Llamamiento de los obispos de Oaxaca y Chiapas

«No podemos permanecer indiferentes ante tanto sufrimiento»

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TEHUANTEPEC, jueves, 30 de noviembre de 2006 (ZENIT.orgEl Observador).- Los obispos de de la Región Pastoral del Pacífico Sur de México (Oaxaca y Chiapas), reunidos en Tehuantepec, Oaxaca, hicieron público un comunicado con fecha de 29 de noviembre, en el que comunican su postura ante la grave situación que atraviesa el estado de Oaxaca.

Los obispos de Oaxaca y Chiapas se reunieron con sacerdotes, religiosas, religiosos, laicas y laicos de la Región Pacífico Sur, para, informan en su comunicado, «dialogar y analizar las implicaciones que tiene la inculturación del Evangelio y de la Iglesia en las diferentes áreas de pastoral de nuestras diócesis».

Durante la reunión dedicaron un tiempo «a reflexionar sobre la situación que se vive en Oaxaca» y consideran oportuno «compartir con las comunidades cristianas y personas de buena voluntad», una serie de observaciones sobre la situación.

«No podemos –afirman–, por exigencia evangélica, permanecer indiferentes ante el sufrimiento de tantas personas que padecen ya largos meses de incertidumbre y angustia, situación que se ha venido gestando desde hace décadas».

«La corrupción a todos los niveles –denuncian–, el caciquismo, los asesinatos, la impunidad, la persecución, las cárceles, el desempleo, las distintas formas de violencia y vandalismo, la destrucción, las divisiones y confrontaciones agresivas, son un llamado a nuestra conciencia para preguntarnos hasta dónde ha calado el Evangelio en la vida diaria de nuestros pueblos, pues lo que se está viviendo no es conforme con la voluntad de nuestro Padre Dios, quien desea una vida digna para todos y que convivamos como hermanos, respetándonos unos a otros».

Los obispos de Oaxaca y Chiapas son conscientes «de que no es sencillo analizar el conflicto actual, pues se mezclan muchas intenciones y hay muchos intereses particulares y de grupos».
Reconocen que, en el fondo, «hay muchas situaciones de injusticia, que violentan permanentemente la convivencia social; pareciera que no queda otro remedio que soportar las arbitrariedades de una estructura social, económica y política que lesiona gravemente los derechos fundamentales de las personas, en particular de los más pobres y excluidos».
Recuerdan que «la insurrección de 1994 en Chiapas, la situación actual en Oaxaca, la migración añeja y reciente y otros conflictos de nuestros Estados, son síntomas claros de una injusticia estructural».

A este respecto afirman que «mientras no se hagan, con la colaboración de todos los sectores, las reformas legales, económicas, políticas, educativas, electorales y sociales, que con urgencia reclama el momento, siempre seguirá latente el peligro de nuevos brotes de violencia que amenacen la paz social».

Por su parte, ofrecen «los criterios del Evangelio, que iluminan a todos los implicados, para construir la vida y la dignidad de las personas y de los pueblos, y señalar con firmeza lo que las destruya» afirmando que no se pueden identificar «absolutamente con todo lo que hace y dice alguna de las partes».

«Nuestra única y suprema opción es por Jesucristo, por su Reino –añaden los prelados mexicanos–. Queremos que su Palabra guíe nuestros criterios y decisiones. Y su primera llamada es a la conversión. Convirtámonos, para que haya justicia, verdad, reconciliación, paz y amor. Mientras cada quien no reconozca sus errores y sólo condene a los otros, no es posible ninguna solución».

Los firmantes del comunicado hacen un llamamiento urgente «a las partes en conflicto, para que den muestras de respeto mutuo, evitando más daños al pueblo oaxaqueño».

Afirman que «hay que privilegiar la escucha humilde, el diálogo inteligente, el discernimiento evangélico y los métodos no violentos. Es tiempo de demostrar la generosidad del corazón, cediendo en aquellas actitudes cerradas que hacen imposible avanzar en la solución del problema. Lo que importa es el bien común, no defender una posición personal o de grupo que haga más graves los sufrimientos de la comunidad. La paz social, enraizada en la justicia y en la verdad, es un valor de primer orden, para quien busca el bienestar de un pueblo».

Insisten a las autoridades federales y estatales, a los legisladores, a los líderes de grupos y organizaciones, a los maestros, a los empresarios, comerciantes y dirigentes sociales, «a ser sensibles ante los reclamos justos del pueblo, gobernar con honestidad y transparencia, no abusar del poder para reprimir, no manipular ni lucrar con la ignorancia y la pobreza de la gente».

Y les dirigen un interrogante: «¿Se han preguntado en conciencia si su forma de proceder y los métodos que han utilizado están inspirados en un genuino deseo servir al pueblo, y si son coherentes con las propuestas y demandas de justicia que se hacen?»

Los obispos de Oaxaca y Chiapas reconocen la importancia de los medios informativos, de los cuales esperan «que sean objetivos y veraces». «El pueblo los necesita para construir un país en donde todos nos comprometamos en la justicia, la paz y la reconciliación, sin abonar más a la confrontación que nos destruye», añaden.

Piden a los sacerdotes, a las religiosas y demás agentes de pastoral, «que se mantengan muy cerca de su pueblo, con el corazón dispuesto a acoger los sufrimientos de los pobres, con la mente despierta para discernir con el Evangelio las actitudes de las partes en conflicto, y con la invitación permanente al perdón, a la reconciliación y a la unidad entre los hijos de un mismo pueblo. Nadie puede ser indiferente ante esta realidad. Sólo así seremos fieles discípulos de Jesús y nuestros pueblos tendrán vida plena en El».

Invitan, «en este momento coyuntural de cambio en el gobierno federal», «a las comunidades cristianas a intensificar su oración, para que se nos conceda a todos el Espíritu de sabiduría e inteligencia, y hagamos lo que nos corresponde, pues la construcción de un nuevo pacto social no es tarea exclusiva de los gobernantes, sino que nos involucra a todos».

«Al iniciar el Adviento –concluyen–, tiempo de gracia y de esperanza, ponemos a Oaxaca, a Chiapas y a todo nuestro país en el corazón materno de Santa María de Guadalupe, para que los moradores de estas tierras construyamos la casa común, donde nos podamos sentir todos hermanos».

Firman el comunicado los arzobispos José Luis Chávez, de Antequera-Oaxaca y Rogelio Cabrera, de Chiapas, los obispos Leopoldo González, de Tapachula, Felipe Padilla, de Tehuantepec, Eduardo Carmona, de Puerto Escondido, José Antonio Fernández, de Tuxtepec, Felipe Arizmendi, de San Cristóbal, Héctor Luis Morales, de Huautla, los obispos auxiliares Enrique Díaz , de San Cristóbal, José Díaz, de Tehuantepec, Oscar Campos, de Antequera-Oaxaca y el padre Pedro González, administrador de la Prelatura Mixe.

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ZENIT Staff

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