La estatua ha permanecido en el actual santuario de Torreciudad durante aproximadamente 50 años.

De conflicto de un obispo contra el Opus Dei a conflicto de la diócesis contra la Obra

En un comunicado emitido el 11 de septiembre, la diócesis presentó el asunto no solo como un desacuerdo con el Opus Dei, que ha gestionado el santuario de Torreciudad durante décadas, sino como una cuestión de administración eclesial, continuidad histórica y los derechos de una Iglesia local sobre una imagen que, según afirma, pertenece a la diócesis desde hace más de 1.000 años.

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(ZENIT Noticias / Barbastro, 11.09.2026).- La prolongada disputa sobre la estatua original de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad ha entrado en una nueva fase, ya que la Diócesis de Barbastro-Monzón ha reiterado formalmente su demanda de que la imagen románica sea devuelta al pequeño santuario donde fue venerada durante más de un milenio.

En un comunicado emitido el 11 de septiembre, la diócesis presentó el asunto no solo como un desacuerdo con el Opus Dei, que ha gestionado el santuario de Torreciudad durante décadas, sino como una cuestión de administración eclesial, continuidad histórica y los derechos de una Iglesia local sobre una imagen que, según afirma, pertenece a la diócesis desde hace más de 1.000 años.

La estatua ha permanecido en el actual santuario de Torreciudad durante aproximadamente 50 años. La ermita original, sin embargo, se encuentra a tan solo unos metros. Para la diócesis, esta proximidad física hace que la disputa sea aún más llamativa: no pide que la Virgen abandone Torreciudad por completo, sino que la imagen original regrese a su lugar de origen.

La controversia se remonta a la construcción del nuevo santuario. En una escritura pública del 24 de septiembre de 1962, relativa al arrendamiento enfitéutico otorgado por la Diócesis de Barbastro a Inmobiliaria General Castellana, entidad vinculada al Opus Dei, una de las obligaciones estipuladas era no retirar la imagen de la ermita.

Según la diócesis, la estatua fue retirada de la ermita en 1975, una vez finalizada la construcción del nuevo santuario, para ser restaurada en Madrid. Tras la restauración, se colocó en la nueva iglesia y no regresó a la ermita.

Esta decisión fue impugnada en su momento. Monseñor Ambrosio Echebarría Arroita, entonces obispo de Barbastro, escribió a Florencio Sánchez Bella, entonces vicario del Opus Dei en España, argumentando que la imagen se había instalado en el nuevo santuario con la intención de que permaneciera allí sin autorización diocesana documentada. Solicitó su devolución.

El Opus Dei respondió presentando un acta notarial que remite a un documento privado atribuido a Jaime Flores Martín, antiguo obispo de Barbastro. Según dicho testimonio, Flores había autorizado la colocación de la imagen en el nuevo santuario.

La principal dificultad, según la diócesis, radica en que el documento original subyacente nunca le ha sido facilitado, a pesar de las reiteradas solicitudes. Tampoco, afirma, los archivos del cabildo catedralicio ni los archivos diocesanos contienen autorización para la retirada definitiva de la estatua de la ermita ni un acuerdo que transfiera su uso permanente.

El obispo actual ha continuado, por lo tanto, una disputa heredada de su predecesor. Entre las solicitudes formales de restitución figura una notificación legal certificada enviada el 7 de septiembre de 2022 a Desarrollo Social, la empresa vinculada al Opus Dei que sucedió a Inmobiliaria General Castellana.

Existe una distinción importante en el centro del caso. La diócesis no niega que la estatua haya estado físicamente ubicada en el nuevo santuario durante medio siglo. Su argumento es que posesión y propiedad no son necesariamente lo mismo. En su opinión, cinco décadas dentro de la iglesia mayoritaria no establecen por sí solas el derecho a disponer permanentemente de una imagen cuyo título pertenece a la diócesis.

El obispado también rechaza la idea de que la mayor prominencia o utilidad pastoral del nuevo santuario pueda zanjar la cuestión. Señala otros santuarios católicos donde las imágenes históricas han permanecido en sus emplazamientos originales incluso después de la construcción de iglesias más grandes en las cercanías, citando como ejemplos Lourdes y Fátima. Dentro de la propia diócesis de Barbastro-Monzón, observa que las comunidades religiosas a cargo de santuarios como Pueyo y Guayente han entendido tradicionalmente su función como la de cuidar las imágenes marianas en sus lugares establecidos, en lugar de adquirir el control permanente sobre ellas.

Sin embargo, la postura de la diócesis contiene un elemento que podría abrir la puerta a una solución negociada. Indica que, una vez que la estatua haya sido devuelta formalmente a la diócesis y a su ermita original, el obispo podría autorizar traslados temporales al santuario de Torreciudad o a otro lugar cuando razones pastorales lo justifiquen, siempre que los arreglos se coordinen adecuadamente y se establezcan las garantías necesarias.

En términos prácticos, esto podría dar lugar a una solución de compromiso inusual: la estatua podría regresar a su santuario histórico, permaneciendo disponible para periodos de devoción en el santuario principal, mucho más grande. Un nuevo acuerdo podría regular dichos traslados en términos reconocidos por ambas partes.

Por lo tanto, la disputa va más allá de la ubicación de una obra de arte sacro centenaria.

La diócesis se presenta como defensora de la continuidad, en lugar de buscar un nuevo privilegio: una imagen que, según su versión, permaneció en su santuario original durante más de mil años no debería haber sido trasladada permanentemente sin autorización expresa.

Esta postura sitúa ahora el futuro de la estatua directamente en manos de la diócesis y del Opus Dei. La posibilidad de un préstamo temporal significa que la restitución no necesariamente pondría fin a la presencia de la estatua en Torreciudad. Pero antes de que se pueda contemplar cualquier acuerdo de este tipo, el obispo insiste en que la imagen original debe ser devuelta primero a la custodia y sede histórica de la Diócesis de Barbastro-Monzón.

Tras medio siglo en el nuevo santuario, la disputa ha vuelto a un espacio geográfico inusualmente reducido: apenas unos metros separan dos iglesias, pero existe una distancia mucho mayor entre las interpretaciones contrapuestas de un antiguo acuerdo, la autoridad eclesiástica y el significado de la custodia.

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Redacción Zenit

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