(ZENIT Noticias / Ciudad de México, 12.07.2026).- México sigue siendo uno de los grandes bastiones del catolicismo mundial; sin embargo, nuevos datos demográficos revelan una nación que experimenta una profunda transformación en su identidad religiosa. Si bien la Iglesia Católica continúa siendo la fe de la inmensa mayoría de los mexicanos, el país se está volviendo cada vez más diverso, lo que plantea nuevos desafíos pastorales y culturales para una Iglesia que durante mucho tiempo ha marcado la historia de la nación.
Según el Censo de Población y Vivienda de México 2020, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 77.7% de la población —aproximadamente 97.9 millones de personas— se identificó como católica. Aunque esto sigue representando una abrumadora mayoría, marca una disminución notable con respecto al 82.7% registrado una década antes.
Las cifras también muestran un crecimiento significativo entre los cristianos protestantes y evangélicos, que ahora representan el 11.2% de la población, mientras que casi uno de cada diez mexicanos declara no tener religión. Además, más de tres millones de personas se describen como creyentes sin afiliación religiosa formal, lo que ilustra cómo la espiritualidad personal está reemplazando cada vez más la identidad religiosa heredada para muchos ciudadanos. El estudio del INEGI, “Panorama de las Religiones en México 2020”, publicado en 2023, destaca la drástica evolución de la composición religiosa del país. A finales del siglo XIX, menos del 1% de los mexicanos profesaba religiones distintas al catolicismo. Hoy, más de 14.3 millones de personas profesan otras confesiones, mientras que 13.3 millones se identifican como no religiosas o sin afiliación religiosa formal. En conjunto, estos grupos representan casi el 22% de la población mexicana.
El censo también revela marcados contrastes regionales. El catolicismo se mantiene particularmente fuerte en el centro y oeste de México. Estados como Guanajuato, Jalisco, Michoacán y Zacatecas registran algunos de los porcentajes más altos de residentes católicos del país, superando a menudo el 90%.

En cifras absolutas, el Estado de México encabeza la lista con más de 13.3 millones de católicos, seguido de Jalisco (7.45 millones), Ciudad de México (6.99 millones), Veracruz (6.05 millones), Guanajuato (5.6 millones) y Puebla (5.55 millones).
El panorama cambia considerablemente en el sureste. Chiapas registra la menor proporción de católicos del país, con solo alrededor del 54% de sus habitantes identificados con la Iglesia. Quintana Roo le sigue con aproximadamente el 55%, mientras que Campeche y Tabasco se sitúan en torno al 60% y el 62%, respectivamente. Estas regiones han experimentado un crecimiento sustancial de las comunidades evangélicas y otras denominaciones cristianas.
El protestantismo evangélico ha echado raíces particularmente fuertes en ocho estados, donde al menos el 15% de los habitantes pertenecen a estas iglesias. Chiapas lidera con el 32.5%, seguido de Tabasco con el 27.1%, Campeche con el 24.3% y Quintana Roo con el 20.9%.
Mientras tanto, la secularización avanza con mayor rapidez en las zonas urbanas y fronterizas. Baja California, Quintana Roo y la Ciudad de México registran algunos de los porcentajes más altos del país de residentes sin afiliación religiosa, entre el 11 % y el 22 %. Los sociólogos suelen asociar esta tendencia con la urbanización, la migración, un mayor nivel educativo y una mayor exposición a diversas influencias culturales.
Para los obispos mexicanos, estos cambios requieren más que un análisis estadístico: exigen una visión misionera renovada. La Conferencia Episcopal Mexicana ha reconocido reiteradamente que, si bien el catolicismo sigue siendo la religión principal del país, México ya no puede describirse como religiosamente homogéneo.
Los obispos sostienen que la respuesta adecuada no consiste simplemente en preservar las estructuras existentes, sino en fortalecer la evangelización en una sociedad donde la fe ya no se transmite automáticamente de generación en generación. Sus prioridades incluyen una formación catequética más profunda, una mayor pastoral juvenil y una Iglesia misionera capaz de interactuar con una cultura cada vez más pluralista. Este enfoque refleja el énfasis pastoral fomentado primero por el Papa Francisco y continuado ahora bajo el Papa León XIV, que llama a los católicos a convertirse en una Iglesia que busca activamente a las personas en lugar de esperar a que regresen.
A pesar del descenso gradual en el porcentaje de fieles, México sigue ocupando un lugar fundamental en el catolicismo mundial. Las publicaciones estadísticas del Vaticano, como el Anuario Pontificio 2026 y el Annuarium Statisticum Ecclesiae 2024, proyectan que el país cuenta actualmente con aproximadamente 101.3 millones de católicos bautizados, lo que lo convierte en la segunda nación católica más grande del mundo después de Brasil, por delante de países como Filipinas, Estados Unidos e Italia.
Esta aparente paradoja refleja la realidad demográfica de México. Si bien la afiliación católica ha disminuido proporcionalmente, el crecimiento demográfico ha permitido que el número total de católicos se mantenga extraordinariamente alto.
El panorama que emerge, por lo tanto, es de continuidad y cambio. El catolicismo sigue profundamente arraigado en la identidad cultural de México y continúa representando una de las mayores concentraciones de fieles en todo el mundo. Sin embargo, la constante expansión de otras comunidades cristianas, el creciente número de personas sin afiliación religiosa y la creciente diversidad de creencias sugieren que el futuro de la Iglesia dependerá menos de la tradición heredada que de su capacidad para presentar el Evangelio de manera convincente a una generación para la que el compromiso religioso se ha convertido en una elección cada vez más personal.
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