(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 07.05.2026).- Tras semanas marcadas por una inusual y aguda tensión pública entre la Casa Blanca y el Vaticano, el Papa León XIV recibió al Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en audiencia privada el jueves 7 de mayo, en lo que parece ser el intento más claro hasta la fecha de estabilizar las relaciones entre la Santa Sede y la administración del Presidente Donald Trump.
Según la Oficina de Prensa de la Santa Sede, las conversaciones fueron cordiales y se centraron en reafirmar el compromiso compartido de la Santa Sede y Estados Unidos de mantener relaciones bilaterales constructivas. Rubio también se reunió con el Cardenal Pietro Parolin y el Arzobispo Paul Richard Gallagher, el equivalente vaticano del ministro de Relaciones Exteriores.
La reunión tuvo lugar en el contexto de una creciente disputa verbal provocada por las reiteradas acusaciones de Trump de que León XIV había mostrado simpatía hacia Irán y no se había opuesto con suficiente firmeza a las ambiciones nucleares de Teherán, afirmaciones que el Vaticano ha rechazado categóricamente.
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En declaraciones realizadas apenas un día antes de la llegada de Rubio, el Cardenal Parolin cuestionó abiertamente la veracidad de las declaraciones de Trump, evitando cuidadosamente la confrontación personal directa. En declaraciones a la prensa a las afueras del Instituto Augustinianum de Roma, el Secretario de Estado del Vaticano insistió en que la postura de la Santa Sede sobre las armas nucleares se ha mantenido constante durante décadas.
«Debemos decir la verdad», afirmó Parolin, explicando que el Vaticano siempre ha trabajado por el desarme nuclear y ha apoyado reiteradamente los acuerdos internacionales que limitan o prohíben los arsenales atómicos. El cardenal añadió que la posición de la Santa Sede sobre el tema es «muy clara».
Este intercambio puso de manifiesto una tensión más amplia que se ha intensificado progresivamente desde la elección de León XIV, y especialmente tras sus críticas a la retórica bélica, las políticas migratorias y la escalada militar en varias regiones del mundo. El desacuerdo se agudizó aún más después de que Trump acusara públicamente al Papa de socavar los intereses estadounidenses y poner en peligro a los católicos con sus comentarios sobre conflictos internacionales.
Sin embargo, la audiencia del jueves sugirió que ambas partes podrían estar buscando ahora una vía menos confrontativa.
En las redes sociales tras la reunión, Rubio declaró que él y el Papa habían conversado sobre “nuestro compromiso compartido con la promoción de la paz y la dignidad humana”, un lenguaje notablemente más suave y diplomático que la retórica que ha dominado los titulares recientes.
Dentro del Vaticano, los funcionarios se mostraron igualmente decididos a evitar que la disputa se convirtiera en una ruptura más profunda entre Washington y la Santa Sede. Parolin enfatizó que el Vaticano permanece abierto al diálogo con todos los líderes políticos, incluido el propio Trump.
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“El Santo Padre nunca le ha cerrado la puerta a nadie”, dijo el cardenal al ser preguntado sobre la posibilidad de una conversación telefónica directa entre el Papa y el presidente estadounidense. “Si se solicitara un diálogo directo, imagino que no tendría ningún problema en aceptarlo”.
Esta declaración podría resultar significativa. Históricamente, la Santa Sede ha intentado mantener canales de comunicación incluso durante períodos de graves desacuerdos geopolíticos. La diplomacia vaticana tradicionalmente opera a través del compromiso a largo plazo, en lugar de la alineación ideológica con gobiernos específicos. El cuerpo diplomático de la Iglesia, uno de los más antiguos del mundo, se posiciona con frecuencia como mediador capaz de dialogar simultáneamente con las partes enfrentadas en los conflictos mundiales.
Esto explica por qué los funcionarios del Vaticano siguen insistiendo en la negociación respecto a Irán y otras crisis internacionales, incluso ante las críticas de líderes políticos que favorecen enfoques más confrontativos.
Parolin reiteró que los conflictos armados no pueden resolverse únicamente por la fuerza. Sostuvo que las soluciones duraderas requieren negociaciones sinceras en las que todas las partes puedan expresar sus preocupaciones y buscar puntos en común.
Según se informa, la delegación del Vaticano y Rubio abordaron una amplia gama de conflictos globales, más allá de la controversia inmediata con Irán. De acuerdo con Parolin, las conversaciones incluyeron guerras, crisis humanitarias, inestabilidad política, América Latina y probablemente también Cuba; todas ellas preocupaciones recurrentes en la diplomacia vaticana.

La inclusión de América Latina es particularmente relevante porque las tensiones entre la administración Trump y el Papa León XIV no se han limitado a los asuntos de Oriente Medio. Desde el inicio de su pontificado, León XIV ha enfatizado repetidamente las responsabilidades morales de las naciones hacia los migrantes, los peligros de la polarización ideológica y la necesidad de evitar reducir la religión al nacionalismo político o al conflicto civilizacional.
Algunos observadores del Vaticano creen que este marco moral más amplio ayuda a explicar por qué las relaciones entre el primer papa estadounidense y Trump se han vuelto inusualmente delicadas. Si bien ambas figuras hablan con frecuencia sobre el cristianismo y la civilización occidental, a menudo parecen concebir roles muy diferentes para la religión en la vida pública y los asuntos internacionales.
Aun así, el Vaticano parece reacio a permitir que el desacuerdo se convierta en una hostilidad permanente. Parolin subrayó que Estados Unidos sigue siendo un interlocutor internacional indispensable debido a su influencia en casi todas las grandes crisis geopolíticas que se están desarrollando actualmente.
«¿Cómo se puede ignorar a Estados Unidos?», preguntó retóricamente el cardenal. «Es imposible».

Ese realismo pragmático ha caracterizado durante mucho tiempo la diplomacia de la Santa Sede. El Vaticano mantiene frecuentemente el diálogo incluso con gobiernos cuyas políticas critica duramente, convencido de que la comunicación sigue siendo preferible al aislamiento.
Por lo tanto, la reunión del jueves tuvo una importancia que trascendió el protocolo. Representó una prueba de si dos actores globales influyentes —uno político y otro espiritual— pueden seguir dialogando de forma constructiva a pesar de las profundas diferencias sobre la guerra, la diplomacia y el lenguaje moral que rodea al poder internacional.
Por ahora, ambas partes parecen interesadas en rebajar la tensión.
Aún no está claro si esta reunión marca el inicio de un verdadero acercamiento o simplemente una pausa temporal en las tensiones. Sin embargo, las imágenes que llegan del Vaticano —reuniones cordiales, intercambios diplomáticos y una cautelosa apertura al diálogo futuro— contrastan notablemente con la retórica hostil que había predominado apenas unos días antes.
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