Pascua: en cambio del Ángelus se reza el Regina Coeli

La oración mariana atribuida al papa san Gregorio Magno por inspiración angélica

Share this Entry

La oración del Ángelus se reza a la salida del sol, al medio día y al ocaso. En esos momentos se recuerda cuando el arcángel Gabriel le anunció a la Virgen María que iba a ser la madre de Jesús.

Toma su nombre de las primeras palabras ‘Angelus Domini nuntiavit Mariæ’, o sea ‘El Ángel del Señor anunció a María’.

Sobre el origen de esta oración hay quienes la atribuyen poco antes del 1100 al papa Urbano II, el que convocó a la primera cruzada; o entorno al 1300 al papa Juan XXII, el segundo de Avignón.

Sí se sabe, existía la costumbre de hacer sonar las campanas sea al amanecer, que al medio día y al ocaso. Y Juan XXII con una bula del 7 de mayo de 1327 propuso y concedió indulgencia para que al anochecer se recitase tres veces el Ave María. Dos décadas más tarde en 1346 en el concilio de París, se decretó que por ‘ordenanza del papa Juan, de santa memoria, concerniente al rezo del Ave María al oscurecer, sea fielmente observada’. Se sabe también que en Francia en 1472 el rey Luis XI instituyó la costumbre de rezarla tres veces al día.

Ahora que se entra en el tiempo pascual en cambio del Ángelus, se reza el Regina Coeli.

La oración del Regina Coeli toma las palabras que abren el himno pascual de la Santísima Virgen María que traducidas al español son “Reina del cielo”. Se trata de una composición litúrgica referida a María y la resurrección de su hijo Jesucristo. No se conoce al autor aunque la tradición la atribuye a san Gregorio Magno, quien cuenta la historia escuchó los tres primeros versos cantados por los ángeles mientras que a pies descalzos encabezaba en Roma una procesión.

Alégrate, Reina del cielo; aleluya.
Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

Ha resucitado, según predijo; aleluya.
Ruega por nosotros a Dios; aleluya.

Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

Y el mismo Pontífice habría compuesto la cuarta estrofa.  

Después de cada estrofa se reza un Ave María, y al concluir la siguiente oración: 

«Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén».

Share this Entry

Sergio Mora

Buenos Aires, Argentina Estudios de periodismo en el Istituto Superiore di Comunicazione de Roma y examen superior de italiano para extranjeros en el Instituto Dante Alighieri de Roma. Periodista profesional de la Associazione Stampa Estera en Italia, y publicista de la Orden de periodistas de Italia. Fue corresponsal adjunto del diario español El País de 2000 a 2004, colaborador de los programas en español de la BBC y de Radio Vaticano. Fue director del mensual Expreso Latino, realizó 41 programas en Sky con Babel TV. Actualmente además de ser redactor de ZENIT colabora con diversos medios latinoamericanos.

Apoye a ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación