En el progreso no todo lo posible es aceptable, alerta el Papa

En su mensaje al «Meeting por la amistad entre los pueblos» de «Comunión y Liberación»

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 23 agosto 2004 (ZENIT.org).- Pretender que en el progreso «lo que es técnicamente posible sea de por sí éticamente bueno» lleva a un pragmatismo de «consecuencias dramáticas y desoladoras», como la clonación humana, constató Juan Pablo II en su mensaje al «Meeting por la amistad entre los pueblos» abierto el domingo en la ciudad italiana de Rímini.

«Nuestro progreso no consiste en presumir de haber llegado, sino en tender continuamente hacia la meta» es el tema elegido para la 25ª edición de este gran encuentro –al que el año pasado asistieron 700 mil personas– promovido por el movimiento «Comunión y Liberación», fundado hace 50 años por monseñor Luigi Giussani.

«Es bien conocido el “sentido de poder que el progreso técnico actual” da al hombre» (Cf. Gaudium et spes, n. 20), siendo «particularmente fuerte» «la tentación de pensar que la obra del hombre halle en sí misma la justificación de los propios objetivos», recuerda el Santo Padre en el texto difundido el domingo por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

«Los resultados alcanzados en los distintos ámbitos de la ciencia y de la técnica son por muchos considerados y defendidos como “a priori” aceptables –observa–. Se acaba así por pretender que lo que es técnicamente posible sea de por sí también éticamente bueno».

«Según esta opinión –prosigue el Papa–, precisamente porque el progreso de los conocimientos científicos y de los medios técnicos» «empuja de hecho cada vez más allá el límite entre lo que es posible “hacer” y lo que aún no lo es, tal progreso acabaría por desplazar indefinidamente en adelante también el límite entre lo justo y lo injusto».

Desde esta perspectiva, el «progreso se convertiría entonces en un valor absoluto» e incluso en la «fuente de todo valor», de forma que la «verdad y la justicia ya no serían instancias superiores» a las que el hombre tendría que referirse, sino «un producto de su actividad de investigación y de manipulación de la realidad», apunta el Santo Padre.

«No hay quien no vea las consecuencias dramáticas y desoladoras de tal pragmatismo, que concibe la verdad y la justicia como algo modelable por obra del hombre mismo», alerta.

Ejemplo de ello es para el Papa «el intento del hombre de apropiarse de las fuentes de la vida a través de los experimentos de clonación humana».

Ahí «tocamos con la mano la presunción de la que habla el título del “Meeting”: la violencia con la que el hombre intenta apropiarse de lo verdadero y de lo justo, reduciéndolos a valores de los que él puede disponer libremente» sin más límites que «los fijados y continuamente superados por la operabilidad técnica», constata.

Pero «el camino enseñado por Cristo es otro –subraya Juan Pablo II–: el del respeto por el ser humano, que cualquier medio de investigación debe ante todo observar para conocerle en su verdad, para después servirle, no manipulándole según un proyecto considerado a veces con arrogancia como mejor que el del Creador mismo».

De hecho, «el hombre» que «en la presunción de Prometeo se erige en árbitro del bien y del mal, hace del progreso su ideal absoluto y luego es por él aplastado», reconoce.

En este sentido, el tema del Meeting «invita a dirigir al Creador una mirada asombrada por la belleza y la racionalidad de lo que Él ha puesto y mantiene en el ser»: «sólo esta humildad ante la grandeza y el misterio de lo creado puede salvar al hombre de las consecuencias nefastas de la propia arrogancia», concluye el Papa.

El «Meeting por la amistad entre los pueblos» (www.meetingrimini.org) se celebra hasta el próximo 28 de agosto.

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ZENIT Staff

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