El Banco Mundial se interesa por la relación religión-desarrollo

Edita el libro «Mente, corazón y alma en la lucha contra la pobreza»

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WASHINGTON, miércoles, 25 agosto 2004 (ZENIT.org).- El libro recién publicado por el Banco Mundial «Mente, corazón y alma en la lucha contra la pobreza» («Mind, Heart, and Soul in the Fight Against Poverty») subraya la necesidad de colaboración contra la pobreza entre las religiones y las organizaciones de desarrollo.

«La relación entre el mundo de la fe y el del desarrollo para combatir la pobreza y luchar para la justicia social parece natural. Sin embargo, las conexiones entre ambos mundos han sido frágiles, intermitentes y a veces enfrentadas», constata el libro, que analiza la contribución conjunta que ambas esferas pueden aportar contra la pobreza.

«Cuando las instituciones de desarrollo han reconocido los puntos en común entre su trabajo y el de las organizaciones religiosas, han conseguido unir esfuerzos y obtener resultados remarcables», señala en el prólogo James D. Wolfenshohn, presidente del Banco Mundial.

El volumen, editado por Katherine Marshall y Lucy Keough, ambas del Banco Mundial, es el fruto de dos años de trabajo (2002-2004) en el que un equipo hizo una lista en forma de inventario sobre las experiencias de fe y la colaboración con entidades de desarrollo.

Una de las editoras, Katherine Marshall, directora del sector Desarrollo, Diálogo sobre Valores y Ética (DDVE) y consejera del Presidente del Banco Mundial, es un rostro conocido en reuniones internacionales como las que promueve en el Vaticano el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz o las que organizan la Comunidad de San Egidio y el Parlamento de las Religiones.

«Mente, corazón y alma en la lucha contra la pobreza» inicia con una parte dedicada a «Perspectivas de fe y comprensión de la pobreza». Un segundo bloque se ocupa de «Desafíos del Milenio para la fe y el desarrollo» y finalmente reflexiona sobre «Paz para Dios».

Entre los casos estudiados está el de la Comunidad de San Egidio y su papel mediador en Mozambique y Albania, así como las iniciativas de paz en Camboya o la colaboración de las iglesias evangélicas en el problema del sida.

James D. Wolfenshohn, presidente del Banco Mundial, señala en el prólogo que el libro ofrece «lecciones prácticas y inspiración» y espera que conduzca a «nuevas vías de colaboración (partnerships) para combatir los problemas».

El Banco Mundial es una banca internacional para la reconstrucción y el desarrollo radicado en Washington.

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ZENIT Staff

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