Luces y sombras de la familia en Latinoamérica

Entrevista con monseñor Aguilar Martínez, presidente de la Comisión del episcopado mexicano para la Familia

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TEHUACÁN, domingo, 11 de enero de 2009 (ZENIT.org-El Observador).- «El VI Encuentro Mundial de Familias es un kairós, una experiencia de Gracia, es la presencia amorosa de Jesucristo que nos ama y cumple su promesa de estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo», explica en esta entrevista concedida a ZENIT-El Observador monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán y presidente de la Comisión Episcopal para la Familia, Juventud y Laicos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

Ante el VI Encuentro Mundial de las Familias a celebrarse del 14 al 18 de este mes, el encargado de la familia entre los obispos mexicanos habla de las luces y las sombras que enfrenta la familia en México y en América Latina y enfoca el Encuentro desde el punto de vista de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se celebró en mayo del año pasado, en Aparecida (Brasil).

–¿Cómo percibe la realidad que vive la institución familiar en nuestro país?

–Monseñor Rodrigo Aguilar:  Podemos hablar de algunas «sombras». Lo primero que golpea es la situación económica. Muchas familias viven en la miseria, con angustia para salir adelante en lo material. Pero también está el problema de familias que no saben administrar sus ingresos económicos, gastando inadecuadamente. Décadas atrás, muchas familias vivían con menos dinero pero con más paz. El hecho es que se han disparado los extremos en lo socioeconómico: frente a familias que viven de manera demasiado holgada y aun ostentosa, otras viven al día y con crecientes deudas. Se ha acentuado la mentalidad consumista, unida a la búsqueda de placer a toda costa.

Se ha tergiversado la recta jerarquía de valores. Más aún, la mentalidad relativista que nos invade prescinde de los valores universales y pregona los valores a medida individual y privada o como fruto de consenso cultural, social, político e incluso religioso. La disminución o pérdida del sentido de trascendencia se manifiesta, desde luego, en la pérdida del sentido de Dios, el cual incluso muchas veces ya no se rechaza, simplemente no se tiene en cuenta.

Hay mucha sensación de soledad. Con frecuencia la comunicación en la familia es superficial y funcional. Se van rompiendo los vínculos duraderos. Con frecuencia se ve el sexo como camino para el placer, sin compromiso conyugal y sin apertura a la procreación.

Ya el matrimonio para muchos no es base familiar; se pretende equiparar el matrimonio con relaciones basadas en lo emotivo, incluso entre personas del mismo sexo, sin ningún sentido de contrato social o sacramental.

Se está perdiendo el respeto a la vida humana, con múltiples manifestaciones como el aborto o, en el otro extremo, la obsesión por el hijo a toda costa, con manipulación de embriones o renta de úteros. También contra el respeto a la vida humana está la creciente inseguridad y presencia del crimen organizado, con elevados índices de impunidad.

Pero también hay «luces» en la institución familiar, la cual sigue siendo baluarte en el desarrollo de muchas personas. La familia sigue siendo un valor estimado para muchas personas. Gracias a Dios, sigue habiendo muchas familias que son santuario de la vida, comunidad de personas unidas que se aman, solidarias en las necesidades sociales, que promueven con dedicación ser discípulos y misioneros de Jesucristo. 

–En su país se han aprobado leyes que abiertamente atentan contra la familia -el aborto, el divorcio exprés, las sociedades de convivencia, ¿a dónde nos encaminamos?

–Monseñor Rodrigo Aguilar: Quisiera pensar que quienes han promovido esas leyes pretenden asegurar un sentido de progreso, de desarrollo social; pero aunque la intención pudiera ser sana, ciertamente las bases antropológicas son equivocadas. El ser humano se construye sobre la libertad que es responsable, no sobre una libertad carente de ética; sobre la aceptación de la dignidad de la vida humana por el hecho de existir como ser humano, desde la concepción y  hasta el término de la muerte natural; sobre la aceptación de la identidad sexual de varón o de mujer. Dichas leyes, sustentadas en un relativismo y un laicismo a ultranza, pretenden promover un cambio conceptual de ser humano y de sociedad, por lo mismo, un cambio de época.

–Ante tales ataques ¿cómo es posible salvaguardar la  familia?

–Monseñor Rodrigo Aguilar:  Esas leyes son, efectivamente, un ataque contra la familia, al darle un significado tan plural y elástico que pierda su actual sentido, con la pretensión de identificar a la familia como toda relación de dos o más personas con cierto afecto y convivencia juntos. Este tipo de familia no significa progreso, sino desastre, la destrucción de la sociedad. Es importante salvaguardar la familia natural, o sea la unión estable y duradera de varón y mujer, de preferencia mediante contrato civil e incluso sacramental y abierto a la procreación.

Este tipo de familia es célula básica de la sociedad, la que garantiza y consolida el amor maduro de los cónyuges, la entrega paterno-materna y filial, el sentido de fraternidad. Efectivamente, tanto el varón como la mujer maduros esperan reciprocidad estable en la entrega de su amor; los esposos que se convierten en padres, esperan una atmósfera favorable para la educación de sus hijos; los hijos tienen derecho a papá y mamá constantes e inalterables a lo largo de su vida.

Afortunadamente la sociedad está despertando: por ejemplo ante las leyes a favor del aborto en algunos estados mexicanos, en otros se está promoviendo en la legislación correspondiente la defensa de la vida humana desde la concepción. Esto mismo se podría promover en relación al matrimonio y la familia.

Así como se habla de bio-ética, también debemos hablar de bio-medicina, bio-derecho, bio-informática, en lo que toda persona de buena voluntad está involucrada.

–¿Qué retos le presenta el tiempo actual a la Iglesia en cuestión de familia?

–Monseñor Rodrigo Aguilar:  El Documento de Aparecida dice que «dado que la familia es el valor más querido por nuestros pueblos, creemos que debe asumirse la preocupación por ella como uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia». En muchas diócesis de nuestra patria ya se va definiendo el trabajo en bien de la familia precisamente como uno de los ejes transversales de toda la pastoral.

En la Dimensión de la Pastoral de la Familia ofrecemos a las diócesis y a las provincias, a nivel subsidiario, material y apoyo para la estructuración de la pastoral familiar, por ejemplo en estos aspectos: Lo que se refiere al valor de la vida humana, al acompañamiento de parejas de novios que pretenden casarse, a matrimonios en situaciones difíciles, a parejas en situaciones irregulares, formación de agentes de pastoral familiar, acompañamiento a movimientos a favor de la familia.

Falta mucho por hacer: ser eficaces en el trabajo pastoral; o sea que no basta hacer mucho, sino hacerlo bien para que dé frutos en el acompañamiento a las familias en todas las fases de su desarrollo. Que la pastoral en bien de la familia se integre a la pastoral orgánica o de conjunto y, a su vez, que se integre a la pastoral con espíritu misionero: todos unidos para formar en cada bautizado un perseverante discípulo y un apasionado misionero de Jesucristo; y que anunciar, celebrar, vivir y servir a Jesucristo no sea una carga, sino un gozo.

–¿Qué frutos podemos esperar del Encuentro Mundial de las Familias? Las familias que no estarán presentes en el encuentro, ¿cómo pueden enriquecerse de este acontecimiento?

–Monseñor Rodrigo Aguilar: El tema bajo el cual nos convoca el Papa Benedicto XVI al VI Encuentro es muy sugestivo y pertinente: «La familia, formadora en los valores humanos y cristianos». Mucho se menciona que la
clave es la formación en valores; de modo que el Encuentro nos ayudará con sus reflexiones y propuestas. Para quienes no puedan asistir, posteriormente se editarán las conferencias pronunciadas, tanto en el idioma original como en su traducción al español.

Si, por una parte, la situación actual de nuestra patria y del mundo entero, se debate en posturas encontradas en relación a la vida, el matrimonio y la familia, por otra parte esas situaciones se convierten en oportunidad para forjar nuestra identidad y nuestros proyectos de vida como ciudadanos y como discípulos y misioneros de Jesucristo. El VI Encuentro Mundial de Familias es un «Kairós», una experiencia de Gracia, es la presencia amorosa de Jesucristo que nos ama y cumple su promesa de estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. 

Por Gilberto Hernández

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ZENIT Staff

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