Iglesia católica en Nicaragua. Foto: xevt

Nicaragua: la situación de persecución contra la Iglesia contada desde el interior del país

Los testimonios relatan la persecución en pequeñas cosas: en una parroquia, repartieron camisetas con mensajes bíblicos para una actividad. Les advirtieron que tenían letras azules sobre tela blanca y les impidieron usarlas porque eran los colores de la bandera nacional.

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Por: Rafael Manuel Tovar

 

(ZENIT Noticias / Managua, 16.06.2023).- «Este es el momento en que los laicos católicos debemos de intensificar más nuestras oraciones y cooperar económicamente con nuestras iglesias para que puedan cumplir con sus obligaciones financieras y administrativas» expresa Martha Patricia Molina, autora del informe «Nicaragua: una iglesia perseguida».

«Me han quitado mi último espacio físico de libertad, pero no espiritual ni mental. En tiempos de persecución, la iglesia se fortalece. Para las personas de fe es un privilegio pertenecer a una organización que ha acompañado a su pueblo de forma tan valiente. Cada ataque contra la iglesia representa, en el fondo, una derrota para este gobierno», manifiesta un laico nicaragüense que no da su nombre porque solo traerá más éxito al poder de Ortega.

El Gobierno sandinista encuentra en la Iglesia una fuerza de resistencia que duele ante las medidas de control que aplica a todo el país. Ataca a los católicos, produciendo miedo en el clero y en los fieles, aunque no dejan de orar y trabajar.

Martha Patricia Molina Montenegro nació en Nicaragua en 1981. Estudió Derecho y es notario público, además de poseer una maestría en la universidad de Salamanca, España, con la tesis ‘Corrupción y Estado de Derecho’. Es autora del estudio «38 Mecanismos de tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes que se practican en las cárceles de Nicaragua». Es miembro del Consejo Editorial del diario La Prensa y ha publicado varias investigaciones sobre la corrupción en la administración pública de su país.

Explica que «los sandinistas siempre se han sentido señalados por la iglesia. Sin embargo, existen algunas diferencias con respecto a esos primeros años. En ese entonces, no se criminalizaba a los sacerdotes, no se les fabricaban delitos ni se les encarcelaba. Mucho menos se les arrebata la nacionalidad», comenta sobre la retirada de la ciudadanía a los opositores enviados al exilio en febrero. «Ser católico en Nicaragua en este tiempo de persecución es un riesgo».

Un sacerdote, que también pide callar su nombre, conoce bien a los policías vestidos de civil que asisten a las misas para espiar sus homilías y a los fieles que asisten a las celebraciones: buscan detectar a los críticos con el gobierno de Daniel Ortega. Toman fotos y graban videos en teléfonos sin recato. «Se meten al templo vestidos de civil para ver qué escuchan, si ven algo raro, pero siempre se van, como dice el dicho, con la cola entre las piernas. ¿Por qué? Pues porque siempre nosotros apelamos a la prudencia. No vamos a caer en la provocación. Lo que ellos tratan de hacer es provocarnos para ver qué decimos, y que haya confrontación para después tener algo con qué acusarnos».

«Se siente mucha tristeza de parte de los feligreses; hasta miedo. Me preguntan ‘Padre, ¿hasta dónde vamos a llegar?’. Pero yo siento que los feligreses no bajan la guardia», sostiene tras sus 20 años de sacerdote. «Estos últimos domingos he visto a más personas de lo normal en las misas que celebro. Las tres misas de los domingos están repletas y la iglesia que presido es bien grande». Los sacerdotes tienen pavor de ser apresados, porque ya han apresado a varios.

«El gobierno ha ido erradicando los espacios democráticos. La iglesia es el único bastión que queda, pues el clero no ha estado dispuesto a adularlos. Por eso, insisten en darle otro golpe para debilitarla. Pero no van a lograr eliminar la fe del pueblo», comenta Martha Patricia Molina.

Otro laico narra que el gobierno prohibió a las empresas privadas prestar servicios a los religiosos, con el aviso de quitarles los permisos o imponerles altas multas. «Hace unas semanas, hicimos una actividad en la iglesia y nadie quiso alquilarnos buses para trasladar a los participantes».

Al interior de las iglesias en Nicaragua, el ambiente de recogimiento se ha hecho tenso por los policías vestidos de civiles que asisten para informar a sus superiores sobre cualquier acto considerado como subversivo. La presión surte efectos. Algunos feligreses han dejado de asistir a misa por miedo, incluso en las festividades religiosas más populares. Otros viven la fe con prácticas religiosas en el hogar, como la lectura de la Palabra de Dios, el rezo del rosario y el ayuno.

Los testimonios relatan la persecución en pequeñas cosas: en una parroquia, repartieron camisetas con mensajes bíblicos para una actividad. Les advirtieron que tenían letras azules sobre tela blanca y les impidieron usarlas porque eran los colores de la bandera nacional. Llevar estos colores es castigado con prisión.

También expresan que «nos motivan a seguir predicando el evangelio. Aunque el Gobierno amenace con cerrar los templos o no podamos celebrar más misas, siempre vamos a escuchar a la gente; que sientan que estamos con ellos; que alguien les acompaña… Aunque algunos puedan sentir más miedo que otros, debido a tantas amenazas y persecución que llevan a la cárcel, replanteamos una y otra vez a la gente que no pierda la fe y la alegría, porque el día que nuestros fieles pierdan la esperanza, lo hemos perdido todo», precisa el sacerdote entrevistado.

«Simplemente hay que saber sortear al toro: rezamos en privado. En silencio y prudencia tratamos de hacer. Todos los días estamos sufriendo», mantiene el sacerdote. «Te puedo decir algo: nadie es ajeno a esta realidad en Nicaragua, pero la Iglesia ha sido perseguida desde el día uno de su fundación. La iglesia tiene mártires; la iglesia se ha hecho de persecución, sangre y lágrimas. A la Iglesia no la va a exterminar ningún poder humano en este mundo. Te lo digo por fe. Aún con sus errores, la iglesia permanecerá. Y Nicaragua no será la excepción».

Las persecuciones que ha sufrido la Iglesia son una medalla de honor, un testimonio de la fidelidad a su fundador. Él claramente les advirtió que las esperaran: «Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros» (Juan 15,20). «Hay mucha tristeza en los fieles, pero no bajan la guardia»: así es profesar la fe católica bajo el régimen de Ortega.

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Redacción zenit

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