Paolo Ruffini es el primer laico jefe de un dicasterio

Laicos y sinodalidad: lo que se dijeron los cardenales en el consistorio secreto

La confrontación se produjo, aunque la división en grupos de trabajo según criterios lingüísticos limitó inevitablemente el debate. Dos temas surgieron con más fuerza en la sala: entender qué es la sinodalidad y aclarar las circunstancias en las que los laicos pueden dirigir un dicasterio.

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Por: Matteo Matzuzzi

 

(ZENIT Noticias – Il Foglio / Roma, 30.08.2022).- Tras la fiesta, los cardenales pidieron aclaraciones sobre dos temas en particular. Debate abierto y trabajo dividido en grupos. El Papa escucha y toma nota. En opinión de más de un cardenal, la fuente de jurisdicción debería definirse a nivel doctrinal: ¿es el sacramento del orden o es la potestad suprema del Papa?

En la apertura del consistorio a puerta cerrada sobre la reforma de la curia (que lleva casi tres meses en vigor), el Papa invitó a los presentes a hablar, discutir y debatir. Nada de ambiente de congreso soviético como temían algunos, en definitiva, sino «ambiente sinodal», como señaló en una de las pausas el cardenal arzobispo de Barcelona, monseñor Juan José Omella.

El ‘padre’ de la constitución apostólica Praedicate Evangelium, el cardenal Maradiaga, se muestra entusiasmado, aunque advierte que ahora es el momento de poner en práctica lo elaborado en los nueve años de discusiones en torno a un texto que modifica nombres y estructuras pero que está lejos de ciertas premisas revolucionarias que incluso algunos episcopados e importantes prelados esperaban cuando el viento -se decía- soplaba fuerte en el Vaticano.

Los cardenales, a primera hora de la mañana, fueron recibidos por una simpática manifestación que tenía como tema la petición de ordenar mujeres, un asunto que para el Papa está cerrado pero que sigue ejerciendo una discreta fascinación en la prensa internacional. También se vio de nuevo al cardenal Raymond Leo Burke, sonriendo con un sombrero panamá blanco calado sobre la cabeza, mirando divertido a las sufragistas modernas. La confrontación se produjo, aunque la división en grupos de trabajo según criterios lingüísticos limitó inevitablemente el debate. Dos temas surgieron con más fuerza en la sala: entender qué es la sinodalidad y aclarar las circunstancias en las que los laicos pueden dirigir un dicasterio.

Sobre la primera cuestión, algunas eminencias observaron que la sinodalidad es un asunto serio, sugiriendo, sobre todo, que «los obispos hacen el sínodo». Otros expresaron diversas perplejidades sobre el mal uso del término «sinodalidad», que ahora se utilizaría para indicar todo, incluso cosas que tendrían más que ver con la comunión que con la sinodalidad como siempre se ha entendido.

Y luego están los laicos: se sabe que la nueva constitución pide una mayor participación de los laicos en las estructuras del vértice, lo cual es algo bueno y correcto, pero sin ahondar en el tema. En más de un grupo de trabajo se propuso enumerar los dicasterios que podrán tener un laico al frente, sin dejar todo en una vaguedad genérica. Cuestiones jurídicas, por tanto, en la base de la primera jornada del Consistorio: en opinión de más de un cardenal, la fuente de jurisdicción debe definirse a nivel doctrinal: ¿es el sacramento del orden o es la potestad suprema del Papa? No son precisamente disquisiciones fortuitas, hasta el punto de que es probable que las aclaraciones lleguen pronto.

Pero también fue una oportunidad para conocerse: los antiguos curiales vieron por primera vez en los rostros de aquellos cardenales «exóticos» sacados del fin del mundo, que poco o nada sabían de Roma. El vaticanista John Allen ha escrito que, en efecto, sería una tontería esperar que los nuevos cardenales hicieran cualquier tipo de evaluación del estado de la Iglesia: puede que hablen de las situaciones locales que conocen mejor, pero en la mayoría de los casos se trata de hombres que nunca han puesto un pie en la curia. Esta es otra de las razones por las que no tiene mucho sentido inscribir por derecho a tal o cual cardenal entre los conservadores o los progresistas, tal vez elaborando ya una lista de los que desde una perspectiva cónclave pertenecen a una u otra facción. Buenos partidos para ser casi siempre desmentidos, como demuestra la historia.

Matteo Matzuzzi es de Friulsardo. Nació en 1986. Se licenció en política internacional y diplomacia en Padua con una tesis sobre turcos y americanos, y fue árbitro de fútbol. En Il Foglio trabaja desde 2011, cubriendo Iglesia, Papas, religiones y libros. Escritor favorito: Joseph Roth (pero cualquier cosa relacionada con finis Austriae está bien). Es redactor jefe del periódico desde 2020. La traducción del original en lengua italiana fue realizada por el director editorial de ZENIT.

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