(ZENIT Noticias / Roma, 07.08.2026).- La administración financiera del Vaticano cerró 2025 con más activos, un patrimonio neto mayor y una situación notablemente distinta a la que sugiere la cifra de beneficios principal. Sin embargo, tras este balance mejorado subyace una cuestión que será mucho más importante para la administración del Papa León XIV: ¿podrá la Santa Sede convertir su riqueza en los ingresos recurrentes que necesita para sostener su misión? Por ahora, la respuesta no está del todo clara.
La Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA) registró un patrimonio neto de 2.686 millones de euros a finales de 2025, un aumento de aproximadamente 89 millones de euros con respecto al año anterior. Este resultado se produce durante una transición particularmente significativa para el Vaticano, tras la muerte del Papa Francisco y la elección de León XIV, mientras la APSA continuaba con sus responsabilidades institucionales habituales.
A primera vista, sin embargo, las cifras parecen menos impresionantes. El resultado de gestión de la APSA descendió a 22,8 millones de euros, en comparación con los 62,2 millones de euros de 2024. Esta comparación puede resultar engañosa.
El año anterior fue excepcional, en gran medida debido a las ganancias generadas por una importante reestructuración de la cartera de inversiones. Según la información facilitada a ZENIT por la APSA, en 2024 se generaron ganancias de aproximadamente 30 millones de euros, frente a menos de 500.000 euros en 2025. La fuerte caída, por lo tanto, refleja tanto la naturaleza extraordinaria de 2024 como el desempeño subyacente del año siguiente.
Más revelador aún es lo que sucedió con los propios activos.
APSA registró un rendimiento positivo de inversiones de aproximadamente 16 millones de euros en 2025, pero las nuevas normas contables implicaron que las variaciones en el valor de las inversiones gestionadas se registraran directamente en el patrimonio neto en lugar de en la cuenta de resultados. En consecuencia, la cartera de inversiones mostró una pérdida contable de 3,7 millones de euros, mientras que su rendimiento efectivo se mantuvo positivo en aproximadamente 12,6 millones de euros.
En otras palabras, parte del aparente deterioro se debe a la presentación contable, más que a una desaparición de capital.
Esta distinción es importante porque APSA no es una sociedad de inversión comercial convencional. Según el arzobispo Giordano Piccinotti, su presidente, su objetivo declarado no es maximizar las ganancias anuales, sino preservar y fortalecer el patrimonio confiado a la Santa Sede.
Y, en ese sentido, 2025 fue un año sólido.
Oro, propiedades y los límites de la riqueza en papel
El aumento de 89 millones de euros en el patrimonio neto se debió principalmente a tres factores: una revaluación de 40,8 millones de euros en oro físico, un incremento de 39,2 millones de euros en el valor registrado de los bienes inmuebles y una contribución positiva de 16,3 millones de euros por la valoración de valores.
Estas cifras hacen que la posición financiera del Vaticano parezca considerablemente más sólida.
Pero la solidez del balance y la liquidez financiera no son lo mismo.
Un aumento en el valor de mercado del oro en reserva no paga, por sí solo, los salarios, financia la actividad diplomática ni cubre los gastos de funcionamiento de la Curia Romana. Tampoco una mayor valoración de un edificio genera automáticamente efectivo.
Esta distinción cobra especial importancia al analizar la enorme cartera inmobiliaria de APSA.
La administración gestiona 4.281 propiedades en Italia y aproximadamente otras 1.200 en el extranjero, incluyendo propiedades en Londres, París, Ginebra y Lausana. Su negocio inmobiliario generó 44,5 millones de euros en ingresos en 2025, lo que supone una mejora de 9,4 millones de euros, atribuida a una gestión más eficiente, mayores ingresos operativos y menores costes de mantenimiento.
Sin embargo, la cartera tiene una finalidad muy diferente a la de una empresa inmobiliaria comercial convencional.
Según la información facilitada, el 61% de la superficie total propiedad directa de APSA, que abarca 475.453 metros cuadrados, no genera ingresos en relación con sus costes de mantenimiento. Otro 16% se destina a alquileres subvencionados o con descuento. Solo el 23% de la superficie se alquila a precio de mercado.
Esto se explica en parte por la naturaleza de los inmuebles eclesiásticos: las iglesias y otros edificios con fines religiosos no pueden valorarse con los mismos criterios comerciales que un edificio de oficinas o un centro comercial.
Esta realidad, sin embargo, también ilustra el dilema financiero fundamental al que se enfrenta la APSA. El Vaticano puede poseer una considerable riqueza sin poder convertirla toda en ingresos anuales fiables.
La cifra más importante para León XIV
Para las finanzas operativas de la Santa Sede, una cifra merece especial atención: la contribución de la APSA a la Curia Romana.
En 2025, la APSA aportó 22,7 millones de euros para las necesidades de la Curia. En 2024, la contribución había sido de 46 millones de euros. La diferencia es sustancial.
La APSA argumenta, con bastante razón, que la cifra de 2024 fue excepcional y no debería considerarse como el nuevo estándar anual. No obstante, la reducción pone de manifiesto la tensión entre dos objetivos legítimos. Uno es la preservación: proteger el patrimonio para que pueda seguir sustentando a la Iglesia durante generaciones. El otro es la sostenibilidad: generar suficientes ingresos recurrentes para financiar las instituciones a través de las cuales la Santa Sede lleva a cabo su misión mundial.
Normalmente, ambos objetivos se refuerzan mutuamente. Pero cuando los gastos operativos superan sistemáticamente los ingresos recurrentes, la presión para monetizar los activos puede volverse cada vez más difícil de resistir. Por eso, el próximo presupuesto general del Vaticano será más revelador que el balance de la APSA por sí solo.
La documentación adjunta señala que el presupuesto de la Santa Sede para 2024 registró un déficit operativo de 44 millones de euros tras un aumento de 40 millones de euros en los gastos operativos. Las mejoras anteriores en el déficit también se habían beneficiado de ingresos extraordinarios no recurrentes. Si el déficit estructural subyacente se mantiene en decenas de millones, una mayor valoración de los activos no puede, por sí sola, resolver el problema.
Un Vaticano con 2.686 millones de euros en activos netos aún puede enfrentar un grave problema de liquidez.
Una institución financiera que hace mucho más que invertir
Existe otra faceta de la APSA que el análisis financiero convencional puede pasar por alto fácilmente.
Alrededor del 40% del personal de la APSA trabaja para otras instituciones de la Santa Sede, incluidos dicasterios, organizaciones y fundaciones, a menudo sin generar ingresos correspondientes. En 2025, APSA procesó 4417 solicitudes de compra, de las cuales solo una cuarta parte correspondían a sus propias necesidades. Además, gestionó la contabilidad de 77 entidades y realizó más de 50 000 pagos.
Estas actividades revelan que la APSA está más vinculada a la infraestructura financiera y administrativa del Vaticano que a su brazo inversor.
Esto dificulta la evaluación del desempeño de la institución únicamente a través de las ganancias.
Su cartera de inversiones en 2025 fue deliberadamente conservadora: aproximadamente un 17 % en acciones, un 32 % en bonos, un 29 % en oro físico, además de reservas de liquidez. La rentabilidad total de la cartera propia fue del 14,37 %.
La estrategia refleja una preferencia por la preservación y la prudencia en lugar de la especulación agresiva.
Esto puede ser particularmente significativo para una institución eclesiástica a la que se le confían activos acumulados durante generaciones y destinados a apoyar fines religiosos, caritativos, diplomáticos y administrativos. Maximizar las ganancias a corto plazo no necesariamente sería compatible con dicha responsabilidad.
El desafío que le espera al Papa León XIV
La verdadera prueba para la agenda de reforma financiera del Vaticano llegará, por lo tanto, cuando las ganancias extraordinarias desaparezcan del panorama.
Las cuentas de la APSA de 2025 sugieren que la institución fortaleció su posición patrimonial al tiempo que retomó condiciones operativas más normales. Su estrategia inmobiliaria trienal, lanzada en 2025, busca vender propiedades no estratégicas, regularizar los registros de propiedad y reorientar el capital hacia activos más productivos. Se prevén otros proyectos, como un desarrollo agrovoltaico en Santa Maria di Galeria y la remodelación de la Domus Paolo VI. Estas medidas apuntan a una gestión más disciplinada del patrimonio del Vaticano.
Pero también ponen de manifiesto el dilema central de la herencia financiera del Papa León XIV. La Santa Sede no solo necesita ser más rica sobre el papel, sino que requiere ingresos suficientes y predecibles para sostener sus instituciones sin depender repetidamente de transacciones excepcionales ni de la liquidación de su patrimonio. Por ello, el próximo presupuesto vaticano será decisivo.
Si el fortalecimiento del balance de la APSA se acompaña de una reducción del déficit estructural de la Curia, 2025 podría representar un paso importante hacia una estabilidad financiera duradera. Si el déficit persiste, el aumento de 89 millones de euros en el patrimonio neto se percibirá menos como una solución y más como un recordatorio de la diferencia entre poseer riqueza y generar los ingresos necesarios para utilizarla.
Para León XIV, esta distinción podría convertirse en una de las cuestiones financieras clave de su pontificado.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.




