asociaciones del turismo y por la Organización Mundial del Turismo (OMT).

«Dicho documento es un avance importante para que el turismo sea considerado no sólo como una de las tantas actividades económicas, sino como un instrumento privilegiado para el desarrollo individual y colectivo», explica el Papa.

Además, recuerda, este Código ético mundial «tiene en cuenta los distintos motivos que impulsan a los hombres a recorrer el planeta de arriba a abajo, en especial los viajes por motivos religiosos, como las peregrinaciones y las visitas a los santuarios».

De este modo, cuando el turismo respeta los valores genuinos del visitante y tiene en cuenta las opciones y los derechos del receptor «se pone al servicio de la solidaridad entre todos los hombres y del encuentro entre las civilizaciones, facilita la comprensión entre individuos y naciones, y constituye una oportunidad para realizar un futuro de paz», concluye el Papa.

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ZENIT Staff

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