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Países Bajos registra su primera eutanasia infantil

Se trata del primer expediente recibido en Países Bajos para solicitar la eutanasia en niños desde la ampliación de la legislación sobre la eutanasia en 2024. Anteriormente ya se podía solicitar la eutanasia para bebés menores de un año y para niños mayores de 12 años.

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Julio Tudela y Ester Bosch

(ZENIT Noticias – Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia / Valencia, 09.09.2026).- Países Bajos ha registrado el primer caso de eutanasia practicada a un niño de entre uno y doce años desde que, en 2024, entrara en vigor la normativa que permite aplicarla a menores con enfermedades incurables que les provoquen un sufrimiento considerado insoportable y sin posibilidad de mejoría. El procedimiento exige el consentimiento de los padres y la valoración de, al menos, un médico independiente.

La comisión encargada de evaluar la finalización de la vida de recién nacidos y menores de edad, recibió la notificación de este caso el año pasado y ha concluido recientemente la evaluación del caso. Esta comisión fue la que revisó el expediente  del niño, escuchó al médico responsable y envió su dictamen a la Fiscalía, que deberá determinar si el facultativo actuó conforme a la legislación vigente.

No se han hecho públicos ni la edad ni la enfermedad que padecía el menor.

Se trata del primer expediente recibido en Países Bajos para solicitar la eutanasia en niños desde la ampliación de la legislación sobre la eutanasia en 2024. Anteriormente ya se podía solicitar la eutanasia para bebés menores de un año y para niños mayores de 12 años.

Cabe recordar que Países Bajos fue el primer país europeo donde se legalizó la eutanasia en el año 2002.

Al aprobar la reforma de la ley de eutanasia el Gobierno de Países Bajos se estimó que habría 5 niños al año que podrían cumplir los requisitos para solicitarla y que se trataría de niños con anomalías congénitas o enfermedades metabólicas.

No es el primer país donde se aplica la eutanasia a un niño, dado que en Bélgica es legal la eutanasia en niños desde febrero de 2014, cuando el Parlamento belga aprobó un proyecto de ley para permitir la eutanasia en los casos de niños enfermos terminales. Y fue en septiembre de 2016 cuando se aplicó por primera vez la eutanasia a un menor de edad.

Valoración bioética

La extensión de la aplicación de la eutanasia a menores de edad, es una consecuencia de la pendiente resbaladiza que acompaña a la instauración de las legislaciones eutanásicas en los países donde se aprueban.

Provocar la muerte de un paciente en lugar de acompañarlo en su enfermedad suministrándoles los cuidados que necesita, es un acto bioéticamente reprobable sin paliativos. Cualquier intento de justificación basado en una falsa compasión debe descartarse por atentar contra el primero de sus derechos, que es el derecho a la vida.

Pero, además, la razón que se esgrime desde las tesis pro-eutanásicas en el sentido de respetar la voluntad de los pacientes que la solicitan, queda totalmente desvirtuada en el caso de pacientes incapacitados para emitir un consentimiento informado de forma responsable.

La eutanasia aplicada a un niño, o a un paciente psiquiátrico, o profundamente deprimido, no es más grave que la que se ejecuta sobre adultos capaces de elegir.

Pero casos como el que nos ocupa, muestran el verdadero rostro siniestro de una práctica que elimina los pacientes que deberían ser cuidados y acompañados. Aquí no hay consentimiento, ni capacidad de evaluar las consecuencias de la intervención que se les impone, ni posibilidad de corregir sus efectos posteriormente. La muerte inferida extingue toda posibilidad de enmienda futura.

El caso de la eutanasia infantil pone además de manifiesto la enorme responsabilidad que en el proceso asumen los actores implicados: los políticos que legislan, los médicos que prescriben la eutanasia, los jueces que la autorizan o los padres que la solicitan, sin olvidar a los clínicos que la ejecutan.

Esta dramática cadena de contribuciones logra terminar con la vida de los vulnerables, que, como en el caso de los niños, no pueden optar ni defenderse para reclamar sus derechos.

La tarea pendiente es la prestación de ayuda para vivir, a través de la posibilidad de acceso a los cuidados paliativos de calidad. La eufemística “ayuda para morir” no deja de consistir en matar al paciente, que nunca supondrá ni atención médica ni progreso humano.

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Redacción Zenit

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