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Jesús en el Tabor (Rafael, Museos Vaticanos)

Jesús en el Tabor (Rafael, Museos Vaticanos)

Segundo domingo de Cuaresma

Ciclo A – Textos: Génesis 12, 1-4; 2 Timoteo 1, 8-10; Mateo 17, 1-9

 

Ciclo A Textos: Génesis 12, 1-4; 2 Timoteo 1, 8-10; Mateo 17, 1-9

P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México).

Idea principal: pedagogía de la fe, es decir, el modo como Dios nos comunica sus misterios durante nuestro peregrinar terreno.

Resumen del mensaje: en esta Cuaresma, Cristo nos invita a subir con Él al monte Tabor donde nos revelará su gloria y su belleza, y nos dará ánimo antes de subir la escalada del Calvario (evangelio). Sólo a través de la fe podemos descubrir, sin escandalizarnos, la divinidad de Jesús a través de su humanidad sufriente (segunda lectura). Como sólo gracias a la fe, Moisés se fió de Dios y salió de su tierra cómoda y fértil para comunicarle el Señor sus misterios y su plan (primera lectura).

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, la cuaresma es una invitación de Dios para dejar, como Abraham, nuestro “modus vivendi” tranquilo, cómodo y sosegado, y echarnos al camino guiados por la luz de la fe y subir al monte santo de la Pascua, no sin antes pasar por el doloroso sendero de la cruz de Cristo. Esa luz de la fe es suficientemente clara como para guiarnos por el recto camino que Jesús nos ha trazado para llegar a la vida eterna. Y es, asimismo, suficientemente oscura para que tengamos mérito en el creer, para que podamos desplegar libremente nuestra confianza en su palabra, aun cuando aquello que Dios nos pida nos resulte humanamente incomprensible.

En segundo lugar, sólo desde la fe tendré en este domingo un encuentro místico con Cristo en el Tabor donde Él se me revelará en todo su esplendor y encanto, como lo tuvieron estos tres apóstoles íntimos, Pedro Santiago y Juan. Montemos el cuadro escénico: una montaña y una noche, luz y sonido, tres espectadores, dos actores y un protagonista, Jesús. Argumento de la obra: la divinidad de Dios. Título de la obra: Jesús es Dios. Cayó el telón. Esta experiencia mística también la tuvo Ignacio de Loyola: “Muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración, veía con los ojos interiores la humanidad de Cristo y la figura, que le parecía era como cuerpo blanco” (Autobiografía III,29), “como sol” (ib. XI,99). “Si no hubiese Escritura que nos enseñase estas cosas de la fe, él –Ignacio- se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto” (ib.).

Finalmente, necesitamos este encuentro místico con Cristo, como Pedro, Santiago, Juan, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Teresa de Calcuta. Desde la fe, claro. Lo necesitó Moisés para acaudillar al pueblo de Israel de Egipto a Palestina por cuarenta años de desastres, batallas, crisis religiosas, castigos de Dios, fidelidades de Dios…Lo necesitó Ignacio de Loyola para fundar la Compañía de Jesús contra viento y marea de príncipes, teólogos y Papas. Lo necesitaban esos tres apóstoles que en unos meses entrarían con Jesús en Getsemaní y se escandalizarían de Él y lo dejarían solo. Y sólo después de la Resurrección renovaron esta fe en Cristo Dios que brilló en el Tabor. Y yo necesito de este encuentro místico para no descafeinar la religión buscando achicorias, malta y demás sucedáneos de la fe.

Para reflexionar: ¿Cómo está mi fe en Cristo? ¿Mi fe sigue firme también cuando vea a Jesús ultrajado y colgado en la cruz? ¿Me espantan los silencios de Dios? Sube a la mística de la oración, no te quedes en el llano. Y después baja al llano, lleno del resplandor místico de Cristo, hecho caridad y ternura, como ama dice el papa Francisco.

Para rezar: Señor, invítame a subir al monte Tabor, envuélveme en tu luz y abre mis oídos para escuchar la voz del Padre que me dice: “Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo”. Y después de haber hecho esta experiencia en la fe, bajar del monte para contagiar la luz de mi fe a mis hermanos. Amén.

About Antonio Rivero

BIOGRAFIA DEL PADRE ANTONIO RIVERO El padre Antonio Rivero nació en Ávila (España) en 1956. Entró a la congregación de los Legionarios de Cristo en 1968 en Santander (España). Se ordenó de sacerdote en Roma en la Navidad de 1986. Es licenciado en Humanidades Clásicas en Salamanca, en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma y en Teología por la Universidad de santo Tomás también en Roma. Es doctor en Teología Espiritual por el Ateneo Pontifico Regina Apostolorum (Roma) donde defendió su tesis el 16 abril del año 2013 sobre la dirección espiritual en san Juan de Ávila, obteniendo “Summa cum laude”. Realizó su ministerio sacerdotal como formador y profesor de Humanidades clásicas en el seminario en México y España. Fue vicario parroquial en la ciudad de Buenos Aires durante doce años. Durante diez años fue director espiritual y profesor de teología y oratoria en el Seminario María Mater Ecclesiae en são Paulo (Brasil), formando futuros sacerdotes diocesanos. Actualmente es profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y ayuda en el Centro Logos, en la formación de sacerdotes y seminaristas diocesanos. Ha dedicado y dedica también parte de su ministerio sacerdotal a los Medios de Comunicación Social. Ha publicado trece libros: Jesucristo, Historia de la Iglesia, Los diez mandamientos, Breve catequesis y compendio de liturgia, El tesoro de la Eucaristía, El arte de la predicación sagrada, La Santísima Virgen, Creo en la Vida eterna, Curso de Biblia para laicos, Personajes de la Pasión, G.P.S (Guía Para Santidad, síntesis de espiritualidad católica), Comentario a la liturgia dominical ciclo A, Comentario a la liturgia dominical ciclo B. Ha grabado más de 200 CDs de formación. Da conferencias en Estados Unidos sobre pastoral familiar, formación católica y juventud. Y finalmente imparte retiros y cursos de formación a religiosas, seminaristas y sacerdotes diocesanos en México, Centroamérica y donde le invitan.

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