«Sin maestros, sin familia, sin Iglesia» el futuro es amenazador

Alerta el director del Instituto Empresa y Humanismo (Universidad de Navarra)

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MADRID, lunes, 20, noviembre 2006 (ZENIT.org).- Sin «las tres grandes columnas de la educación» -maestros, familia, Iglesia-, «a la sociedad le espera un futuro amenazador», pues las personas no pueden humanizarse bien, advierte el director del Instituto Empresa y Humanismo (Universidad de Navarra, España).

«Creado con dignidad propia» fue el tema que afrontó el profesor Rafael Alvira el viernes, en el marco del VIII Congreso Católicos y Vida Pública –iniciativa de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP, http://www.acdp.es/) y de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU (http://www.ceu.es/)-, una cita sobre «El desafío de ser hombre».

Aclarando equívocos actuales, el profesor Alvira recalcó la idea de la «autonomía del individuo libre» y la necesidad de «que usemos esa autonomía para servir libremente al prójimo». «Entonces somos dignos de verdad», expresó.

En sentido contrario, no es digno el «que no se atreve «a luchar buenamente para alcanzar una correcta autonomía» -prosiguió-, o el que instrumentaliza «a los demás para propios fines egoístas», o el que es un «»gregario» que sirve sin verdadera libertad».

Lo contrario de la dignidad es la indignidad, «pero lo contradictorio –lo que no tiene nada que ver con ella- es la vulgaridad», y ésta –siguió el profesor Alvira- la definió Cicerón como no saber captar la grandeza, y Séneca como no saber distinguir lo aparente de lo real, y seguir las apariencias.

«Todo lo verdaderamente real posee grandeza, mientras que el mundo de las apariencias es el de la pequeñez de espíritu», y -lamentó- «vivimos en un mundo de apariencias y en el que se rechaza toda auténtica grandeza de espíritu», «somos individualistas, buscamos continuamente seguridad, y vivimos de ensoñaciones y superficialidades».

En cambio «el que se da cuenta de todo el valor que tiene cada realidad» es el agradecido -siguió-: la analiza, la estudia, la atiende, la cuida.

Y «descubrir la fuerza de la realidad, de la vida, como don, es captar su dimensión amorosa: la realidad se me da. Y es ahí donde entrevemos la creación, pues el amor crea y sólo él es creador». Y ahí está «la verdadera riqueza»: «en la capacidad de creación, en la vida», reconoció

«Es el ejercicio de esa capacidad lo que nos engrandece, lo que nos ennoblece» -explicó el profesor Alvira-; «el que hace crecer el saber crece él y ayuda a crecer el saber de los demás: por eso tiene autoridad»; «el que hace crecer la justicia gobierna bien», «crece él y hace crecer la vida de los demás: por eso goza de reconocimiento su potestad»; «el que hace crecer la humanidad misma, crece -él y ella- en sus hijos y los hace crecer como humanos: por eso tiene la extraordinaria nobleza de la paternidad y maternidad»; y «el que hace crecer todo y misteriosamente «crece» con su creación es Dios: por eso merece la máxima veneración».

«Autoridad, potestad, paternidad, omnipotencia amorosa: esas son las dignidades» -enumeró-, y «sin ellas, o en la disminución de ellas, los nacidos como seres humanos no alcanzan a humanizarse bien».

Por lo tanto -subrayó-, «sin maestros, sin familia, sin Iglesia -las tres grandes columnas de la educación- a la sociedad le espera un futuro amenazador»; de ahí la necesidad, también, de que el ser humano acepte la dignidad que le es ofrecida como ser creado y respete las dignidades.

«Quizás nos sucede que, sin darnos cuenta -concluyó-, no nos atrevemos a ser lo que somos: seres que han de conquistar su autonomía en y a través del servicio».

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ZENIT Staff

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