La Santa Sede propone a los musulmanes luchar juntos contra la pobreza

Mensaje por el final del Ramadán

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 11 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Tanto los cristianos como los musulmanes son invitados, por sus respectivos credos religiosos, a luchar contra la pobreza, una lucha que podrían unir sus fuerzas. Es el mensaje lanzado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, hecho público hoy con motivo del fin del Ramadán.

Con este tradicional mensaje, la Santa Sede felicita todos los años a los creyentes musulmanes por la ‘Id al-Fitr’, la fiesta con la que concluye el mes de ayuno.

En el de este año, que firma el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente de este dicasterio, hace referencia al Mensaje de la Jornada Mundial por la Paz de Benedicto XVI, y a la encíclica Caritas in Veritate, sobre la «pobreza inaceptable».

«Todos sabemos que la pobreza humilla y genera sufrimientos intolerables; estos están a menudo en el origen del aislamiento, de la ira, incluso del odio y del deseo de venganza», afirma.

El purpurado advierte que la pobreza está en la base de la violencia que «empuja a acciones hostiles con todos los medios disponibles, buscando justificarlos también con consideraciones de orden religiosas: apoderarse, en nombre de una pretendida ‘justicia divina’, de la riqueza del otro, incluyendo su paz y su seguridad».

Para luchar contra el extremismo, por tanto, «exige necesariamente la lucha contra la pobreza a través de la promoción de un desarrollo humano integral».

Esta ayuda al pobre es un precepto común en ambas religione: «la atención, la compasión y la ayuda que todos, hermanos y hermanas en humanidad, es una prueba viviente del Amor del Altísimo», añade el mensaje.

«Como creyentes, desear la concertación para buscar juntos soluciones justas y duraderas al flagelo de la pobreza significa también reflexionar sobre los graves problemas de nuestro tiempo y, cuando es posible, comprometerse juntos para encontrar una respuesta».

«Una mirada atenta sobre el complejo fenómeno de la pobreza nos conduce a ver en ella fundamentalmente el origen en la falta de respeto de la dignidad innata de la persona humana, y nos llama a una solidaridad global, por ejemplo a través de la adopción de un código ético común», añadió.

El cardenal Tauran subrayó que este campo puede también ayudar al diálogo interreligioso, como este propio mensaje anual, que, subraya, «se ha convertido no sólo en una costumbre, sino en una cita esperada».

«En muchos países, supone una ocasión de encuentro amistoso entre numerosos cristianos y musulmanes. No es raro, al contrario, que corresponda a una preocupación compartida, propicia para intercambios confiados y abiertos».

«Parece que en diversos lugares del mundo hemos pasado de la tolerancia al encuentro, a partir de una visión común y de preocupaciones compartidas. Esto es ya un importante objetivo alcanzado», destaca el cardenal.

«Poniendo a disposición de todos la riqueza que brota de la oración, del ayuno y de la caridad de unos y otros, ¿no sería posible quizás que el diálogo movilizara las fuerzas vivas de cuantos están en camino hacia Dios? El pobre nos interpela, nos desafía, pero sobre todo nos invita a colaborar por una noble causa: ¡la de vencer su pobreza!», concluye.

[Por Inma Álvarez]

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ZENIT Staff

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