Hermana Birgit Weiler, teóloga y experta en el Sínodo de la Amazonía © CAAAP

Birgit Weiler: «Desde la fe no nos puede dar igual lo que pasa con la Tierra. Es cuestión de coherencia»

Teóloga y participante en el Sínodo Amazónico

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(ZENIT – 4 dic. 2019).- La hermana y teóloga Birgit Weiler, participante en el Sínodo de la Amazonía en calidad de especialista, manifiesta esperanza en que en los próximos meses se definan respuestas concretas y en conjunto para hacer realidad en el terreno las ideas y propuestas que recoge el documento final.

Birgit Weiler pertenece a la Congregación de las Hermanas Médico Misioneras y es colaboradora de la Pastoral para la Creación de la Comisión de Acción Social de la Conferencia Episcopal Peruana.

En el briefing informativo sobre los trabajos del Sínodo del pasado 11 de octubre en el que intervino expresó que en su Círculo Menor, como en otros, existió un ambiente muy abierto: «nosotras las mujeres nos sentimos aceptadas, hay una gran libertad de expresión».

Igualmente, manifestó que «necesitamos más mujeres en puestos de liderazgo» y que resulta fundamental que estas sean «incluidas en las decisiones importantes», al mismo tiempo que agradeció al Papa Francisco «por todos los pasos que han conducido a la presencia de 35 mujeres en el Sínodo», indica Vatican News.

A continuación, se expone la entrevista completa realizada por Beatriz García para el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP) en la que transmite su experiencia e impresiones sobre el Sínodo Amazónico.

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Beatriz García: ¿Qué aprendizajes ha dejado, principalmente, el Sínodo Amazónico?

Birgit Weiler: A mi parecer lo bello ha sido sentirnos muy unidos como iglesia de la Amazonía, juntos, a pesar de estar en diversos lugares. Espero que eso no se pierda, sentirnos hermanos y hermanas en el mismo camino, pues es muy importante generar sinergias frente al reto para defender la Amazonía, que es realmente amenazada en su existencia por tanto impacto que va contra el tejido de vida diversa en la Amazonía. Y, como los científicos nos han recordado en el Sínodo, esta defensa solo podemos lograrla apoyándonos, tomando fuerzas de nuestra fe y espiritualidad puesta en práctica. Por eso espero mucho que este Sínodo nos ayude a unirnos más, compartir experiencias y ver qué podemos aprender los unos de los otros para poner en práctica el cuidado de la Casa Común.

Beatriz García: Y en lo concreto, ¿cómo articular y llevar al terreno todo lo que tuvo el Sínodo?

Birgit Weiler: Creo que, al inicio del 2020, se van a reunir representantes de las diversas diócesis y vicariatos de la Amazonía en el Perú para ver juntos los frutos del Sínodo, cómo dar pasos concretos y conjuntos para implementar una defensa de la Amazonía y lograr una pastoral mucho más acorde con las diferentes culturas. Paso a paso debemos hacer realidad lo que el documento del Sínodo nos propone. Eso necesita también de una lectura en común, cómo nos inspira el documento y llegar a lo común. Eso es poner en práctica ser una iglesia sinodal. Sé que, en enero, el espíritu nos acompañará y saldrán cosas muy concretas.

Beatriz García: ¿Por qué cree que, todavía, en el seno de la Iglesia hay voces que no terminan de entender por qué el Papa Francisco apuesta por la Amazonía y la ha llevado al corazón de la Iglesia, a Roma?

Birgit Weiler: Bueno, en gran parte son las mismas voces de quienes les fue difícil acoger con amplitud de mente y corazón la encíclica ‘Laudato Sì’. Porque ya ahí el Papa Francisco dijo con mucha claridad que cuidar la Casa Común, nuestra tierra, nuestro planeta con todo lo que actualmente está en riesgo, cambio climático, sobrecalentamiento de la tierra y todas las consecuencias nefastas tiene que ver netamente con nuestra fe cristiana. Creer en un Dios que con amor ha creado y nos ha confiado esta tierra es para que cuidemos lo que no es nuestro, no es nuestra propiedad, sino vivir en la tierra sin destrozarla, saber dar pasos hacia una vida que sale de un consumismo desenfrenado a una actitud y práctica de vida sobria para, con esto, ayudar a cuidar la tierra. Esto es parte de una fe coherente en un Dios de la vida, que quiere vida digna para todos y que ama lo que ha creado. Esto no siempre ha sido acogido y se escucha a gente preguntando: ¿Y por qué? ¿Qué tiene esto que ver con la fe cristiana?

Beatriz García: ¿Y qué se les contesta?

Birgit Weiler: Creo que más claro de lo que se ha dicho, no se puede decir. El Sínodo se trata de poner en práctica ‘Laudato Sì’. El Papa ha sido muy claro en ello. Es hacer realidad ‘Laudato Sì’ en el espacio de la Amazonía, es abrir el corazón y decir «esto tiene mucho que ver con nuestra fe y con el seguimiento de Jesús porque él quiere reconciliar a la Creación en la Tierra, a los seres humanos con todos los seres vivos».

Beatriz García: En el Sínodo se escuchó decir que el Papa tiene, al menos en parte, su corazón indígena. ¿Es así?

Birgit Weiler: Creo que eso quedó claro en ‘Laudato Sì’ y se reconfirmó en su discurso y su presencia con los pueblos indígenas en Puerto Maldonado, con mensajes muy claros. El Papa valora, aprecia la sabiduría de estos pueblos y sabe que tienen un mensaje muy importante en este momento crítico para nuestro planeta. Creo que en parte hay un cierto rechazo porque hay personas a las que les es difícil dejar tocar su mente y corazón por la realidad crítica de nuestro planeta. Esto se recalcó mucho en el Sínodo por los científicos. Si no hacemos caso, si no nos ponemos en el camino y realizamos cambios a fondo en nuestra forma de vivir y nuestros impactos negativos sobre la Tierra, llegaremos al momento decisivo y no podremos evitar el desastre. Desde la fe cristiana no nos puede dar igual lo que pasa con la Tierra. El amor pasa por poner en práctica un cuidado, una previsión, un compromiso con la tierra y con la gente que, en muchas partes, ya está sufriendo muchísimo los impactos del cambio climático, la contaminación. No podemos ser indiferentes, es cuestión de solidaridad con la tierra, con estos hermanos y hermanas y con las generaciones futuras.

Beatriz García: En Roma uno de los temas que centró más la atención era en referencia al papel de la mujer en la Iglesia. ¿Se siente satisfecha con lo que refleja el documento final en relación a este tema o está esperando que en su exhortación el Papa sea, tal y como él mismo pidió, todavía más valiente?

Birgit Weiler: Espero que él acoja en su exhortación las propuestas hechas y también la solicitud que está en el documento y que las mujeres le presentamos para que sigan las gestiones y sea posible que las mujeres sean admitidas para el diaconado. La comisión quedó prácticamente en suspenso y el Papa prometió nombrar nuevos miembros. Él quiere que se siga ahondando en esta pregunta y llegando a una conclusión. Yo me fío y creo que el Papa va a tratar de impulsar en su exhortación que se abran más espacios de liderazgo para la mujer, espacios que no requieran de la ordenación sacerdotal. Eso requiere de mujeres que se atrevan a asumir puestos de liderazgo en la Iglesia y de que, en las comunidades, haya hombres y mujeres que hagan posible esto, que cooperen. Creo que por ahí sopla el Espíritu, pues la Iglesia se va a enriquecer mucho más entre hombres y mujeres, en que compartamos dones, carismas y ministerios.

Beatriz García: Se habla del rol de los laicos, de la mujer, de los obispos pero, ¿y el rol de la Iglesia? Porque tanto en la encíclica como con el Sínodo están encabezando el término y el convencimiento por una ecología integral. Parece una moda pero, ¿la Iglesia tiene que estar ahí?

Birgit Weiler: Sí, desde su propia fe, eso es lo coherente, que la Iglesia se preocupe por la creación. No se puede amar coherentemente sin aportar hoy en día al cuidado de la tierra, que es nuestra casa. Creo que la Iglesia ha tomado mayor conciencia de la Amazonía, desde la Amazonía, y en el Sínodo mismo diciendo que esto pasa por revisar nuestras propias prácticas: ¿Tenemos prácticas ecológicas en nuestras parroquias? ¿Cuánto cuidamos por ejemplo el uso del plástico? Por ejemplo en el Sínodo se cuidó al extremo y fue un signo fuerte, se intentó no usar cosas de plástico en el ambiente ni en los momentos de receso. También se buscó que haya productos para el consumo de comercio justo, que el papel que se usaba hubiera preocupación por cómo eso se iba a reforestar. Hay que revisar este tipo de cosas en cada parroquia, institución, colegios, universidades, cómo avanzar en prácticas sostenibles. Ser más cuidadosos con el agua, la energía… y también preguntarmos sobre los minerales de los objetos que tenemos en las parroquias, como el oro, ¿en qué condiciones han sido generados, son de un comercio justo, ecológicamente y socialmente? No a costa de la tierra ni de la gente.

Beatriz García: ¿Cuál es la importancia, desde la teología, del término integral?

Birgit Weiler: Para que lo tengamos presente, el cuidado de la tierra y de los problemas sociales, ecológicos y culturales, están íntimamente unidos entre ellos. Es superar una manera muchas veces fragmentada de entender nuestra pastoral. Aquí pastoral social, aquí de salud, aquí de educación, ahí de derechos humanos… Esto, desde una ecología integral, que se dirige a las personas en todas sus dimensiones, cuerpo y alma, y sus derechos y su dignidad, y a la tierra en todo lo que engloba un ecosistema saludable y que tiene condiciones para seguir generando y cuidando la vida, todo eso está unido porque nosotros los seres humanos vivimos en esta tierra y dependemos de ella. Maltratando la tierra no hay vida digna ni futuro para nosotros. Todo eso nos lo aclara la ecología integral. Dios sale a nuestro encuentro, nos quiere dar vida, quiere cuidar nuestra heridas integralmente, en las distintas relaciones que vivimos.

Beatriz García: ¿Se puede ser cristiano de la misma forma en cualquier lugar del mundo?

Birgit Weiler: Tenemos que reconocer que, hoy en día, los contextos en los que vivimos nuestra fe cristiana influyen, son importantes y hay que tomarlos en cuenta siguiendo el ejemplo de Jesús. Él se encarnó y vivió en la realidad de Palestina, y vivió 30 años en Nazareth, en estas realidades culturales y religiosas, con las realidades políticas que eran los retos de su tiempo. Entonces, ser cristiano en África va a, en algunos puntos, coincidir y en otros diferir de serlo en Asia, en Latinoamérica, en la Amazonía. Y así nos enriquecemos mutuamente a través de nuestro testimonio. Esto es una riqueza para la Iglesia, tener rostro pluriforme. Estar unidos en el compromiso, pero ¿cómo vivirlo de manera coherente, respondiendo a los retos y potencialidades de cada contexto?

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ZENIT Staff

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