QUITO, sábado, 26 abril 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el comunicado que emitió este viernes la Conferencia Episcopal Ecuatoriana al final de la asamblea plenaria en la que ha elegido a sus nuevas autoridades, en particular, a monseñor Antonio Arregui Yarza, arzobispo de Guayaquil, como presidente.

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Los Obispos Católicos del Ecuador, congregados en nuestra CXX (120) Asamblea Plenaria, enviamos un saludo de paz a todos los hermanos y hermanas creyentes en Cristo y a todos quienes comparten con nosotros el amor a nuestra patria ecuatoriana.

Nos ha reunido el esfuerzo por coordinar la acción pastoral de la Iglesia, dirigida al servicio de los fieles y de toda la población. Y esta vez nuestra Asamblea ha cumplido también la tarea de elegir a las autoridades de la Conferencia para un nuevo período trienal. Después de invocar al Espíritu Santo hemos deliberado y votado con madurez y libertad. Los resultados fortalecen la fraternidad que existe entre nosotros y alientan nuestro compromiso común ante todos ustedes.

Queremos seguir sirviendo a la extensión del Reino de Dios por el anuncio de su Palabra y la celebración de la fe y la esperanza del pueblo cristiano. Juntamente con la acción social y caritativa, la educación y el desarrollo de los diversos estratos del pueblo, la promoción de nuestras culturas rurales y urbanas, indígenas y afrodescendientes, sin discriminación ninguna.

Renovamos nuestro compromiso de expresar el amor gratuito de Cristo en la atención a las justas y legítimas  aspiraciones de la gente de nuestro país. Estas se concentran ahora en la Asamblea Constituyente y sus actuaciones y planes para una completa restructuración institucional. En nombre de todo el pueblo creyente, y con el respaldo de cerca de un millón de firmas, estamos demandando a la Asamblea puntos fundamentales, para que, con la invocación de la protección divina, se garantice la inviolabilidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural sin excepciones; se garantice la protección de la familia, reconociendo la unión de hombre y mujer como único núcleo familiar;  se garantice la libertad de educación y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos; se mantenga vivo el patrimonio de libertades y derechos reconocidos en la ley fundamental.

Ante las catástrofes producidas por el invierno de este año, particularmente en las provincias de la costa ecuatoriana,  reiteramos nuestra colaboración con las entidades públicas y aportamos además nuestra propio apoyo: la colecta cuaresmal de solidaridad 'Múnera' 2008 se ha dedicado íntegramente a esta finalidad. Y de manera muy especial hacemos público nuestro agradecimiento al Señor Arzobispo de Munich, Alemania, quien ha reforzado la ayuda fraterna que nos presta esa Arquidiócesis desde hace casi 45 años, para que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana pueda atender algunas de las más urgentes necesidades de los damnificados.

Siempre abiertos a recibir las voces de nuestro pueblo para compartir sus sufrimientos y sus alegrías desde el amor misericordioso de Cristo, agradecemos a nuestras comunidades por su generosa participación en el servicio de la Iglesia al mundo;  acogemos la confianza de grandes sectores de nuestro pueblo y sus autoridades; apreciamos el empeño de los medios de comunicación por informar con honestidad y responsabilidad; y ofrecemos a todos nuestra continua oración y entrega.

Quito, abril 25 del 2008

  

 

+ Antonio Arregui Yarza,

ARZOBISPO DE GUAYAQUIL

Presidente de la Conferencia

Episcopal Ecuatoriana

+ Ángel Polivio Sánchez Loaiza,

OBISPO DE GUARANDA

Secretario General de la Conferencia

Episcopal Ecuatoriana

Declaración de los obispos argentinos y oración por la Patria

BUENOS AIRES, sábado, 12 abril 2008 (ZENIT.org).-  Publicamos la declaración que ha emitido la Conferencia Episcopal Argentina ante la situación del país en su asamblea plenaria, así como la oración por la Patria.

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Los obispos argentinos compartimos «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias» del pueblo al que pertenecemos y servimos en esta hora delicada y providencial de nuestra vida nacional.

Desde nuestra fe acudimos a Jesucristo, Señor de la historia, y le dirigimos una súplica confiada para poner bajo su mirada protectora las preocupaciones, desvelos y esperanzas de los argentinos. A Él le ofrecemos nuestro compromiso pastoral en favor del pueblo, especialmente de sus miembros más pobres, débiles y sufrientes.

Por ello peregrinamos, como lo hace el pueblo creyente, a la casa de nuestra Madre de Luján para pedirle que Ella interceda ante su Hijo por las necesidades más urgentes de la Patria. De modo particular queremos pedirle que nos ayude a los argentinos a:

1. valorar y construir con empeño perseverante la amistad social entre todos los habitantes de nuestra Patria, desterrando desencuentros, odios, rencores y enfrentamientos y promoviendo la equidad y la justicia para todos;

2. favorecer y cultivar la disposición al diálogo genuino en la verdad y el respeto entre personas y sectores, como camino indispensable en la búsqueda del bien común;

3. afianzar las instituciones democráticas de la República y el federalismo, respetando la Constitución Nacional, garantía para todos de una convivencia pacífica e incluyente.

Invitamos a todos los fieles a unirse a este gesto orante y a retomar la «oración por la Patria», tan apreciada en nuestras comunidades, como primero y principal servicio que los católicos argentinos queremos ofrecer a nuestra querida Nación.