I Encuentro Latinoamericano de Animación Bíblica de la Pastoral

“La Palabra de vida, fuente de discipulado y misión”

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BOGOTÁ, jueves, 16 julio 2009 (ZENIT.org).- Del 9 al 12 de julio celebró el Primer Encuentro Latinoamericano de Animación Bíblica de la Pastoral, en Bogotá, Colombia, con el lema «La Palabra de vida, fuente de discipulado y misión». A su término los participantes hicieron público un mensaje. El encuentro fue organizado por el Centro Bíblico de Pastoral de América Latina (CEBIPAL), dependiente del CELAM.
 
En el encuentro se han reunido obispos y directores de Animación Bíblica de la Pastoral (sacerdotes, religiosas, y laicos) de las Conferencias Episcopales de México, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile y Colombia, para ver, reflexionar y proyectar la Animación Bíblica de la Pastoral de la Iglesia (ABP), informa el CEBIPAL.
 
«Hemos querido compartir con el pueblo de Dios que peregrina en estas tierras, nuestras reflexiones y conclusiones», dice el mensaje.
 
Se dicen inspirados por los documentos del Magisterio de la Iglesia: la Dei Verbum del Vaticano II y el Documento de Aparecida, así como las experiencias de los anteriores encuentros regionales de Pastoral Bíblica.
 
«La reflexión sobre el caminar de la Pastoral Bíblica en nuestras Iglesias -afirman- nos ha permitido comprobar las fortalezas y debilidades, las oportunidades y desafíos que nos animan e impulsan en nuestra labor pastoral».
 
Observan que en los últimos años, «por una parte, la Pastoral Bíblica se entiende como el proceso de animación bíblica de la vida pastoral de la Iglesia y, por otra, que se ha dado un salto cualitativo en la compresión de esta animación, en el sentido de que la Palabra de Dios es la fuente o el alma de la vida de la Iglesia, como lo es la Eucaristía (DV21)».
 
«La Biblia es, en consecuencia, una mediación entre el autor sagrado, por quien nos llega la Palabra de Dios, y el lector cristiano. Nuestro camino ha conducido al surgimiento de un nuevo paradigma de la Pastoral Bíblica», añaden.
 
Entre las fortalezas que han compartido los participantes está «el despertar del pueblo de Dios a la escucha, meditación, oración y puesta en práctica de la Palabra; la experiencia de Lectio Divina; los diversos materiales de ABP que cada Iglesia particular está generando; la Semana o Mes de la Biblia que prácticamente se celebra en todos los países con gran acogida; las comisiones nacionales de pastoral bíblica, por lo general en conjunto con la Catequesis; los idearios u orientaciones de Pastoral Bíblica en algunas Iglesias».
 
Consideran «como una de las grandes oportunidades la participación del pueblo fiel en la celebración litúrgica de la Palabra y de la Eucaristía».
 
Proponen «a los sacerdotes un mayor interés en preparar las homilías, más centradas en la Palabra de Dios, según la invitación que nos hace Aparecida».
 
Con Benedicto XVI, indican, «los sacerdotes debemos preguntarnos: ‘¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? ¿La conocemos verdaderamente? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento?'».
 
Aseguran que la ABP «está dando origen a la formación de discípulos misioneros que [tal como afirma Aparecida] ‘anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos'».
 
Consideran imperativo, por tanto, «que los fieles tengan amplio acceso a la Palabra de Dios, adquiriendo, ante todo, el libro de la Biblia y contando con subsidios que les permitan iniciarse en su lectura, para que alcancen la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, Palabra encarnada del Padre, centro de toda la Escritura».
 
Ven con claridad «cómo en nuestras diócesis crece el número de agentes de pastoral, desde los laicos y consagrados hasta los presbíteros, que reclaman una mejor formación bíblica, que los capacite para una acción misionera en conformidad con la conciencia de una nueva evangelización, cuya expresión más amplia y profunda se realice en la Misión Continental».
 
Por último, regresan a sus Iglesias particulares «con ánimo firme y renovada esperanza en que el recorrer de la ABP en los próximos años, hará arder los corazones de los creyentes convirtiéndolos en discípulos misioneros que anuncian el Reino de Dios para la transformación de la realidad de nuestros pueblos. En nuestro caminar nos acompaña la Virgen María, primera discípula de Jesús, la oyente fiel cumplidora de la Palabra».

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ZENIT Staff

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