El Papa: Declaraciones de nulidad, servicio a la indisolubilidad matrimonial

El pontífice ilustra la grave responsabilidad de los jueces eclesiásticos

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CIUDAD DEL VATICANO, 28 enero 2002 (ZENIT.org).- Las sentencias de declaración de nulidad de los tribunales eclesiásticos deben ser un servicio «pastoral» de la Iglesia a la indisolubilidad del matrimonio, exigió este lunes Juan Pablo II.

El pontífice afrontó esta cuestión al encontrarse con los jueces y abogados de la Rota Romana, Tribunal de segunda instancia de la Santa Sede que, entre otras cosas, se pronuncia sobre sentencias de nulidad de matrimonio dictadas por tribunales eclesiásticos ordinarios.

Según el Código de Derecho Canónico (CDC), los tribunales eclesiásticos tienen competencia para decidir si un matrimonio es nulo, es decir, que nunca ha existido.

Esta declaraciones debe obedecer a causas precisas, por ejemplo, el que se haya realizado bajo violencia o por miedo, por engaño, o rechazando algunos de sus elementos esenciales (Cf. CDC números 1095-1107).

En ese caso, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica (número 1629), «los contrayentes quedan libres para casarse, aunque deben cumplir las obligaciones naturales nacidas de una unión precedente anterior».

La nulidad no tiene nada que ver con el divorcio, que no es aceptado por la Iglesia católica por enseñanza expresa de Jesús en el Evangelio (Mateo 19, 3-12), y que implica la ruptura de un matrimonio válido y lícito.

El Santo Padre, en su tradicional encuentro de inicio de año con los jueces y abogados de la Rota Romana, explicó que su misión es decisiva, pues «sin los procesos y las sentencias de los tribunales eclesiásticos, la cuestión de la existencia o no de un matrimonio indisoluble de fieles quedaría relegada únicamente a la conciencia de los mismos».

Una cuestión de conciencia que de otro modo sería complicadísima, insistió, sobre todo si se tiene en cuenta «el evidente riesgo de subjetivismo, especialmente cuando en la sociedad civil se da una profunda crisis de la institución del matrimonio».

Por este motivo, aclaró el obispo de Roma, «toda sentencia justa de validez o nulidad de matrimonio es una aportación a la cultura de la indisolubilidad tanto en la Iglesia como en el mundo».

«No sólo da certeza a las personas involucradas, sino también a todos los matrimonios y familias», añadió.

«Por tanto –advirtió–, una declaración de nulidad injusta, opuesta a la verdad de los principios normativos o de los hechos, reviste una particular, gravedad, pues a causa de su relación oficial con la Iglesia favorece la difusión de actitudes en las que la indisolubilidad es afirmada de palabra, pero obscurecida con la vida».

Por este motivo, el pontífice exigió el compromiso de los abogados y jueces de los tribunales eclesiásticos al servicio de la indisolubilidad del matrimonio, que «no significa obviamente prejuicio contra las justas declaraciones de nulidad».

La Rota Romana es uno de los tribunales más antiguos del mundo, si bien su nombre, «Rota», surgió tardíamente, en el siglo XIV, en referencia quizá a una especie de mesa circular en la que se sentaban los jueces.

A partir del siglo XVII, comenzó a tratar también las causas matrimoniales y dos siglos después, con Gregorio XVI, se convirtió definitivamente en tribunal de segunda instancia para causas eclesiásticas y del Estado Pontificio.

Este Tribunal no recibe los procesos ordinarios de declaración de nulidad, que corresponde a los Tribunales Diocesanos del Matrimonio.

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ZENIT Staff

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