El Papa indica la senda para la aprobación del Camino Neocatecumenal

Presenta el reconocimiento de unos estatutos como «requisito indispensable»

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CIUDAD DEL VATICANO, 23 abril 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha tomado papel y pluma para explicar que el reconocimiento oficial y jurídico de la Iglesia católica del Camino Neocatecumenal dependerá de la aprobación de unos estatutos. Esta aprobación, añade, es competencia específica del Consejo Pontificio para los Laicos.

En una carta enviada al presidente de ese organismo vaticano, el cardenal estadounidense James Francis Stafford, con fecha del 5 de abril, el Papa destaca los frutos «preciosos» aportados en treinta años de existencia y subraya la importancia de llevar a cabo «algunos requisitos ineludibles, de los cuales depende la existencia misma del Camino».

En particular, subraya precisamente «la redacción de una precisa normativa estatutaria en vista de su reconocimiento jurídico formal». Los iniciadores del Camino comenzaron en 1997, en el Sinaí, la tarea de la redacción de los estatutos. Constituye una ardua empresa. Kiko Argüello, exponente típico del método socrático, basado en la palabra viva, quiere evitar el peligro de que el papel y las fórmulas jurídicas puedan «congelar» el frescor de espíritu que ha animado el nacimiento y la andadura del Camino.

El Camino Neocatecumenal comenzó cuando un joven español, Kiko Argüello, después de pasar por el ateísmo y sufrir una crisis existencial, decidió cambiar de rumbo, y abrazar con enorme fuerza la experiencia cristiana. En 1964, dejó todo para vivir entre los más pobres, en las barracas de Palomeras Altas, en la periferia de Madrid. En contacto con los pobres, el Señor le lleva a descubrir una síntesis teológica catequética y formará con ellos, por obra del Espíritu Santo, una comunidad que vive celebrando la Palabra de Dios y la Eucaristía. Descubre así el trípode en el que se basa la vida cristiana: Palabra, Liturgia y Comunidad. Un carisma en el que se reconocen en estos momentos un millón de católicos, repartidos entre cien naciones.

En su carta, Juan Pablo II explica: «Ya en la exhortación apostólica «Christefidelis laici» subrayaba que «ningún carisma dispensa de la relación y sumisión a los pastores de la Iglesia» y citaba cuanto está escrito al respecto en la Constitución dogmática «Lumen gentium»: «El juicio acerca de su autenticidad (de los carismas) y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno»».

El Santo Padre insiste en que el reconocimiento y la acogida de los carismas «no es un proceso fácil», que requiere «un discernimiento profundo de la voluntad de Dios y debe ser acompañado constantemente de la oración». El culmen de este proceso es «el acto oficial del reconocimiento y la aprobación de los estatutos, como regla de vida clara y segura», puntualiza.

La carta responde también implícitamente a los obispos que han preguntado a la Santa Sede cuál será la colocación jurídica del Camino Neocatecumenal. En la misiva deja claro que será el Consejo Pontificio para los Laicos el responsable de la aprobación eclesial del Camino y el encargado de darle seguimiento en el futuro.

Juan Pablo II concluye revelando que ha tomado esta decisión no sólo «por la autoridad que le compete» al Consejo de los Laicos, sino también «por la singular experiencia que posee en esta materia». «En esto se basa la esperanza de un feliz resultado del procedimiento, que entra ya en su fase conclusiva».

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ZENIT Staff

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