El nuevo arzobispo de Santiago de Chile toma posesión

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La prioridad de monseñor Ezzati, la evangelización

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SANTIAGO, domingo, 16 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Una catedral metropolitana repleta de fieles dio una calurosa bienvenida a monseñor Ricardo Ezzati Andrello S.D.B., quien en la mañana de este sábado 15 de enero tomó posesión de su cargo como duodécimo arzobispo de Santiago de Chile, durante una emotiva celebración eucarística. 

Hasta el templo llegaron delegaciones de fieles de parroquias y capillas, de movimientos apostólicos y de asociaciones laicales; así como centenares de religiosos, religiosas, diáconos y sacerdotes.

A la ceremonia asistieron diversas autoridades civiles, entre las que destacaron el antiguo presidente Ricardo Lagos y su señora; el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter; el presidente del Senado, Jorge Pizarro; la presidenta de la Cámara de Diputados, Alejandra Sepúlveda; el rector de la Pontificia Universidad Católica, Ignacio Sánchez y el miembro del Tribunal Constitucional, José Antonio Viera Gallo, entre otras.

Acción de gracias

La solemne eucaristía de toma de posesión se inició con la procesión de entrada, presidida por el cardenal Francisco Javier Errázuriz, hasta ahora arzobispo de la capital chilena, y estuvo formada por el cardenal Jorge Medina, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino; el arzobispo Giuseppe Pinto, nuncio apostólico del Papa en el país, y la mayoría de los obispos chilenos.

Tras proclamarse la Bula de Benedicto XVI en la que se nombra a monseñor Ezzati como arzobispo de Santiago, se produjo el momento más emotivo de la ceremonia, cuando el cardenal Francisco Javier Errázuriz le cedió su lugar en la sede y le entregó el báculo, signo del pastor. 

Primera homilía

En su primera homilía como arzobispo de Santiago, monseñor Ezzati confesó su «experiencia cargada de asombro y de temor ante la llamada que sobrepasa las posibilidades humanas, que no dejan de confundir».

Al mismo tiempo, reconoció que se trata de una invitación del Señor «que ofrece gracias insospechadas y oportunidades de crecer en una renovada confianza y en un sereno abandono en Aquel que llama a seguirlo más cerca».

«Con estos sentimientos me presento ahora ante ustedes, hermanos y hermanas, de la Iglesia de Santiago como el apóstol Pablo ante la comunidad de Corinto, me presento a ustedes sin ‘el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el testimonio de Dios’, entre ustedes no pretendo ‘saber sino a Jesucristo y a este crucificado'».

A su familia y especialmente a su congregación religiosa, los salesianos, por la fe y añadiño: «Doy gracias a Dios, por pertenecer a la Iglesia de Jesucristo, Madre que me ha engendrado y alimentado en la fe, desde el seno de una parroquia primero, en la Congregación Salesiana después y finalmente, en el ejercicio del ministerio en tantos lugares y tareas». 

También agradeció al Papa por haber puesto su confianza en él.

Para evangelizar
Recordando el documento emanado de la V Conferencia de Obispos realizada en Aparecida, Brasil, resaltó el espíritu misionero que urge a cada católico: «En una época de cambios culturales radicales y profundos, como Iglesia proclamamos que conocer a Jesús por la fe es nuestro gozo, seguirlo es una gracia singular, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo honroso que, al llamarnos y al elegirnos, Él nos ha confiado».

Durante su homilía también hizo un llamado explícito a laicos, diáconos, religiosas, religiosos y sacerdotes para misionar en comunión. «Todos somos discípulos misioneros, pero enriquecidos de un don específico, propio de la vocación recibida. Esto comporta el compromiso de vivir en comunión, respetando e impulsando los dones que permiten que la Iglesia sea sacramento de Cristo».

Dirigiéndose a los presbíteros los llamó a vivir en santidad: «Nos duele en el alma constatar situaciones que han traicionado gravemente la identidad vocacional y la misión pastoral propia del presbítero, desfigurando el rostro del Buen Pastor. San Alberto Hurtado proclamado especial Patrono del presbiterio de Santiago, interceda por todos nosotros». Añadió: «No olviden que el presbítero, a imagen de Cristo, está llamado a ser hombre de la misericordia y de la compasión, cercano a su pueblo, servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes necesidades».

Finalmente, monseñor Ezzati destacó que la Iglesia existe para la vida del mundo: «La Iglesia existe para esto, para evangelizar con palabras y con hechos: palabras que explican los hechos y hechos que acompañan las palabras. Como Cristo, la Iglesia no vive para sí misma, sino para la vida del mundo». Exhortó a los católicos «a comprometerse para que nuestra Comunidad sea una Iglesia cercana y servidora, una Iglesia que se esmere partir y de volver a partir, desde dónde se encuentran las personas, ofreciéndoles la misma compañía que Jesús resucitado ofreció a los discípulos de Emaús». 

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ZENIT Staff

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