Saludo de Benedicto XVI a los oyentes de «Radio Vaticano»

Un medio para construir una familia en la que todos se sientan hermanos

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CIUDAD DE VATICANO, viernes, 3 marzo 2006 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras espontáneas que dirigió este viernes Benedicto XVI ante los micrófonos de uno de los estudios de «Radio Vaticano», al visitar la sede esta emisora en el 75 aniversario de su fundación.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo de corazón a todos los oyentes de «Radio Vaticano» y les deseo la paz y la alegría del Señor.

Para mí es una gran alegría estar aquí. Somos conscientes de que hace 75 años el Papa Pío XI inauguró «Radio Vaticano», dando así una nueva voz a la Santa Sede, es más a la Iglesia y al Señor. Una voz con la que se pudiera aplicar realmente el mandamiento del Señor: «Anunciad el Evangelio a todas las criaturas hasta los confines de la tierra».

Mientras tanto, según lo estoy viendo, en estos 75 años, la técnica se ha perfeccionado mucho. Hoy la voz de «Radio Vaticano» puede llegar a todas las partes del mundo, a muchas casas y –como se ha subrayado– sobre todo se da también una hermosa reciprocidad, no sólo hablando, sino también acogiendo las respuestas, en un auténtico diálogo para comprender, para responder y para construir así la familia de Dios.

Me parece que éste es el sentido de un medio de comunicación como éste: ayudar a construir esta gran familia que no tiene fronteras, en la que todos se sientan hermanos y hermanas en la multiplicidad de culturas e idiomas, y de este modo representen una fuerza para la paz.

Quisiera desear a todos los que me escuchan en este momento que se sientan realmente involucrados en este gran diálogo de la verdad. En el mundo de los medios de comunicación no faltan tampoco, como sabemos, voces contrastantes. Es por tanto particularmente importante el que exista esta voz, que quiere ponerse realmente al servicio de la verdad, de Cristo, y de este modo, ponerse al servicio de la paz y de la reconciliación en el mundo.

Deseo a los colaboradores que puedan ser instrumentos eficaces de esta gran obra de paz del Señor. Os doy las gracias por todo lo que hacéis, día tras día, quizá también, noche tras noche.

Deseo a los oyentes que, quedando ellos también involucrados en este gran diálogo, se conviertan a su vez en testigos de la verdad y de la fuerza de la paz en el mundo.

[ © Copyright del original italiano – Libreria Editrice Vaticana
Traducción al español realizada por Zenit]

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ZENIT Staff

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