Las últimas palabras del sacerdote asesinado en Cuba: “te perdono”

El padre Isidro Hoyos afirma que así lo confesó el presunto asesino

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SANTANDER, miércoles, 22 julio 2009 (ZENIT.org).- El padre Isidro Hoyos, sacerdote que ejerce su ministerio en Cuba, y amigo del sacerdote asesinado en ese país, Mariano Arroyo, ha revelado que las últimas palabras que dijo el sacerdote, según ha confesado su presunto asesino, fueron «te perdono».
 
El padre Isidro Hoyos ha hecho esta revelación en una entrevista concedida al «Diario Montañés» de Santander, España, ciudad donde se encuentra descansando, capital de la comunidad autónoma española en la que ha sido enterrado el padre Arroyo.
 
Isidro Hoyos (Reinosilla, 1934) conoció a Mariano Arroyo, natural de Cabezón de la Sal, en 1970 en Madrid. Con él se marchó para ejercer su ministerio sacerdotal a La Habana en 2001, cuando alcanzó la edad de jubilación en España.
 
El pasado día 13, la policía cubana encontró el cadáver del padre Mariano en su casa. Había sido apuñalado y quemado. Sólo cuatro meses antes, otro sacerdote compañero de ambos, Eduardo de la Fuente, también fue víctima de un crimen en la misma ciudad.
 
Isidro decidió irse a Cuba por influencia de Mariano Arroyo en el año 2000: «Sí, coincidió que ese verano estaba aquí Mariano, que ya llevaba muchos años en La Habana. Se lo dije, le pareció bien y me marché. Vivimos juntos cuatro años y luego me asignaron a la barriada de Alamar, en La Habana».
 
Allí desarrolla su misión en «un poblado que se creó a partir de la Revolución de Castro, pero un poblado con más de 100.000 habitantes. Más bien es una ciudad dormitorio».
 
La suya es la única parroquia: «Es una casita con un patio, un granito de arena entre la inmensa multitud. Los domingos es cuando tenemos las celebraciones, y asisten unas 300 personas. Es poco, pero antes no había nada».
 
Para el padre Isidro no es difícil ser sacerdote en La Habana: «La gente te trata muy bien. Yo no estaba acostumbrado a la adoración que sienten allí por la figura del sacerdote. Los cubanos son muy reverentes con lo sagrado».
 
Está de acuerdo en que las muertes de los dos sacerdotes no están relacionadas y en que el móvil de la segunda fue el robo: «Mariano tenía una caja fuerte grande, pero no guardaba mucho de valor, sólo una corona de la Virgen que tenía más valor sentimental que monetario. Era muy vieja. Si había dinero, no sería mucho. Mariano acababa de hacer obras en la parroquia porque estaba en muy malas condiciones. Y si tenía dinero de donaciones no lo guardaba en casa, sino en el Obispado. Desde luego, si el ladrón le hubiera dado a elegir entre la bolsa o la vida, seguro que Mariano le hubiera dado el dinero sin problemas».
 
Los dos detenidos por las muertes de los sacerdotes ya han confesado. Isidro comenta: «Sí, y el que mató a Mariano desveló que sus últimas palabras fueron: ‘Te perdono'».
 
¿Sería eso propio del padre Mariano? «Sí, sí –responde–. Era un hombre profundamente religioso. Era muy coherente, muy austero».
 
Y usted, ¿los ha perdonado? «Hay una frase del Evangelio que dice: ‘Perdónales, porque no saben lo que hacen’. Es tal disparate quitarle la vida a alguien que realmente creo que no sabían lo que hacían».
 
No le sorprendió la multitud que acudió al funeral en La Habana: «Me imaginaba algo así. Mariano era muy conocido allí. Creo que después de las manifestaciones de Castro ésta ha sido la mayor que ha vivido La Habana».
 
El sacerdote piensa volver a Cuba el próximo 28 de agosto y asegura que no tiene miedo: «No. Tampoco creo que esto vaya a ser una cadena que no termina nunca. Tengo un compromiso con aquella gente y lo voy a cumplir. Me parece una cobardía no volver. No digo que yo sea necesario, pero me veo obligado a hacerlo».
 

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ZENIT Staff

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