Benedicto XVI llama los checos a redescubrir sus raíces cristianas

Discurso en la ceremonia de bienvenida

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PRAGA, sábado, 27 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha comenzado este sábado su viaje apostólico a la República Checa lanzando un llamamiento a sus habitantes a redescubrir sus raíces cristianas.

En la ceremonia de bienvenida, a las 11,30 en el aeropuerto internacional de Stará Ruzyne de Praga, tras las palabras del presidente checo Václav Klaus, el Papa fue acogido por una pareja de jóvenes que le entregó los dones típicos de la cultura de esta nación, el pan, la sal y algo de su tierra.

«Esto me recuerda cuán profundamente la cultura checa está impregnada por el cristianismo –reconoció–, desde el momento en que estos elementos del pan y de la sal tienen un significado particular ente las imágenes del Nuevo Testamento».

«Si toda la cultura europea está profundamente plasmada por la herencia cristiana, esto es verdad de modo particular en las tierras checas, porque gracias a la acción misionera de los santos Cirilo y Metodio en el siglo IX, la antigua lengua eslava fue por primera vez puesta por escrito. Con razón ellos, apóstoles de los pueblos eslavos y fundadores de su cultura, son venerados como Patronos de Europa. Además, es digno de mención el hecho de que estos dos grandes santos de la tradición bizantina hayan encontrado aquí a misioneros procedentes del Occidente latino».

Además, el Santo Padre destacó que en su historia este territorio, puesto en el corazón del continente europeo, en la encrucijada entre el norte y el sur, el este y el oeste, ha sido un punto de encuentro de pueblos, tradiciones y culturas diversas.

Sin embargo, dijo Benedicto XVI, con el pasar del tiempo, se ha revelado como un encuentro fructuoso; de donde surge «el significativo papel que las tierras checas han jugado en la historia intelectual, cultural y religiosa de Europa, a veces como un campo de batalla y más frecuentemente como un punte».

En los próximos meses, señaló, se recordará el vigésimo aniversario de la «Revolución de terciopelo», que felizmente puso fin, de modo pacífico, a una época particularmente dura para este país, una época en que «la circulación de ideas y de movimientos culturales era rígidamente controlada».

«Sin embargo, no se debe subestimar el costo de cuarenta años de represión política. Una particular tragedia para esta tierra fue el intento despiadado, por parte del Gobierno de aquel tiempo, de acallar la voz de la Iglesia. En el curso de vuestra historia, desde la época de San Venceslao, de Santa Ludmilla y de San Adalberto hasta San Juan Nepomuceno, hubo mártires valerosos, cuya fidelidad a Cristo se ha hecho sentir con voz clara y más elocuente de la de sus asesinos».

Teniendo en cuenta que ahora ha sido recuperada la libertad religiosa, Benedicto XVI hizo un llamamiento a todos los ciudadanos de la República checa para que vuelvan a descubrir las tradiciones cristianas que han plasmado su cultura y exhortó a la comunidad cristiana a seguir haciendo sentir su propia voz mientras la nación debe afrontar los desafíos del nuevo milenio. Y lo hizo glosando el primer párrafo de la conclusión de su reciente encíclica social, Caritas in veritate»: «‘Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es’ (Caritas in veritate, 78). La verdad del Evangelio es indispensable para una sociedad próspera, puesto que abre a la esperanza y nos hace capaces de descubrir nuestra inalienable dignidad de hijos de Dios».

El Papa dijo al presidente checo que conoce su deseo de que a la religión se le reconozca «un papel mayor en las cuestiones del país». Y recordó que la bandera presidencial izada en el Castillo de Praga tiene como lema «La Verdad vence». Por esta razón, Benedicto XVI manifestó su firme deseo de que «la luz de la verdad siga guiando a esta nación tan bendecida en el curso de su historia por el testimonio de grandes santos y mártires».

Por otra parte, destacó que en esta «era de la ciencia» es significativo recodar el ejemplo de Johann Gregor Mendel, el abad agustino de Moravia, pionero en las investigaciones que pusieron los cimientos de la moderna genética.

«De semejante convergencia entre sabiduría de la fe e intuición de la razón el progreso auténtico de la humanidad ha servido para lo mejor. Ojalá que el pueblo checo goce siempre de los beneficios que provienen de esta feliz síntesis», concluyó.

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ZENIT Staff

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