(ZENIT Noticias / Roma, 13.04.2026).- La alianza electoral que contribuyó al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2024 muestra una tensión evidente menos de dos años después. Este cambio es especialmente revelador entre los votantes católicos, un sector que históricamente ha oscilado entre partidos, pero que resultó decisivo en la última victoria de Trump. Una nueva encuesta de 2026 sugiere que este apoyo ya no se mantiene y que la guerra con Irán podría estar acelerando una realineación más profunda, marcada tanto por la inquietud moral como por el cálculo político.
Según una encuesta realizada entre el 20 y el 23 de marzo por Shaw & Company Research y Beacon Research, el índice de aprobación de Trump entre los votantes católicos ha caído al 48%, con un 52% que expresa su desaprobación. El desglose interno es aún más significativo: solo el 23% aprueba firmemente su gestión, mientras que el 40% la desaprueba rotundamente. Con un margen de error de más o menos tres puntos porcentuales, las cifras apuntan a una clara erosión en comparación con el impulso electoral de 2024, cuando Trump obtuvo el 55% del voto católico, derrotando a Kamala Harris por un margen de 12 puntos. Ese resultado, en sí mismo, supuso una recuperación respecto a 2020, cuando los votantes católicos se dividieron casi por igual entre Trump (49%) y Joe Biden (50%).
Este descenso no puede entenderse de forma aislada del sentir nacional general. La misma encuesta sitúa el índice de aprobación general de Trump en tan solo el 41% entre el electorado general, con un 59% de desaprobación. Sin embargo, entre los católicos, el cambio tiene una dimensión particular: se relaciona directamente con la enseñanza moral de la Iglesia sobre la guerra y la paz, que el Papa León XIV ha reiterado con firmeza en las últimas semanas.
Desde el Vaticano, el Papa ha emitido una serie de llamamientos inusualmente directos instando a la desescalada y la diplomacia. En una de sus intervenciones más impactantes, declaró que «Dios no bendice ningún conflicto» e insistió en que la acción militar no puede producir una paz genuina, la cual requiere, en cambio, «la promoción paciente de la coexistencia y el diálogo entre los pueblos». Este lenguaje, arraigado en la larga tradición de la Iglesia sobre la guerra justa, pero acentuado por los conflictos contemporáneos, ha generado inquietud entre un sector del electorado católico que apoyó la promesa de Trump de evitar nuevos conflictos militares.
Los datos sugieren que esta tensión no es meramente teórica. En el tema específico de Irán, solo el 40% de los católicos encuestados aprueba la gestión del conflicto por parte de Trump, mientras que el 60% la desaprueba. Un patrón similar se observa en relación con el uso de la fuerza: el 45% apoya la acción militar contra Irán, pero una mayoría del 55% se opone. Al preguntarles sobre su efectividad, nuevamente el 45% cree que el enfoque militar está dando resultados, en comparación con el 55% que no lo cree.
Al mismo tiempo, la encuesta revela una perspectiva estratégica más compleja entre el electorado católico. Amplias mayorías continúan apoyando objetivos geopolíticos clave asociados con la confrontación. El 71% considera importante impedir que Irán adquiera armas nucleares, y la misma proporción subraya la importancia de salvaguardar el flujo de petróleo de la región. Un porcentaje aún mayor, el 73%, prioriza la reducción del apoyo iraní al terrorismo, mientras que el 61% favorece la promoción del cambio político dentro del país. Estas respuestas sugieren que el desacuerdo no radica en los fines, sino en los medios: los católicos parecen divididos en cuanto a los métodos militares, aunque coinciden en gran medida en los objetivos estratégicos.
Esta ambivalencia se refleja también en la percepción de seguridad. Solo el 39% cree que los ataques militares contra Irán harán que Estados Unidos sea más seguro, mientras que el 38% piensa que tendrán el efecto contrario y el 23% prevé poco impacto. Mientras tanto, la preocupación por las ambiciones nucleares de Irán sigue siendo generalizada: el 74% de los católicos expresa inquietud ante la posibilidad de que Teherán adquiera tales armas.
Los analistas ven en estas cifras la fragmentación de una coalición que alguna vez pareció sólida.
Para complicar aún más el panorama, los recientes esfuerzos diplomáticos no han dado resultados. El vicepresidente JD Vance, católico practicante, participó en negociaciones directas con líderes iraníes en Pakistán durante un alto el fuego de dos semanas. El fracaso de esas conversaciones ha reforzado la sensación de incertidumbre estratégica, volviendo a colocar las opciones militares en primer plano.
La encuesta es anterior a otro acontecimiento potencialmente trascendental: las críticas públicas de Trump al papa León XIV, expresadas tanto en redes sociales como en declaraciones verbales. Si bien su impacto electoral aún está por medirse, tal confrontación corre el riesgo de profundizar la división entre la autoridad política y el liderazgo religioso a ojos de los votantes católicos.
Lo que surge de esta convergencia de datos y acontecimientos no es simplemente una disminución en los índices de aprobación, sino una reevaluación más profunda. Para muchos votantes católicos, la cuestión ya no se limita a la preferencia partidista. Aborda la coherencia entre la fe y el juicio político, particularmente en asuntos de guerra, paz y los límites morales del poder.
En ese sentido, el momento actual podría marcar menos una fluctuación temporal que el comienzo de una reconfiguración cuyos contornos aún se están definiendo. El voto católico, a menudo decisivo en las elecciones estadounidenses, vuelve a estar en movimiento, esta vez bajo la presión de un conflicto que ha reavivado interrogantes persistentes sobre la conciencia, la autoridad y el costo de la guerra.
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