(ZENIT Noticias / Melbourne, 13.04.2026).- Salvatore Cernuzio ha publicado Padre, libro donde revela las últimas palabras del Papa Francisco y relata momentos íntimos de su pontificado con anécdotas no difundidas públicamente.
Cernuzio es periodista y trabaja en los medios de comunicación del Vaticano. Así inicia su narración: «Este libro nació como un acto de gratitud hacia un hombre, un Papa, que cambió la vida de todos y tocó el corazón de muchos». Muestra también un vínculo entre el autor y el Papa, que no duda en definir el trato de padre e hijo.
El periodista le entregó una carta durante un vuelo papal y recibió una llamada inesperada: «Buenas noches, soy el Papa Francisco.» Luego siguió un diálogo por varios años con reuniones en la Casa Santa Marta, confidencias, risas, bromas y profundas reflexiones sobre la fe, la familia, el dolor, la Iglesia.
El texto ha sido editado por Piemme este mes de abril de 2026, primer aniversario de la muerte del papa Francisco. Tiene 144 páginas. Reúne testimonios sobre diálogos, celebraciones y decisiones que marcaron los últimos meses del papado, donde aparece la escena final, redacdtado en tono íntimo.
El último gesto del papa Francisco fue una escena, sencilla y silenciosa, un detalle no divulgado hasta ahora por respeto. Según Salvatore Cernuzio, el pontífice pidió un vaso de agua y se dirigió a la enfermera que lo asistía segundos antes de morir: “Gracias, disculpe las molestias”.
El gesto resume la personalidad del pontífice: cercano, humilde, atento a quien tenía cerca. El autor la considera una síntesis de su manera de vivir el ministerio sacerdotal con trato directo, sin formalidades.
El libro de Cernuzio presenta al Papa como un hombre sencillo, generoso, agudo, que no podía resistirse ante un helado y hablaba al escritor con emoción, con sentimientos genuinos e intuiciones proféticas. Su espontaneidad le conectaba don todo el mundo, reducía la distancia entre fieles y no fieles mediante el arte del diálogo y el valor.
El episodio no se divulgó de inmediato para respetar la intimidad del momento. El gesto amplía el retrato humano del Papa, más allá de los actos oficiales. El autor ve la escena como expresión de la sencillez, cercanía y gratitud del Pontífice.
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