El Papa: La reacción al terrorismo es legítima, si respeta la moral y la ley

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Exige afrontar las situaciones de opresión que manipulan los terroristas

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 diciembre 2001 (ZENIT.org).- El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2002), hecho público este martes, constituye un texto sin precedentes en el magisterio de Juan Pablo II sobre el terrorismo y la respuesta cristiana a este «crimen contra la humanidad».

El pontífice por una parte constata el derecho de la sociedad a defenderse de los grupos terroristas; por otra, niega el derecho a la así llamada guerra sucia, indicando que la respuesta «debe atenerse a reglas morales y jurídicas» y debe apostar por una auténtica reconciliación entre los pueblos.

El texto comienza analizando los orígenes del fenómeno: «El terrorismo nace del odio y engendra aislamiento, desconfianza y exclusión. La violencia se suma a la violencia, en una trágica espiral que contagia también a las nuevas generaciones, las cuales heredan así el odio que ha dividido a las anteriores».

¿Cómo romper esta espiral de violencia? Juan Pablo II ofrece dos propuestas fundamentales: respuesta justa a los ataques y reconciliación entre los pueblos.

Respuesta justa
«Existe un derecho a defenderse del terrorismo», constata el pontífice. Ahora bien, añade el mensaje, «es un derecho que, como cualquier otro, debe atenerse a reglas morales y jurídicas, tanto en la elección de los objetivos como de los medios».

«La identificación de los culpables ha de ser probada debidamente, porque la responsabilidad penal es siempre personal y, por tanto, no puede extenderse a las naciones, a las etnias o a las religiones a las que pertenecen los terroristas», sigue diciendo.

Reconciliación entre pueblos
Pero la respuesta al terrorismo, sigue diciendo el sucesor del apóstol Pedro, no sólo debe afrontar sus consecuencias, sino también el terreno abonado en que surge.

«La colaboración internacional en la lucha contra la actividad terrorista debe comportar también un compromiso especial en el ámbito político, diplomático y económico, con el fin de solucionar con valentía y determinación las eventuales situaciones de opresión y marginación que pudieran estar en el origen de los planes terroristas», exige el mensaje del obispo de Roma.

«En efecto –reconoce–, el reclutamiento de los terroristas resulta más fácil en los contextos sociales donde los derechos son conculcados y las injusticias se toleran durante demasiado tiempo».

Injustificable
Ahora bien, el Papa deja muy claro que «las injusticias existentes en el mundo nunca pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas». De hecho, constata, las primeras víctimas de los atentados, son «los millones de hombres y mujeres menos preparados para resistir el colapso de la solidaridad internacional».

«Me refiero concretamente a los pueblos del mundo en vías de desarrollo –aclara–, que viven ya con estrechos márgenes de supervivencia, y que serían los más dolorosamente perjudicados por el caos global, económico y político».

«La pretensión del terrorismo de actuar en nombre de los pobres es una falsedad patente», concluye.

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ZENIT Staff

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