(ZENIT Noticias – Terra Santa Net / Jerusalén, 19.08.2026).- Sebastia se encuentra entre los yacimientos arqueológicos más célebres de Cisjordania, con estratificaciones de tres mil años de historia: israelitas, griegos, romanos, bizantinos, cruzados, otomanos. Según la tradición, bajo sus piedras se halla la tumba de Juan Bautista. Hasta hace poco, al menos trescientos palestinos vivían de actividades vinculadas a los visitantes.
Hoy las tiendas están cerradas y las calles en silencio. La tierra en torno a las columnas romanas —olivares cultivados por familias durante generaciones— está bajo orden de confiscación israelí. En noviembre de 2025 la Administración Civil israelí emitió una orden de expropiación sobre unas 180 hectáreas de terrenos privados en torno al yacimiento: la mayor confiscación vinculada a un sitio antiguo desde la ocupación de 1967, que abarca miles de olivos y cientos de parcelas de los residentes y del pueblo vecino de Burqa.
El núcleo urbano de Sebastia corresponde a la Zona B, de jurisdicción mixta palestino-israelí según los Acuerdos de Oslo; el yacimiento arqueológico se encuentra en cambio en la Zona C, bajo pleno control civil y de seguridad israelí. El proyecto israelí prevé una nueva carretera que permita a los colonos gestionar los flujos turísticos y obtener de ellos beneficios económicos, separando aún más a la población palestina del yacimiento y de las actividades laborales ligadas al mismo.
El pasado 20 de mayo, Netanyahu y varios ministros anunciaron un plan de 259 millones de shékels (más de 70 millones de euros) para el desarrollo del patrimonio histórico en Cisjordania. El proyecto, denominado «Carretera, tierra, patrimonio» y calificado de «revolución en Judea y Samaria» —como la derecha nacionalista y religiosa israelí denomina a Cisjordania—, aprueba un centenar de nuevos asentamientos.
«Invertimos en la preservación de nuestro pasado para reforzar nuestro control sobre la Tierra de Israel y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio, la identidad y la verdad histórica de nuestro pueblo», dijo el primer ministro. El control sobre los yacimientos antiguos queda así vinculado a la expansión territorial. Todo ello en violación del derecho internacional, mientras la Autoridad Palestina se encuentra hoy en el mínimo de su capacidad de actuación, al borde del colapso financiero.
La Ciudad de David: ciencia y propaganda
Lo ocurrido en Sebastia es, en miniatura, lo que sucede en toda Cisjordania ocupada: expropiaciones justificadas con la tutela del patrimonio cultural, restricciones al sistema bancario, bloqueo de fondos a la Autoridad Palestina.
Según Emek Shaveh, asociación israelí que monitorea el uso ideológico de la arqueología, se trata de una política de desarrollo de largo alcance. «Durante dos décadas la arqueología se ha convertido en un instrumento para justificar los asentamientos y el desplazamiento de los palestinos en todo el Territorio», declara la portavoz Talya Ezrahi. La asociación, fundada en 2008, denuncia el mismo mecanismo en las excavaciones de la Ciudad de David en Jerusalén: los estudiosos trabajan allí según estándares científicos, pero el relato ofrecido a los visitantes conecta pasado y presente de un modo más cercano a la propaganda.
La Autoridad israelí de Antigüedades lleva a cabo las excavaciones, pero la gestión del parque está encomendada a Elad, organización de colonos cuya misión declarada es sacar a la luz la antigua Ciudad de David y crear una presencia judía en el área circundante. La experiencia turística se centra casi exclusivamente en la narración bíblica de David, ignorando o minimizando los siglos posteriores —historia bizantina, islámica, otomana y palestina moderna del barrio circundante de Silwan.
Con frecuencia, las campañas arqueológicas dobladas a fines políticos se concentran en los estratos del Reino de Israel entre los siglos IX y VIII a.C., dejando de lado el resto —columnas griegas, templos romanos, iglesias bizantinas, mezquitas otomanas— por no resultar funcional a la historia que se quiere contar.

La visión del ministro Eliyahu
El actual ministro de Patrimonio, Amihai Eliyahu, pertenece al partido de Itamar Ben-Gvir, uno de los más extremistas del gobierno en funciones. Sustituye el término «antigüedades» por «patrimonio» —un deslizamiento semántico poderoso y útil a la propaganda, que justifica los asentamientos y la expansión de la vida judía en toda Cisjordania, incluidas las áreas bajo control palestino.
El diario de oposición Haaretz ha acusado en reiteradas ocasiones a Eliyahu de querer instrumentalizar la Autoridad israelí de Antigüedades (AIA), desplazando su misión desde la reconstrucción científica de la historia de Tierra Santa hacia la demostración del derecho judío sobre la tierra —una actitud que ve en la ciencia un enemigo, típica de los regímenes autoritarios.
En mayo pasado, Eliyahu intentó nombrar a Esther Schreiber al frente de la Autoridad, pero el nombramiento fue rechazado a finales de junio por falta de los requisitos de experiencia directiva previstos por la ley. La iniciativa también dio lugar a una petición al Tribunal Supremo firmada por unos sesenta arqueólogos israelíes.
Schreiber dirige I.Next.G (Israel’s Next Generation), ONG religiosa vinculada a Chabad, movimiento internacional del judaísmo jasídico ortodoxo. Ben Gvir, aliado político de Eliyahu, declaró que el deep state había bloqueado a Schreiber «porque es una persona abiertamente observante».
Según The Times of Israel, su candidatura estaba ligada al intento del gobierno de establecer una autoridad separada para las antigüedades —siempre bajo el ministerio de Patrimonio— con competencia sobre las actividades arqueológicas en Cisjordania y Gaza. En el mundo académico israelí y en la Autoridad Palestina la iniciativa suscitó fuertes reacciones, porque equivaldría a una anexión de facto; Netanyahu habría bloqueado posteriormente el proceso legislativo debido a las polémicas suscitadas.
El arqueólogo Aren Maeir de la Universidad Bar-Ilan ha observado que este proyecto de ley para la nueva autoridad habría hecho «más difíciles nuestros esfuerzos en la lucha contra el boicot». La comunidad de arqueólogos israelíes se da cuenta de que, al sustituir al Oficial encargado de Arqueología (comúnmente llamado Kamat), reconocido por el derecho internacional, que se ocupa de los yacimientos palestinos en nombre de la Administración Civil de la fuerza ocupante, por una nueva autoridad para el patrimonio no reconocida, solo se proporcionarían argumentos a quienes sostienen que la arqueología en Israel debe ser boicoteada.
Otros yacimientos en el punto de mira
El esquema parece, en cualquier caso, bien definido. El uso del patrimonio arqueológico como mecanismo de adquisición de tierras sigue lo que describe el columnista de Haaretz Moshe Gilad: «Los políticos israelíes ven la arqueología como una manera de demostrar que los judíos poseen esta tierra».
Mientras tanto, las finanzas públicas palestinas son estranguladas: las transferencias previstas por el acuerdo económico bilateral vigente desde la era de Oslo están bloqueadas. Israel recauda los impuestos aduaneros y comerciales sobre las importaciones palestinas en nombre de la Autoridad Palestina, con obligación de transferencia mensual —unos ingresos que constituyen aproximadamente el 70 por ciento de los ingresos totales de la Autoridad—, pero en el último año no se ha efectuado ni un solo pago.
Además de Sebastia, los principales yacimientos que están siendo objeto de presiones son la Tumba de los Patriarcas en Hebrón, el Herodión —el palacio-fortaleza de Herodes el Grande en el desierto—, el yacimiento de Tel Shiloh, los palacios asmoneos de Jericó y el yacimiento de Atara, cerca de Ramallah.
Una vez que Sebastia pase a la gestión de los colonos, a través del consejo regional o de una organización privada, se prevén graves consecuencias para la ciudad palestina: presencia militar permanente, restricciones más severas a la libertad de movimiento y supresión de facto de la vida normal en el pueblo.
Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.
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