El príncipe de Liechtenstein recibe el premio «Path to Peace» 2001

Otorgado por la Misión de la Santa Sede en las Naciones Unidas

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NUEVA YORK, 3 junio 2001 (ZENIT.org).- El príncipe de Liechtenstein, Hans Adam II, ha sido el galardonado con el premio «Path to Peace» 2001, asignado por la Fundación promovida por la Santa Sede en las Naciones Unidas en reconocimiento de su labor al servicio de la cultura de la paz y los derechos humanos.

El premio fue entregado por el arzobispo Renato Martino, «embajador» de Juan Pablo II ante la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, quien ha instituido la Fundación «Path to Peace» como un instrumento para promover proyectos humanitarios y asistir en la resolución de conflictos armados.

En años pasados, el premio ha sido otorgado a otras personalidades como el rey Balduino I de Bélgica; Lech Walesa, ex jefe de Estado polaco; y el actual secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan.

La Fundación ha querido premiar en este año «los esfuerzos por la promoción de la paz a todos los niveles de la sociedad» demostrados por el jefe de Estado, que sucedió en 1989 a su padre, Franz Joseph II, en la guía de este Principado, situado en el corazón de Europa, con algo más de 31 mil habitantes, de los cuales 25 mil están bautizados en la Iglesia católica.

Al recibir el premio, el pasado jueves, en Nueva York, el soberano bromeó sobre las dimensiones de Liechtenstein, que no posee un ejército, y que no tiene otra alternativa que trabajar por la libertad de religión, el respeto de la ley, de la democracia y los derechos humanos. Ahora bien, añadió, estos deben ser también los objetivos de la comunidad internacional.

El príncipe explicó que la ciencia y la tecnología nos han dado muchas posibilidades en los últimos años, pero nos han dado también el poder de construir armas de destrucción de masa que amenazan la supervivencia de toda la humanidad. Esto hace todavía más indispensable el desarrollo de una cultura de la paz en los asuntos internacionales, pues la guerra no es una opción para solucionar los contrastes incluso para las naciones más grandes o potentes.

Como católico, reconoció Hans Adam II, se siente orgulloso del trabajo a favor de la paz que la Santa Sede está realizando en las Naciones Unidas y en todo el mundo.

Al explicar las motivaciones del reconocimiento, monseñor Martino, observador permanente de la Santa Sede ante las naciones unidas, recordó que el príncipe de Liechtenstein ha realizado esfuerzos decisivos en la promoción de la paz a todos los niveles de la sociedad.

Con su visión del mundo, arraigada en el respeto de los derechos humanos y de la dignidad de la persona –explicó el «embajador» vaticano ante la ONU–, ha dedicado sus energía a favor de la pacífica autodeterminación de los pueblos, fundado entre otras cosas un Centro de estudios sobre estos temas en la Universidad estadounidense de Princeton.

Por último, monseñor Martino recordó la intervención del príncipe en un seminario organizado en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York, tras la visita de Juan Pablo II en 1995.

La libertad de religión dijo en aquella ocasión Hans Adam, tiene que convertirse en uno de los fundamentos de la sociedad, junto al respeto de la ley y la democracia, si la humanidad quiere vivir en paz y prosperidad.

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ZENIT Staff

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