Víctor Manuel Fernández. Foto: Vatican Media

La litòte de Fernández, el nuevo cardenal y prefecto de la Doctrina de la Fe… «no pero sí…»

Tanto el «Tucho» que habla de sí mismo como el Papa Francisco en la carta que acompaña al nuevo nombramiento, definen más por negación que por afirmación: es decir, ya sabemos mucho sobre quién no es el nuevo Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y qué no hará (o no tendrá que hacer). Pero mucho menos sobre cómo, en cambio, pretende moverse este nuevo «pez en el agua».

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Por: Simone Varisco

 

(ZENIT Noticias – Caffe Storia / Roma, 13.07.2023).- En literatura se llamaría litòte, figura retórica consistente en sustituir una expresión que pudiera parecer demasiado directa por la negación de su contraria. «No es bueno», para no decir que algo «es malo». O: «No me siento preparado ni capacitado para dirigir algo así», no para decir que en la lucha contra los abusos en la Iglesia, junto a todo lo demás, vamos a ver cosas buenas.

Porque es una sensación de litòte la que se desprende de la lectura de las ya numerosas declaraciones de Víctor Manuel Fernández, nuevo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y ya anunciado cardenal. Una personalidad difícil de seguir, que se demuestra tanto en la vasta -en términos de cantidad- producción escrita (más de 300 libros y artículos) como en la exuberancia que caracteriza los días inmediatamente posteriores a su nuevo nombramiento, de por sí ya delicado desde numerosos puntos de vista. Una comparación con los predecesores, incluso desde esta perspectiva, sería imposible.

Como pez en el agua

Hay, sin embargo, un rasgo curioso que une entrevistas, mensajes sociales y cartas del nuevo Prefecto. Se puede decir que tanto el «Tucho» que habla de sí mismo como el Papa Francisco en la carta que acompaña al nuevo nombramiento, definen más por negación que por afirmación: es decir, ya sabemos mucho sobre quién no es el nuevo Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y qué no hará (o no tendrá que hacer). Pero mucho menos sobre cómo, en cambio, pretende moverse este nuevo «pez en el agua».

La expresión, que podría parecer irreverente, se la aplica a sí mismo el propio Fernández en su carta de despedida a sus feligreses. «Soy teólogo y el Papa recuerda en su carta que fui decano de Teología, presidente de la Sociedad Teológica Argentina y presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura», recuerda Fernández por enésima vez. «No fue por acomodo o amistad con Bergoglio», por tanto, que el «Tucho» obtuvo el nuevo cargo. Una aclaración que, evidentemente, se consideró necesaria.

Malos tratos: no actué de la mejor manera

Muchos -demasiados- «no hacer» se solapan también en la lucha contra los abusos. «La primera vez que [el Papa] me propuso esta tarea, dije que no -recuerda monseñor Fernández-, en primer lugar porque no me consideraba apto para dirigir el trabajo en el área disciplinar. No soy canonista, y de hecho cuando llegué a La Plata tenía poca idea de cómo encarar estos problemas’.

Sin embargo, el propio Papa Francisco salió en su rescate y, como confiesa Víctor Manuel Fernández, tras recordar su primer rechazo al cargo, «me facilitó las cosas, porque me dijo que no era necesario que yo dirigiera los asuntos relacionados con los abusos a menores, porque hay un equipo de especialistas que lo hacen muy bien y que pueden trabajar con bastante independencia».

En una entrevista a La Repubblica, Fernández recula: «Creo que no tiene sentido que les haga perder el tiempo con mis opiniones. […] Esto no significa que los olvide o los abandone». Lo que se hará con esta autonomía, bajo el liderazgo de Fernández, puede parecer quizás secundario para algunos. Para otros, vale la pena recordarlo, vive en cambio en la memoria del que es uno de los compromisos más luminosos, valientes e incomprendidos del Card. Joseph Ratzinger al frente de la misma Oficina, que luego continuó como pontífice.

Los precedentes de Víctor Manuel Fernández, en cambio, no hablan a su favor. Al arzobispo se le acusa de haber actuado tarde y de forma insuficiente con un sacerdote de la diócesis de La Plata que fue acusado de abusos y acabó muriendo por suicidio. «No puedo decir que cometí un delito ni nada en contra de lo que se estableció en su momento», enfatizó hoy Fernández, con una de sus habituales circunvalaciones, en una entrevista con Associated Press. «Con todo lo que digo, está claro que no actué de la mejor manera».

Ni vendettas, ni espías (ni besos)

En la línea del «no» se sitúan otras muchas declaraciones realizadas por monseñor Fernández en los últimos días. Volviendo a recordar la «leyenda negra» sobre el Santo Oficio, Fernández señala que es «evidente que hoy el Vaticano no se comportaría como en los tiempos de la Inquisición». A lo que alude Francisco quiere expresar que la doctrina no hay que cuidarla tanto controlando, sancionando, prohibiendo, sino sobre todo haciendo crecer nuestra comprensión de la misma», explica Fernández a La Repubblica. Una expresión humeante, que afirma mucho menos de lo que niega.

En un plano que se eleva poco por encima del cotilleo, nos enteramos entonces de que el nuevo prefecto no interpreta su papel como una ‘venganza de los suburbios, venganza de los pobres o venganza de los progres (progresistas, ed)’. También nos enteramos, no sin alivio, de que ‘Tucho’ dice de sí mismo: ‘No soy masón, ni aliado del Nuevo Orden Mundial, ni un espía de Soros infiltrado en la Iglesia’.

Entre los temas que más debate han generado, sobre todo en internet, está el ya famoso libro de Fernández sobre el arte de besar. También en este caso, el nuevo Prefecto considera oportuno aclarar una vez más que «no era un manual de teología, era un intento pastoral del que nunca me arrepentiré. Por supuesto que hoy no escribiría tal cosa, ya tengo 60 años y empiezo a prepararme para la vida eterna’. Dando a entender que lo que escribirá, también en función de esto, lo veremos a partir de ahora.

Si no

Incluso respecto a los temas más candentes de la actualidad eclesial, los ‘no hacer’ de Fernández, que huelen a omisión, son curiosamente muchos, quizá demasiados. ¿Qué hacer con la ordenación de mujeres? «Los alemanes siempre llaman la atención, y en mi estilo como arzobispo esa preocupación por la ordenación de mujeres o similares no ha estado presente. Por supuesto, ahora me corresponde a mí ponerme al día sobre el tema, escuchar, hablar, consultar. Por ahora tengo que decirte que no creo que haya nada bueno en esta ‘movida’ alemana», revela Fernández, en una entrevista con InfoVaticana, publicada el 5 de julio. A lo que añade, desde Repubblica: «No nos hará ningún bien centrar la discusión en el acceso de las mujeres al orden sagrado».

¿Y sobre el tema de las parejas del mismo sexo, otro caballo de batalla de la vía alemana hacia la sinodalidad? «Si se da una bendición de manera que no se cree esa confusión [con el matrimonio entre un hombre y una mujer], habrá que analizarlo y confirmarlo», responde Fernández. Por otro lado, el propio Papa Francisco «no ve con buenos ojos cualquier pretensión de uniformidad».

En definitiva, lo cierto -digámoslo así- es que incluso en el pensamiento de Fernández, en «su propio modo de hacer las cosas» en el Dicasterio, «la doctrina no cambia, porque es en el fondo el misterio insondable, admirable e inmutable de la Trinidad expresada en Cristo. Todo está ahí y no se puede mejorar ni cambiar. No hay nada que añadir». En realidad, no.

Traducción del original en lengua italiana realizada por el director editorial de ZENIT.

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Redacción zenit

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