«Ustedes son los primeros ecologistas»: el bello y experiencial discurso del Papa sobre la vocación del agricultor

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Discurso del Papa a una delegación de la asociación agraria de jóvenes agricultores (ASAJA)

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 14.05.2023).- El sábado 13 de mayo, el Papa recibió a una delegación de la asociación agraria de jóvenes agricultores (ASAJA) en la Ciudad del Vaticano. El discurso que dio el Papa refirió experiencias personales con relación al mundo del campo. Ofrecemos a continuación el texto del discurso en español.

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Les agradezco el interés que han puesto en esta visita, la ilusión que manifiestan por su trabajo en el campo, por el ganado y por el servicio que quieren prestar a la sociedad.

Como en tantas facetas de la vida, el ecologismo no lo construyen primordialmente los sesudos informes de los especialistas, ni las noticias y los proyectos divulgativos que llegan a la gente corriente a través de los medios de comunicación social. Estos pueden ser necesarios y beneficiosos, si están hechos con conciencia, pero no son lo primero.

Ustedes saben que Argentina es un país fundamentalmente ganadero y, aunque yo soy de ciudad, he tenido oportunidad de conocer esta realidad del campo. Esto me ha permitido darme cuenta de que los primeros ecologistas de una zona, de un país, de un continente son ustedes, los que están en el baile, los que están dentro: la gente que trabaja con los animales, con las plantas, que conviven día a día y saben de sus problemas y de sus logros.

Me acuerdo una vez, en la Facultad de teología, que uno de los estudiantes, nacido en ciudad, vivido en ciudad viene y dice: «Se está muriendo una vaca», porque detrás de la facultad teníamos campo y había ganado. «Se está muriendo una vaca y bueno, es que no está el encargado», y era un sábado tarde. Yo agarré y me fui a ver a la vaca, y estaba la pobre vaca ahí pariendo, y este que era de ciudad, que había comido cemento desde chiquito, no tenía la menor idea de cómo se distinguía una vaca muriendo y una vaca pariendo. Ahí me di cuenta que hay una ciencia que solamente se adquiere viviendo y con la experiencia.

Ustedes no repiten un slogan aprendido, viven mirando al cielo y, desde que se levantan hasta que se acuestan, reconocen en los trinos, los mugidos o los relinchos el gozo o el miedo, el deseo o la satisfacción de la naturaleza que les rodea. Esto es un honor y, evidentemente, una gran responsabilidad.

Si lo piensan bien, la vocación a la que Dios les ha llamado, los hace testigos de la ecología integral que el mundo hoy necesita. Una vocación primigenia pues enraíza con las palabras de Dios en el Génesis cuando llamó a la humanidad a colaborar en la tarea de la creación por medio de su trabajo (cf. Gn 1,28-31). Una vocación multidisciplinar, conjuga el trato directo con la tierra, su cuidado y su cultivo, y el servicio que esta presta a la sociedad.

¿Qué les pide entonces Dios a ustedes en este trabajo, en esta labor? Les pide que piensen en ese campo como un don, como algo que les fue dado y dejarán a sus hijos como legado; que piensen en la producción como un regalo que el Señor, por su medio, y por medio del trabajo de ustedes, envía a su pueblo para saciar su hambre y su sed. Un hambre que no es sólo de pan, sino de Dios, pero que, para saciarla, Él no rehusó hacerse alimento, hacerse carne, llegando de ese modo al corazón del hombre (cf. Mt 4, 3-4; Jn 6,55-57).

De este valor fundamental, por el que les expreso mi agradecimiento, nace la responsabilidad que se les encomienda a ustedes, en primera persona, pero también a todos los que, de alguna manera, participan en la producción, elaboración y distribución alimentaria. Es necesario trabajar para que este inmenso bien que Dios nos regala, no se convierta en arma —por ejemplo, limitando la llegada de alimentos a las poblaciones en conflicto—; o no se convierta en mecanismo de especulación, manipulando el precio y la comercialización de los productos con el único fin de conseguir mayor beneficio. Esto es lo que debemos denunciar, lo que nos debe hacer doler el corazón, no lo merecen los animales que ustedes cuidan con tanta dedicación, no lo merecen las personas para las que trabajan con ilusión, no lo merece Dios. Les ofende a ellos y les ofendería a ustedes.

Pero no se desanimen, toda vocación conlleva la cruz, uno asume el esfuerzo de trabajar duro, de que con los animales no se tienen días festivos, ni huelgas. Aún más difícil es aceptar la incomprensión de quienes no valoran algo tan esencial para la vida como es la producción de alimento, o prefieren buscar culpables en vez de soluciones.

Encomiendo a la Santísima Virgen el trabajo que ustedes hacen, para que siempre sientan cercano a Jesús, que en la cruz ofreció su sangre, se hizo alimento, se hizo vida para dárnosla en abundancia. Vayan adelante y sean poetas de la tierra. Gracias.

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Redacción Zenit

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