Con su humanidad, Juan Pablo II acercó el cielo a la tierra, afirma Gian Franco Svidercoschi

Entrevista con el autor de la película recién estrenada «Karol, un Papa que siguió siendo hombre»

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 31 marzo 2006 (ZENIT.org).- Gian Franco Svidercoschi, periodista amigo de Karol Wojtyla desde los años en los que era arzobispo de Cracovia, no esconde su satisfacción, después de que Benedicto XVI viera este jueves la película «Karol, un Papa que siguió siendo hombre», cuyo guión él mismo ha escrito.

«Creo que hemos logrado el objetivo. Fue un Papa que siguió siendo hombre –la primera parte de la película se llamaba «Karol, un hombre que se convirtió en Papa»–. En toda iniciativa del Papa se veía su rostro humano. Las dificultades del primer viaje a México, el atentado, la enfermedad… mantuvo siempre la capacidad de comprender los problemas humanos», afirma en declaraciones a Zenit.

En la película, dirigida por Giacomo Battiato, producida por las italianas Taodue y Mediaset, el actor que interpreta el papel de Karol Wojtyla es el polaco Piotr Adamczyk, quien en algunos momentos presenta un gran parecido.

«En la película el protagonista es el Papa, pero hay otros personajes que ayudan a entender a este Papa –explica Svidercoschi, uno de los «vaticanistas» más veteranos–. Por ejemplo, el personaje de la Madre Teresa de Calcuta está presente a lo largo del filme. De hecho, para el Papa era así. Para él era el personaje símbolo de su pontificado».

«Se presentan también dos personajes, como el sacerdote polaco Jerzy Popieluszko, asesinado en 1984, o monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado en 1980, quienes muestran el martirio y los sufrimientos de esos años del pontificado».

Entre los elementos inventados por razones de narración, Svidercoschi, quien colaboró con Juan Pablo II en la redacción del libro «Don y misterio» (el Papa se lo agradeció en la introducción), menciona el personaje de una doctora canadiense que contesta públicamente las enseñanzas del Papa sobre la vida.

En realidad, explica, en sus viajes el Santo Padre se encontró con la protesta de mujeres, en particular una suiza y una belga. El Papa también recibió a una representante de una agencia de la ONU que vino a protestar antes de la Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Pekín, en 1995. En la película, Juan Pablo II conoce a esta mujer canadiense en África y después la invita a conversar para explicarle las razones de la vida.

La escena que más le gusta de la película a Svidercoschi tuvo lugar en 1981. El Papa acababa de sufrir el atentado en la plaza de San Pedro del Vaticano. Mientras tanto, en Varsovia, el cardenal Stefan Wyszinski estaba en sus últimos días de vida, pero se agarró a la vida, rechazó incluso el sacramento de la Unción de los Enfermos.

«Sólo se dejó morir cuando supo que el Papa estaba fuera de peligro. Se llamaron por teléfono, los dos desde la cama. «Bendígame, porque he llegado al final», le dijo el primado de Polonia. «Yo bendigo esa boca, que ha hablado de Cristo, bendigo esas manos que tanto bien han hecho…», le respondió el Papa.

Otro de los aspectos que ha querido reflejar la película es el sentido del humor de Juan Pablo II. Cuenta la historia de un nuncio italiano en África, que tras la operación que el Papa sufrió en 1992, fue a verle a la residencia de Castel Gandolfo.

A final del encuentro, el nuncio le dice al Papa: «¡Qué bien está, Santidad!», e insistía: «¡Qué bien está!». El Papa, según él mismo contaría, pensaba: «¿Por qué insiste tanto?». Y el nuncio continuaba con diplomacia: «Está muy bien, Santidad. ¡Está mejor que antes de la operación!». Entonces el Papa le respondió: «¿Por qué no se opera también usted?».

Svidercoschi cuenta que algunos le han criticado el haber mostrado los sufrimientos del Papa, pues parece «como un puñetazo en el estómago». En realidad, responde, «nadie se daba cuenta que desde 1992 ya tenía Parkinson. Ha vivido la mitad de su pontificado sufriendo. Esto se percibe en la película».

Un año después de la muerte, lo que más le impresiona al escritor y periodista es que todavía hay gente que sigue descubriendo a Juan Pablo II y, con él, la fe. «Muchas personas me dicen que su vida cambió con un encuentro con el Papa, o en los días de la muerte, porque redescubrieron la fe».

«En cierto sentido, con él, cambió la manera de vivir la fe –aclara–. Antes era una fe más intimista. Sin embargo, la gente pasó 18 horas haciendo la cola para poder ver al Papa cuando falleció. Muchos cantaban… Creo que es «el Papa de la encarnación», pues ha hecho ver el rostro de Cristo, ha acercado elementos que durante siglos eran contrapuestos, lo sagrado y lo profano. Ha acercado el cielo y la tierra. Puedes sufrir, pero también disfrutar en esta tierra».

«Y sigue haciéndolo –añade–. Basta pensar en Benedicto XVI, un Papa de 78 años, que era el «guardián» de la doctrina, y sin embargo, ahora está enseñando la alegría de la vida cristiana. Es algo excepcional y al mismo tiempo normal para la Iglesia. Un Papa que logra hablar de amor, de «eros», de «ágape», como pocos lo han hecho».

«Hemos visto verdaderamente en su nombramiento al Espíritu Santo, porque ¿quién podía imaginar un sucesor para Juan Pablo II?», concluye.

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ZENIT Staff

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