La resurrección de Jesús, el mayor acto de ternura de Dios

Predicación de Cuaresma de un fraile capuchino al Papa

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 abr 2001 (ZENIT.org).- La Resurrección de Jesús ha sido el mayor acto de ternura de Dios por la humanidad y debe llevar al creyente a buscar con todas sus fuerzas la intimidad con la Trinidad. Con esta meditación ayudó a preparar espiritualmente un fraile capuchino a Juan Pablo II y a sus colaboradores para la Semana Santa.

Como uno más, el pontífice se sentó en la mañana de este viernes junto a los miembros de la Curia romana a escuchar la última predicación de Cuaresma del fraile capuchino Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia.

«Con la resurrección de Cristo, el Padre rompe el silencio y expresa su juicio sobre la acción de Cristo, y naturalmente sobre quienes le crucificaron –explicó el padre Cantalamessa a los micrófonos de Radio Vaticano al sintetizar su intervención–. Para nosotros es una fuente de esperanza y de alegría, pues la Escritura nos asegura que lo que Dios hizo con Jesús lo hará con nosotros: un día se acercará a nuestra tumba –no sabemos ni dónde ni cómo será ese momento– y nos dirá lo mismo que le dijo Jesús a un muchacho muerto: «Hijo, soy yo quien habla: álzate». Así también resucitaremos nosotros».

El fraile capuchino narró después la historia de dos monjes que habían pasado su vida a imaginar como sería la vida eterna después, tras la muerte. Hicieron un pacto: el primero en morir se le aparecería al año siguiente al amigo y, si la vida en el cielo era como habían pensado, debería decir simplemente «taliter» (que en latín quiere decir «así es»). Por el contrario, si la eternidad era diferente a lo que habían imaginado, entonces debería decir «aliter» («de otro modo»).

Uno de ellos falleció, y finalmente llegó el día del aniversario de su muerte. Se le apareció con una luz en la celda de su amigo. El otro monje le preguntó inmediatamente: «¿Es como nos lo habíamos imaginado?». El otro movió la cabeza y de sus labios entrecerrados salieron las palabras «totaliter aliter» («así es de otro modo»).

Ahora bien, añadió el fraile en su meditación al Papa y a sus colaboradores, «no tenemos que esperar a encontrarnos con la Trinidad después de nuestra muerte, sino que tenemos que tenemos que encontrarla en este mundo; y no fuera de nosotros, sino en nuestro interior».

«Esta es ciertamente la meta más profunda que por desgracia alcanzan pocos cristianos en este mundo, y sin embargo debería estar al alcance de todos nosotros». Todos, en esta tierra, concluyó el predicador, deberían ser párrocos, ya sean obispos o laicos, pues «párroco» quiere decir peregrino «en marcha, como en un éxodo, hacia la Trinidad».

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ZENIT Staff

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