Zambia: Récord mundial de huérfanos del sida

La Iglesia responde creando una red de solidaridad formada por voluntarios

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LUSAKA, 7 junio 2001 (ZENIT.org).- Zambia detenta el récord mundial en niños huérfanos por el sida, 700.000, en una población de nueve millones y medio de habitantes. Un adulto de cada cinco esta enfermo de sida y mueren cien mil personas al año. Ante esta realidad, la Iglesia católica ha decidido afrontar en primera persona el desafío que plantea el virus VIH.

Una de las experiencias piloto se ha aplicado en el norte del país, en la diócesis de Ndola. En la región de Copperbelt, hasta hace unos diez años la gente vivía de la extracción del cobre, el principal recurso de Zambia. Pero, tras la caída del precio de esta materia prima, en los mercados internacionales, las minas han quebrado y se han producido despidos en masa, que han dejado sin ingresos a miles de familias, concentradas hoy en los barrios de chabolas, donde la gente vive de la economía sumergida.

En Copperbelt, el sida ha alcanzado niveles alarmantes, llegando a puntas del 30-35% en Ndola. Lo que equivale a decir que uno de cada tres habitantes morirá de sida en dos o tres años.

Hace diez años, la diócesis inició un programa de asistencia a domicilio. Mara Rossi, médica de la italiana Asociación Papa Juan XXIII, vive en Zambia desde hace trece años y es la coordinadora del programa que se ha convertido en modelo para todo Zambia.

Se trata de la creación de una red de solidaridad. Se concentra, en ocasión, en torno a una pequeña clínica, que se convierte en punto de referencia de los enfermos de los barrios de prefabricado. Los nudos de esta red son centenares de voluntarios, pobres entre los pobres, que provienen en grandísima parte de las comunidades cristianas, no sólo católicas.

En 1998 el programa ya se había extendido a 23 barrios de las siete ciudades de la región, llegando a 400.000 personas. Hoy hay 750 voluntarios. Casi el 90% de los voluntarios son mujeres y en su mayoría de entre 30 y 40 años.

«Doctor Mara», así la llaman en Zambia, es entusiasta de la experiencia. «Desde hace años los voluntarios perseveran en visitar a domicilio a los enfermos crónicos en su comunidad, en hacerse cargo de muchos servicios, en el apoyo a los huérfanos, y son tan pobres como sus pacientes; distribuyen las raciones de comida que recibimos del Programa Alimentario Mundial, sabiendo que también a ellos les falta la comida para los hijos. La diócesis les da algún incentivo para reconocer el trabajo inmenso que hacen pero es muy poco, pues no cuenta con recursos».

Rosemary, madre de seis hijos, se hizo voluntaria en 1993: «Cuando vamos a visitar a los pacientes les escuchamos, les animamos a tomar las medicinas y les aconsejamos que hagan la prueba del VIH. No es fácil encontrar el modo para hacer sentir la cercanía al que sufre. Pero la satisfacción de ver a una persona vivir con más dignidad su situación me hace comprender que es justo seguir adelante».

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ZENIT Staff

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