Misa en la Basílica de St. Mary in Kevelaer en Alemania.Foto: CNS ;Theo Barth, KNA

Cierre de parroquias: nuevos datos muestran el declive de la iglesia católica en Alemania, la más progresista… y “sinodal”

Más allá de la logística y las cifras, los cierres plantean interrogantes sobre la identidad y la dirección. Se desarrollan en el contexto de los debates en curso en torno al Camino Sinodal Alemán y el propuesto Consejo Sinodal, iniciativas que han suscitado críticas por posturas consideradas por muchos como doctrinalmente ambiguas o abiertamente heterodoxas

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(ZENIT Noticias / Colonia, 30.12.2025).- En toda Alemania, la eliminación de espacios sagrados se ha convertido en una señal cada vez más común de una contracción eclesial más profunda. Durante 2025, al menos 46 iglesias y capillas católicas fueron desacralizadas formalmente, según cifras citadas por el Neue Osnabrücker Zeitung de la Conferencia Episcopal Alemana. Si bien el total representa una disminución con respecto a las 66 registradas el año anterior, confirma que la conversión de edificios que antes eran sagrados a uso secular no es un fenómeno temporal, sino parte de un retroceso estructural sostenido.

Las autoridades eclesiásticas reconocen que la cifra real podría ser mayor. No todos los actos de desacralización se publican sistemáticamente en los boletines diocesanos, la principal fuente utilizada para las estadísticas nacionales. Sin embargo, lo que se observa es un patrón que refleja la dramática erosión del propio catolicismo alemán.

Menos de 20 millones de personas en Alemania estaban registradas formalmente como católicas en 2024, la cifra más baja de la era moderna tras décadas de constante declive. Aún más sorprendente es la brecha entre la pertenencia nominal y la fe vivida. Solo alrededor del 6,6 % de los católicos registrados asisten a la misa dominical con regularidad, lo que se traduce en aproximadamente 1,3 millones de fieles en un país que antaño fue el corazón de la vida católica europea.

Este desequilibrio entre la escala institucional y la participación real ha obligado a las diócesis a replantear sus modelos territoriales y pastorales. Mantener una extensa red de parroquias, muchas de ellas con escasa asistencia, se ha vuelto financiera y logísticamente insostenible. El resultado ha sido una ola de fusiones que están transformando el panorama eclesial.

En ningún otro lugar esta transformación es más radical que en la Arquidiócesis de Friburgo. Acostumbrada a supervisar más de mil parroquias, se prepara para operar con tan solo 36 grandes unidades pastorales. Procesos similares, ya completados o en curso en otros lugares, reflejan una Iglesia que se está adaptando no solo a la disminución de las congregaciones, sino también a una grave escasez de clero.

El colapso vocacional se ha convertido en uno de los rasgos distintivos de la situación alemana. En 2024, solo se ordenaron 29 sacerdotes diocesanos en todo el país, y once de las 27 diócesis del país no registraron ninguna ordenación. El contraste histórico es marcado. Durante los años que rodearon el Concilio Vaticano II, Alemania produjo al menos 500 nuevos sacerdotes al año. Incluso en 2007, la cifra superaba los cien.

Este declive alimenta un círculo vicioso. La disminución de sacerdotes provoca fusiones y cierres de parroquias; la disminución de parroquias implica una menor presencia local, un debilitamiento de la vida sacramental y una mayor dificultad para transmitir la fe a las nuevas generaciones. La desacralización de las iglesias, un acto canónico que retira un edificio del culto y permite su uso para fines no religiosos considerados apropiados, se ha convertido en el símbolo más tangible de esta espiral.

Más allá de la logística y las cifras, los cierres plantean interrogantes sobre la identidad y la dirección. Se desarrollan en el contexto de los debates en curso en torno al Camino Sinodal Alemán y el propuesto Consejo Sinodal, iniciativas que han suscitado críticas por posturas consideradas por muchos como doctrinalmente ambiguas o abiertamente heterodoxas. En este contexto, algunos observadores ya no se preguntan solo cuántas iglesias cerrarán, sino qué tipo de Iglesia permanecerá.

El problema ha trascendido las fronteras de Alemania. Comentarios recientes en medios católicos internacionales han cuestionado si algunos segmentos del proyecto eclesial alemán aún reflejan una visión claramente católica. Los edificios desacralizados dispersos por ciudades y pueblos no son simplemente infraestructuras redundantes, sino indicadores de una crisis sin resolver que afecta a la fe, la autoridad y la futura configuración del catolicismo en una de las naciones más influyentes de Europa.

Lo que la Iglesia alemana está experimentando no es simplemente una cuestión de disminución de la asistencia o estructuras obsoletas. Es una redefinición de la presencia misma, medida en menos sacerdotes, menos parroquias y menos lugares donde se celebra públicamente lo sagrado. Las consecuencias a largo plazo de esta transformación, tanto para la sociedad alemana como para la Iglesia católica en general, aún se están desarrollando.

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Joachin Meisner Hertz

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