Tras 20 años de la caída del Muro, sigue habiendo “diferencias fundamentales”

Entrevista al primer obispo de Berlín desde la reunificación de Alemania

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ROMA, lunes 9 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Recuerda con emoción el 9 de noviembre de 1989, cuando el Muro de Berlín era derribado tras más de 20 años de oposición. Ese Muro que dividía al Este del Oeste del mundo y que marcaba ese Telón de Acero que oponía a Estados Unidos y la Unión Soviética.

No podía creerlo: era un acontecimiento tan esperado, tan augurado por todo el mundo, y sobre todo por la Iglesia. Quien habla es el cardenal Georg Maximilian Sterzinsky, nacido en 1936, originario de Warlack, en Polonia.

El purpurado es obispo de Berlín desde el 28 de mayo de 1989, el primero tras la reunificación de Alemania. Crecido en una familia llena de hijos, perdió a la madre en edad muy tierna. En 1954 comenzó sus estudios filosóficos y teológicos en el seminario regional de Erfurt. En 1960 fue ordenado sacerdote.

Durante quince años, desde 1966 hasta 1981, fue párroco de la comunidad de San Juan Bautista en Jena, la comunidad parroquial más numerosa comprendida en el territorio de la ex-República Democrática Alemana.

Como obispo y presidente de la Conferencia Episcopal de Berlín vivió los acontecimientos que marcaron el final de 1989. Fue creado cardenal en 1991 por el Papa Juan Pablo II.

En esta entrevista a ZENIT explica la situación en la Alemania unida, pero también en las iglesias del país de Benedicto XVI evidenciando, con preocupación, las “diferencias fundamentales” aún existentes entre la Alemania del Este y la Alemania del Oeste.

-Eminencia, usted fue el primer arzobispo de Berlín tras la caída del Muro, ¿qué recuerda de aquellos momentos?

Monseñor Sterzinsky: Cuando cayó el Muro, el 9 de noviembre, estaba de viaje para mi visita de presentación al Santo Padre. Algunas semanas antes, el 9 de septiembre, había sido consagrado obispo. Al ver la televisión italiana vi a los ciudadanos de Berlín Este atravesando la frontera. No podía creerlo. El día después supe lo que había ocurrido gracias a la conferencia de prensa convocada por el entonces portavoz del Politburó, Günther Schabowski.

-¿Qué siente al recordar ese 9 de noviembre de 1989?

Monseñor Sterzinsky: Gratitud, sobre todo gratitud. Después de lo que había sucedido en la plaza Tienanmen, en Pekín, también nosotros en la República Democrática Alemana temíamos seriamente que se pudiese llegar a enfrentamientos violentos.

-Veinte años después de la caída del Muro, ¿cómo se vive hoy en el país? ¿Cuál es la situación de la Iglesia?

Monseñor Sterzinsky: La euforia por la caída del Muro se ha desvanecido. Nunca me había esperado que se llenasen las iglesias, a pesar de que esto era lo que habían siempre imaginado mis hermanos de los viejos Länder. Yo siempre objeté que también en sus diócesis las misas tampoco son tan mutitudinarias. En la Alemania del Este siempre hemos vivido en la diáspora y no creo que la gente en los tiempos de la República Democrática Alemana no se bautizara por miedo a ser perseguida.

Seguramente muchos han vuelto a poner en la Alemania nuevamente unida expectativas que no se han realizado. Y quien piensa ahora que en la República Democrática Alemana se puede vivir a pesar de todo muy bien, conserva un recuerdo adulterado de las cosas. Si bien el Este y el Oeste mientras tanto se han desarrollado juntos en muchos ámbitos, a mi parecer existen aún diferencias fundamentales. Aquellos que crecieron en los viejos Länder, son mucho más individualistas en su modo de pensar y de presentarse. Las personas que proceden de la Alemania del Este tienen en cambio un modo de sentir y de pensar más colectivo, tal y como sucedía antes. Se trata de otro gusto por la vida.

[Por Serena Sartini, traducción del italiano por Inma Álvarez]

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ZENIT Staff

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