Por don Mauro Gagliardi*

ROMA, miércoles 12 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Con esta nueva colaboración sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios, reanudamos nuestra columna quincenal “Espíritu de la Liturgia”, dirigida por don Mauro Gagliardi.


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Se publicó el pasado lunes 18 de octubre, la Carta a los Seminaristas de Benedicto XVI, para concluir el Año Sacerdotal. En el nº 1, el Papa exhorta recordando que “quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un 'hombre de Dios' y esto concretamente significa que: El sacerdote no es el administrador de una asociación, que intenta mantenerla e incrementar el número de sus miembros. Es el mensajero de Dios entre los hombres. Quiere llevarlos a Dios, y que así crezca la comunión entre ellos. Por esto, queridos amigos, es tan importante que aprendáis a vivir en contacto permanente con Dios” (nº1).

En la enseñanza del Papa Benedicto, la oración es un “lugar” privilegiado de aprendizaje del estilo de vida cristiano. Por ejemplo, en la encíclica Spe Salvi, el Santo Padre presentó la oración como uno de los principales “lugares” de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza cristiana (cf. nn. 32-34). También en la Carta a los Seminaristas, está considerada como la manera concreta en la que el candidato al sacerdocio aprende a estar en íntima y continua comunión con el Señor: “Cuando el Señor dice: "Orad en todo momento", lógicamente no nos está pidiendo que recitemos continuamente oraciones, sino que nunca perdamos el trato interior con Dios. Ejercitarse en este trato es el sentido de nuestra oración. Por esto es importante que el día se inicie y concluya con la oración. Que escuchemos a Dios en la lectura de la Escritura. Que le contemos nuestros deseos y esperanzas, nuestras alegrías y sufrimientos, nuestros errores y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello, y que de esta manera esté siempre ante nuestros ojos como punto de referencia en nuestra vida”. (nº1).

En un pasaje posterior, Benedicto XVI recuerda que la oración en su estado perfecto es el culto público de la Iglesia, o sea la sagrada liturgia, y de forma privilegiada la Santa Misa, al respecto de lo cual el Papa precisa:

“Para celebrar bien la Eucaristía, es necesario también que aprendamos a conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresión concreta. En la liturgia rezamos con los fieles de todos los tiempos: pasado, presente y futuro se suman a un único y gran coro de oración. Por mi experiencia personal puedo afirmar que es entusiasmante aprender a entender poco a poco cómo todo esto ha ido creciendo, cuánta experiencia de fe hay en la estructura de la liturgia de la Misa, cuántas generaciones con su oración la han ido formando”. (nº2).

La liturgia se entiende de verdad sólo cuando nos introducimos en la Tradición viviente de la Iglesia, la cual recibimos como don que hay que preservar y vivir a su vez en espíritu de fe y de oración. Este es, por tanto, el espíritu justo para celebrar y participar en la liturgia. No se trata de producir emociones superficiales y pasajeras, a través de invenciones particulares para meterse en el rito, porque el verdadero “espíritu de la liturgia” es el espíritu de oración adorante, de quien está “delante de Dios para servirlo”(cf. Misal Romano [Pablo VI], “Plegaria Eucarística II”).

“Es entusiasmante- dice el Santo Padre en base a su experiencia personal- aprender a entender la liturgia con este sentido eclesial y dinámico de la verdadera Tradición. Para ésto, es necesaria la formación litúrgica, que ilumina las tinieblas de la ignorancia y derrumba los bastiones de la ideología, ayudando a comprender el sentido sagrado del culto divino y su relación con toda la historia de la fe, que la Iglesia cuida y profesa en sus propios hijos: cabeza y miembros, pastor y rebaño.

La formación litúrgica no es, ni puede ser, una renovada forma de iniciación gnóstica, un saber reservado a unos pocos. La formación litúrgica, si bien fundada sobre la seriedad de un estudio científico que no es para todos, debe traducirse de forma accesible para todos los fieles a los que es dirigida.

A las muchas y loables iniciativas, a nivel universal y local, dirigidas a cuidar la formación litúrgica del pueblo de Dios, se añade nuestro “Espíritu de la Liturgia”, que comienza hoy su tercer año de publicación. Acogiendo muchas peticiones, hemos decidido experimentar desde este año un mayor corte divulgativo, como se notará en la mayor brevedad de los artículos y en el número posteriormente reducido de referencias y de notas. Esta elección sacrifica, de un lado, el justo deseo de los articulistas de ofrecer más detalles y referencias sobre los temas tratados; pero esperamos que pueda favorecer, por otro lado, una difusión más amplia de nuestras reflexiones, de conseguir un número más elevado de lectores. A ellos va desde ahora, la gratitud de los autores de “Espíritu de Liturgia”, por la fidelidad y atención con la que nos han seguido durante los dos años anteriores y con la cual confiamos que nos quieran seguir leyendo.

Traducido del italiano por Carmen Álvarez


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*Don Mauro Gagliardi, doctor en teología y filosofía, es profesor de teología dogmática en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma y consultor del Ufficio delle Celebrazioni Liturgiche del Summo Pontífice.