Fin del cisma tradicionalista en Brasil: el Vaticano II da un paso adelante

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El «teólogo del Papa» comenta la vuelta de los lefebvrianos

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ROMA, 20 enero 2002 (ZENIT.orgAvvenire).- «Una buena noticia. Una fractura que se sana precisamente en la Semana de la Unidad de los Cristianos». El padre George Cottier, comúnmente conocido como el teólogo del Papa (el cargo oficial es «teólogo de la Casa Pontificia), comenta así el retorno a la comunión de un Fraternidad cismática de Brasil cercana a las tesis del arzobispo francés Marcel Lefebvre.

Juan Pablo II ha permitido que la Fraternidad de San Juan María Vianney pueda seguir celebrando la misa según el rito de San Pío V. Una decisión hecha oficial el viernes pasado que –explica el religioso dominico– sería errado interpretar como un paso atrás respecto al Concilio Vaticano II.

«Desde el principio –recuerda Cottier– estaba prevista la posibilidad en algunos casos (por ejemplo para los sacerdotes ancianos) de seguir celebrando según ese rito. Tras el cisma de Lefebvre, se acordó el permiso a la Fraternidad San Pedro de mantener viva esta tradición. Además el Papa había pedido que al menos en las grandes ciudades hubiera un lugar donde se celebrara la misa en latín, tal vez incluso con el rito de Pío V».

–¿Dónde está entonces la novedad de este acontecimiento?

–Padre Cottier: Detrás del cisma de Lefevbre hay mucho más: está el rechazo del Concilio, del ecumenismo, del principio de la libertad religiosa. Un rechazo global del que la liturgia era sólo la bandera, aunque mucha gente se fue con Lefebvre justo por este motivo. Desde la ruptura [30 de junio de 1988] a hoy, otros seguidores suyos ya han vuelto a la comunión plena con la Iglesia católica. Pero la condición principal ha sido siempre el pleno reconocimiento de la autoridad del Concilio Vaticano II. Y es esto lo que el grupo principal, el de Ecône, no ha aceptado nunca hasta ahora.

–Uno de los pilares del Vaticano II, sin embargo, es la «Sacrosanctum Concilium», la constitución sobre la liturgia.

–Padre Cottier: Es uno de los textos más hermosos del Concilio. Pero no hay que identificarla con todos los modos en los que ha sido puesta en práctica la reforma litúrgica. No podemos olvidar que en los primeros años, sobre todo en algunos países, hubo mucho desorden. Tomemos un ejemplo: el gregoriano. En una cierta fase había sido rechazado violentamente. Y para sustituirlo ¿con qué? A veces con cantos que tenían poco de religioso. O con una liturgia «charlada» en la que no hay espacio para el silencio. Cierta gente ha sufrido por esto. Y algunos fieles se han encontrado con Lefebvre probablemente sin ni siquiera ver bien el problema que surgía.

–De acuerdo. Pero con extender el uso del rito de Pío V, ¿no se corre el riesgo de aumentar la confusión?

–Padre Cottier: Las diferencias han sido siempre admitidas. Yo soy dominico: hasta el Concilio teníamos una liturgia dominica que era una variante del rito romano. Pero la unidad no estaba comprometida por esto. Se puede muy bien aceptar la «Sacrosanctum Concilium» aún manteniendo una especificidad propia. Recordemos que el mismo Concilio no pensaba en toda la celebración en lengua vernácula: el canon habría debido permanecer en latín. La reforma litúrgica ha dado un paso más. Y mirando a la mayoría de los católicos ha sido la opción adecuada. Pero esto no significa que el deseo de reencontrar en la tradición un sentido más profundo de la interioridad, del silencio, de la belleza sea en sí inadmisible.

–¿Cómo conciliar esta especificidad con una comunión efectiva con toda la Iglesia?

–Padre Cottier: Muchos lefebvrianos mantienen que «nuestra» misa de Pablo VI no es válida. Ahora al menos este grupo ya no podrá pensar algo así. Poco a poco habrá que esperar otros pasos: por ejemplo que participen también en concelebraciones en el rito reformado. Pero no tenemos que tener prisa. Lo importante es que en su corazón no haya ya rechazo. La comunión reencontrada en la Iglesia tiene un dinamismo proprio interno que madurará.

–Con el gesto de este viernes, la aplicación del Concilio ¿ha dado un paso adelante o hacia atrás?

–Padre Cottier: Seguramente hacia adelante. En el Vaticano II no hubo ningún deseo de crear rupturas. Su intención era poner a la Iglesia más en consonancia con los desafíos pastorales, con la misión, con el mismo culto divino. En el Concilio hay un sentido fortísimo de la centralidad de la liturgia en la vida de la Iglesia. Y si hay un lugar privilegiado de la comunión es justamente la Eucaristía. Tenemos que alegrarnos de esta reconciliación. Espero que abra el camino a otros. En este proceso, la comunión con el sucesor de Pedro es fundamental. También en la liturgia. Hasta ahora en la misa que los lefebvrianos celebraban no había esta «comunicación» con el Papa. Ahora, al menos en Brasil, no será ya así.

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ZENIT Staff

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