ROMA, martes de 22 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Como refirió el pasado viernes 18 marzo la agencia AsiaNews, la comunidad cristiana de Malasia criticó duramente la decisión de las autoridades del País asiático de poner el sello oficial del ministerio del Interior sobre casi 5.100 ejemplares de la Biblia en lengua malaya, importadas desde Indonesia por cuenta de la Sociedad Bíblica de Malasia (BSM) y bloqueadas desde el 20 de marzo de 2009 (casi exactamente dos años) en el puerto de Klang, en el Estado de Selangor (Malasia Occidental o Peninsular).

Aunque si la BSM no había dado permiso, el ministerio (Kementerian Dalam Negeri o KDN en acrónimo malayo) informó a la organización de que el pasado 16 de marzo puso sobre la tapa de cada copia, el siguiente texto: “Advertencia: este 'Al Kitab Berita Baik' es sólo para uso de los cristianos. Por orden del ministerio del Interior.”. Según las autoridades malayas, “timbrar” y numerar cada ejemplar para garantizar la “trazabilidad” es la única manera de que se desbloquease las copias de la Sagrada Escritura o “Al Kitab” (“Lo escrito” o “El libro” en árabe y en malayo).

La reacción del BSM no se ha hecho esperar y ha sido más que explícita. “La Sociedad Bíblica de Malasia está preocupada por el modo en que la Biblia cristiana es marcada por los no cristianos, y sellada con palabras que los cristianos no han aceptado o consentido”, explica un comunicado del organismo publicado el mismo día (The Malesian Insider, 16 marzo). “En cuanto a libro sagrado de los cristianos, la Biblia debe ser tratada con el debido respeto consultando a los órganos competentes cristianos representativos antes de introducir cualquier texto externo en las Biblias”, continúa el comunicado de la sociedad, que ha rechazado con decisión la invitación por parte del ministerio de retirar los ejemplares “timbrados” en el almacén del puerto de Klang. La BSM recordó además al ministerio que los acuerdos alcanzados en el pasado y repetidos en una carta oficial en 2005 permiten a los cristianos “el acceso a su libro sagrado en la lengua Bahasa Malesia, siempre y cuando la cruz y las palabras 'sólo a los cristianos' sean estampados por los mismos cristianos”.

También ha sido claro el rechazo por parte de la Federación Cristiana de Malasia (CFM), organización fundada en 1985 que reúne a casi la totalidad de las denominaciones cristianas del país, inclusive la Conferencia Episcopal Católica de Malasia. “Toda persona que respeta las Sagradas Escrituras se horrorizaría con esta acción. No aceptaremos una profanación de la Biblia, porque la Palabra de Dios es sagrada para nosotros”, afirma un comunicado del presidente de la CFM, Ng Moon Hing (AsiaNews, 18 de marzo). Para el obispo anglicano de Malasia Occidental, la intervención del Ministerio de Interior da a entender que la Biblia en lengua Bahasa (la lengua común de Malasia) es “ahora tratada como un producto controlado, y la palabra de Dios es objeto de control por parte del hombre. Estos es totalmente ofensivo para los cristianos”.

Mientras que algunos grupos, entre los que destacar el Malesian Civil Liberties Movement (MCLM), han pedido la dimisión del Ministro de Interior, Datuk Seri Hishammuddin Hussein, este último ha defendido la iniciativa, declarando que la estampación de las Biblias no es una práctica nueva y que ha sido realizada con anterioridad por sus antecesores el Primer Ministro Abdullah Badawi (2003-2009) y Tun Mahathir bin Mohamad (1981-2003). Para el Ministro Hishammuddin, el clamor de los cristianos por lo que consideran una profanación de la Biblia es sólo un pretexto (The Malesian Insider, 18 marzo).

La cuestión de la “estampación” forzada de las Biblias está poniendo en riesgo las relaciones entre las autoridades malasias y la comunidad cristiana, relaciones que ya deterioradas después de otro “secuestro” de ejemplares de la Biblia, sucedido el pasado enero. Se trata de 30.000 ejemplares importados siempre de Indonesia por cuenta de la sección local de la Gideons International, importación bloqueada en el puerto de Kuching, en el estado de Sarawak (Borneo nordoccidental), porque “contenían palabras que se encontraban también en el Corán” (Compass Direct News, 14 marzo). Los ejemplares del Nuevo Testamento, de los Salmos y de Los Proverbios debían ser distribuidos en algunas áreas cristianas de Sarawak. Como recordaba Compass, casi dos tercios de los cristianos de Malasia (el 64%) pertenecen a la población indígena de los estados de Sabah y Sarawak, que utilizan como lengua común el malayo.

Con un tono insólitamente fuerte, que refleja la creciente frustración de la comunidad cristiana, el obispo Ng, presidente del CFM, denunció lo sucedido. "El CFM está muy desilusionado, cansado y furioso por los reiterados bloqueos de las Biblias escritas en nuestra lengua nacional”, se lee en un comunicado difundido el 10 de marzo (Compass, 14 marzo). "Parece – continúa el texto del organismo interconfesional – que las autoridades estén llevando a cabo un continuo, encubierto y sistemático programa contra los cristianos en Malasia, negándoles el acceso a la Biblia (en malayo)".

En el origen de los repetidos bloqueos de las Biblias en lengua malaya (no sucede, de hecho, con las copias en otras lenguas, por ejemplo con las copias inglesas) está la cuestión del uso por parte de los cristianos de la palabra “Allah” para llamar a Dios, que explotó el pasado 7 de enero de 2009, cuando el Ministerio del Interior prohibió a la archidiócesis de Kuala Lumpur usar el término en la sección de lengua malaya de su semanal, el Herald Weekly. Según el Ministerio, el uso del término por parte no musulmana puede “crear confusión y dañar el orden público (AsiaNews, 25 de febrero 2009)y además podría inducir a los musulmanes a convertirse al cristianismo.

Un recurso contra la prohibición presentada por el arzobispo de Kuala Lumpur, monseñor Tan Sri Murphy Pakiam, fue acogida el 31 de diciembre del mismo año, por el Tribunal Supremo, que confirmó el derecho constitucional de los cristianos a usar dicha palabra. Con la intención de impedir la aplicación de la sentencia, que ha provocado violentas protestas por parte de los musulmanes (una decena de iglesias atacadas en enero de 2010), el ministerio ha decidido impugnar el veredicto emitido por el juez Lau Bee Lan. Aunque el Tribunal de Apelación no ha establecido la fecha de la audiencia, la Iglesia tiene todas las cartas en regla para vencer en esta segunda fase de la batalla legal. Las fuentes confirman de hecho, que los cristianos de Malasia usaban la palabra “Allah”, antes que el nacimiento del Estado Federal de Malasia, que se produjo en 1963. Un diccionario latino-malayo del s. XVII demuestra sin equívocos el uso del término en sentido cristiano. Se trata del Dictionarium Malaicum-Latinun" y "Latinum-Malaicum" publicado en el lejano 1631 en Roma y reeditado recientemente con la intención de sostener la posición de la Iglesia Católica. “Y también para demostrar que el cristianismo lleva mucho tiempo aquí: 400 años”, destacó el director del Herald, Lawrence Andrew (AsiaNews, 22 de enero).

Además, como explicó en una entrevista concedida a ZENIT (6 de enero de 2010), el obispo de la diócesis católica de Melaka-Johor (Malasia Peninsular), monseñor Paul Tan Chee Ing, "en el Sagrado Corán, en la Sura 5,69 y en la Sura 22,17, incluso más explícitamente en la Sura 2,62 se dice que los judíos, los cristianos, los sabeos y los musulmanes dan culto a Allah". "¿Cómo puede, por tanto -dijo el prelado- un musulmán actuar en contra de su Sagrado Corán? No es posible. Y si lo hace es por ignorancia o por razones de oportunismo político". Para monseñor Tan, “sólo en los últimos tiempos , que no sólo 'Allah' sino que otras p alabras o frases de origen árabe -por ejemplo 'rasul', 'baitullah' etc.- han sido prohibidas a los fieles no musulmanes. No es una batalla lingüística . Es una batalla por los votos, o sea política".

Por Paul De Maeyer
[Traducción del italiano por Carmen Álvarez]

La acedía, tristeza del alma

Por monseñor Juan del Río Martín*

MADRID, martes 22 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Sentirse triste es un estado de ánimo que se da con frecuencia y que comporta un malestar psicológico que en ocasiones no se sabe como describirlo. Sin embargo, estar apenado en un determinado momento no es suficiente para afirmar que se padece depresión. Hay una tristeza llamada normal, que es la situación de abatimiento o desánimo como consecuencia de unos acontecimientos o situaciones personales difíciles. Hay también lo que pudiéramos denominar una tristeza buena, que es aquella provocada por el arrepentimiento de nuestros pecados y que nos lleva a reparar el mal y a tener más confianza en Dios. En cambio, la tristeza mala es aquel estado del alma, lo que los antiguos monjes conocían bajo el nombre de acedía, que se caracteriza por el sufrimiento de estar en el mundo, junto a un desinterés total por la vida. Este tipo de tristeza viene más bien ocasionado por la incertidumbre interior y la ausencia de propia realización; acerca de ella decía Casiano:

“La tristeza es áspera, impaciente, dura, llena de amargor y disgusto, y le caracteriza también una especie de penosa desesperación. Cuando se apodera de un alma, la priva y aparta de cualquier trabajo y dolor saludable” (Instituciones, 9).

La acedia es la gran tentación para el solitario eremita y para el solitario moderno del asfalto y del estrés del ejecutivo. El hombre se siente traspasado hasta el límite. El alma se embrolla y el corazón se endurece. Todo se pone en cuestión y se llega a comportamientos infantiles que son impensables. San Gregorio Magno enumera las consecuencia de la acedia como: “la desesperación, desaliento, mal humor, amargura, indiferencia, somnolencia, aburrimiento, evasión de sí mismo, hastío, curiosidad, dispersión en murmuraciones, intranquilidad del espíritu y del cuerpo, inestabilidad, precipitación y versatilidad” (Anselm Grüm Nuestras propias sombras. Tentaciones. Complejos. Limitaciones, 3, p. 68).

Por ello, en el mundo moderno existe un vínculo entre depresión y acedía, cuya curación no se consigue sólo por medio de la medicina, sino que hay que tener presentes los elementos espirituales de la persona. Para superar esta tristeza del alma, el venerable Juan Pablo II proponía que “la clave para ayudar a una persona con depresión es el amor y la oración. Las personas que cuidan de los enfermos deprimidos deben ayudar a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir…, hacerles percibir la ternura de Dios… En el camino espiritual son de gran ayuda la lectura y la meditación de los salmos, el rezo del Rosario, la participación en la Eucaristía, fuente de paz interior” (Juan Pablo II, XVIII Conferencia Internacional sobre la Depresión).

¿De dónde nace esta tristeza existencial? De aquellas ideas dominantes que conllevan al desánimo o lo fomentan. Son aquellas que están en la cultura nihilista que domina la sociedad y que tiene en muchos casos sus altavoces en los Medios de Comunicación Social. Podemos enunciar algunas: menospreciar el trabajo como realización de la persona, desnaturalización de los lazos entre los hombres, ver al otro como un infierno, la visión psico-analítica freudiana que reduce al hombre a sus pulsiones, la misma desestabilización de la familia, las estructuras de pecado, que no tienen otra consecuencia que la desestructuración de la persona humana y abren verdaderos focos de depresión, desviando finalmente al hombre de su camino hacia Dios.

El antídoto de la acedía es la alegría; no es propio del cristiano estar triste, ya que así es muy difícil progresar en la vida espiritual y, por lo tanto, en el amor a Dios y a los hermanos. La tristeza predispone al mal porque es “como la polilla al vestido y la carcoma a la madera, así la tristeza daña el corazón del hombre” (Prov 25,20); hay, pues, que luchar contra ese estado del alma: “Anímate, pues, y alegra tu corazón, y echa lejos de ti la congoja; porque a muchos mató la tristeza. Y no hay utilidad en ella” (Ecl. 30,24-25). Además, por una razón muy sencilla que nos dice el poeta converso a la fe católica Paul Claudel: “La alegría es la primera y la última palabra del Evangelio”.

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*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España